LA REVOLUCIÓN DEL ‘47
La Revolución de 1947 dividió al Paraguay en vencedores y vencidos, tal como había acontecido en España poco menos de una década atrás. Un enorme abismo se abrió entre quienes estuvieron a favor del gobierno del general Higinio Morínigo y quienes buscaron vanamente su derrocamiento armado. El Ejército Nacional, que en su mayor parte adhirió al pronunciamiento cívico-militar de marzo de 1947 quedó deshecho a su término y sus integrantes tomaron el camino del exilio.
También conocida como “Guerra Civil del `47”, fue la más violenta de todas las revueltas internas que recuerda la historia paraguaya y fue decisiva para pergeñar el futuro del país. Al término de la misma se instauró un régimen de persecución no sólo hacia los combatientes vencidos sino a todos que no fueran partidarios del gobierno. La consigna de “quien no está con nosotros está contra nosotros” se cumplió a cabalidad. La tercera parte de la población se exilió, marcó el inicio de la división de la sociedad paraguaya y allanó el camino para la hegemonía absoluta del Partido Colorado.
Después del alzamiento del 9 de junio de 1946 y las presiones por una mayor apertura política, el gobierno dictatorial de Higinio Morínigo inició una tregua conocida como “Primavera Democrática”, levantando la interdicción que pesaba sobre los partidos políticos, decretó la libertad de prensa y de reunión y, al mismo tiempo derogó el decreto de abril de 1942 que disolvía la agrupación política de mayor gravitación popular del país: el Partido Liberal. Permitió además el regreso de muchos referentes políticos como José P. Guggiari (liberal), Rafael Franco (febrerista) y Obulio Barthe (comunista).
Con gran efervescencia se recibió a los líderes a la espera de una convocatoria para elecciones libres y la promesa de una Asamblea Constituyente. Se procedió también a un reajuste en el gobierno y Morínigo llamó a colaborar a colorados y febreristas, que se repartieron los ministerios y la dirección de los puestos de mayor responsabilidad en la conducción del Estado. Pero las cosas de corte democrático no podían durar con Morínigo. No convenía a sus propósitos de eternizarse en el poder, ni al cariz totalitario de su sistema de gobierno, pues lo que él quería era seguir haciendo uso discrecional del poder.
La fiscalización ejercida sobre su conducta por los partidos políticos no podía de ninguna manera ser grata a sus designios. Pensó entonces que, apoyándose en uno de los partidos de arraigo popular, podía salvar su posición y fue así como desde fines de diciembre de 1946 comenzó a hostilizar al Partido Febrerista, que estaba colaborando con él en el gobierno. El Ejército se percató de esta nueva maniobra y para neutralizarlo se presentaron ante él los jefes de mayor jerarquía y gravitación que restaban del Ejército, pidiendo que de una vez por todas se tomaran medidas tendientes a llevar al país a una completa normalización institucional y política. Se le propuso la creación de un gobierno militar, mientras se preparaba al pueblo para las elecciones generales.
Pero nuevamente el arte de Morínigo triunfó, capeando el temporal que esta vez parecía que le sería inevitablemente fatal. Una nueva tanda de Jefes y Oficiales desplazados y detenidos fue el saldo de su triunfo cuando en enero de 1947 decidió seguir solo con el apoyo de los colorados. Se estableció nuevamente el estado de sitio, se cercenaron las libertades públicas, se apresó a todo el directorio liberal y los dirigentes franquistas y comunistas tuvieron que huir al exilio.
La desazón y el pesimismo se apoderaron de los dirigentes políticos. Para los militares institucionalistas – contrarios a Morínigo – con la conformación del Gabinete colorado/militar se evidenció una vez más, la mediocridad gobernante que tenía el país y, en consecuencia había que aprovechar esa oportunidad e imponer un nuevo orden.
El entusiasmo, la decisión de tener en claro el panorama y la ocasión se apoderaron de los oficiales jóvenes y legalistas. El espacio del gabinete de coalición había demostrado que esa vía no era posible con el camandulero Morínigo.
Y es por ello que ya no había salida alguna para una metodología que no fuera la de sublevarse y enfrentar a las fuerzas del gobierno. Tal la labor desarrollada por este funesto militar que fue desgarrando y sembrando el caos y la confusión en el ambiente político y en los cuadros del Ejército y la Armada, hasta 1947.
La revolución se inició con un ataque de grupos de civiles, excombatientes de la Guerra del Chaco, al Cuartel de Policía en Asunción, el 7 de marzo de 1947, seguida de una sublevación de la Región Militar de la ciudad de Concepción, al día siguiente. Este enfrentamiento fue entre un sector del Ejército Paraguayo, autotitulado institucionalista, y el gobierno dictatorial de Higinio Morínigo, que no sólo movilizó a las fuerzas restantes de las FF.AA. sino a un verdadero ejército de civiles del Partido Colorado –los pynandí-, todos con anterior experiencia guerrera durante la Guerra del Chaco.
CONCEPCIÓN COMO CAPITAL REVOLUCIONARIA
Al levantamiento militar del Capitán Bartolomé Araújo y del Mayor César Aguirre se sumarían rápidamente otros prestigiosos militares como el Coronel Alfredo Ramos (ex Comandante de los “Diablos Verdes” del mítico R.C. 1 “Valois Rivarola” durante parte de la Campaña del Chaco) y el Teniente Coronel Alfredo Galeano quien había estado preso en Peña Hermosa y que de inmediato se hizo cargo de la situación y del comando el 13 de marzo. Seguirían sumándose los militares “institucionalistas” al movimiento revolucionario que el 3 de abril comunicaba:
“ACTA DE CONSTITUCIÓN DEL NUEVO GOBIERNO DE LA REPÚBLICA”
Los jefes y oficiales de la Primera Región Militar, del Territorio Militar del Chaco, de la Aviación Nacional, de la Base Naval de Bahía Negra y de la Prisión Militar de Peña Hermosa, luego de una serena reflexión y deliberación sobre la situación a que han sido llevados el pueblo paraguayo y sus Fuerzas Armadas por el régimen dictatorial; el desquiciamiento y la subalternización del Ejército y la administración pública; la negación de los derechos ciudadanos; el caos económico y financiero; la degradación del buen nombre de nuestro país en el concepto de los pueblos hermanos; e interpretando el sentimiento y anhelo del pueblo paraguayo de devolverle al Paraguay su condición de país libre y soberano para que todos sus hijos puedan vivir una vida nacional decorosa, nos comprometemos, al igual que los camaradas levantados en armas el 9 de junio del año pasado, a luchar por reencauzar al país hacia la normalidad institucional y defender la dignidad del Ejército, tantas veces burlada y traicionada por el Gobierno del general Morínigo, en tantos años de abuso del poder, con un saldo pavoroso de desquicio nacional.
Como fieles intérpretes del sentimiento y anhelos colectivos y como un soplo vivificante recibido de ejemplares episodios de nuestra Historia Patria, nos hemos alzado en armas con un programa y propósitos definidos de reivindicar el honor de las Fuerzas Armadas, que han pretendido mancillar algunos jefes adictos por intereses partidarios y sectarios a la dictadura, y hacerles cumplir su misión, única y específica, de guardianes de la soberanía nacional y de defensa de la legalidad constitucional; ofrecer efectivamente al pueblo todas las garantías y libertades, sin distinción de banderías políticas ni credos religiosos, dentro de las normas democráticas, tal como reza la proclama del 8 de marzo del año en curso, a fin de poner término para siempre a las dictaduras, y en especial a la del general Morínigo.
En tal sentido, la zona ocupada por las Fuerzas Revolucionarias Libertadoras, que constituye la mayor parte del territorio nacional, la más rica y de más recursos económicos, limitada por tres naciones vecinas, no puede continuar bajo el régimen dictatorial del Gral. Morínigo, sino bajo un régimen democrático para que sus habitantes gocen de las libertades políticas y sociales dentro de la legalidad, y construir así un Paraguay libre y soberano, para felicidad de todos sus hijos.
Además, aparte de que el movimiento revolucionario tiene jurisdicción y ejerce soberanía sobre la mayor porción del territorio nacional, su influencia y sus efectos se extienden también a toda la conciencia honrada y democrática del país, y su apoyo y simpatía por parte de las naciones libres de América es casi unánime, conforme a las adhesiones recibidas de diversos organismos responsables.
En razón de las consideraciones expuestas y hallándose reunidas todas las condiciones necesarias para la constitución de un Gobierno propio, de carácter provisorio, de transición a la normalidad institucional,
RESOLVEMOS:
1) Constituir una Junta de Gobierno Militar, compuesta por los siguientes señores jefes: T. Cnel. de Inf. don Fabián Saldívar Villagra, T. Cnel. DEM don Aureliano Mendoza y T. Cnel. de Cab. don Alfredo Galeano.
2) Declarar nula la administración pública del gobierno del general Morínigo en la zona de influencia de la Junta de Gobierno Militar; así como la disponibilidad de todo el personal que la compone.
3) El Gobierno Militar constituido de acuerdo al Art. 1 de la presente resolución, deberá durar en el poder hasta que el pueblo elija su propio Gobierno, en comicios libres y limpios, sin exclusivismos de partidos políticos, y en un mismo pie de igualdad.
4) La Junta de Gobierno Militar queda facultada a suscribir decretos y decretos-leyes, a fin de resolver problemas propios y vitales de urgencia.
5) Declárase Capital Provisional de la República, la ciudad de Concepción, y asiento central de su Gobierno y de su administración pública.
6) La presente Resolución de las Fuerzas Revolucionarias Libertadoras podrá ser igualmente firmada por todos los compañeros de armas solidarios con la causa y ausentes a la fecha de esta Capital, con efecto retroactivo al día de hoy.
7) Fíjase el día de mañana, a las 10:00, para que los integrantes de la Junta de Gobierno Militar presten juramento de desempeñar fielmente su mandato, ante las Fuerzas Libertadoras y el pueblo, para proceder luego a la constitución de su Gobierno.
8) Comuníquese a la Nación por todos los medios de difusión, cúmplase y archívese.
Dada en Concepción, capital provisional de la República, a los tres días del mes de abril del año mil novecientos cuarenta y siete.
T. Cnel. de Inf. Fabián Saldívar Villagra, T. Cnel. DEM Alfredo Galeano, T. Cnel. DEM Espiridión Chamorro, T. Cnel. DEM Antonio Granada, T.Cnel. DEM Aureliano Mendoza, T. Cnel. de Adm. Ricardo Larán, T. Cnel. de Inf. Francisco García Ricardi, T. Cnel. de Cab. Darío Cantero, T. Cnel. de Inf. Basilio Martínez Yegros, Mayores de Inf. Arnaldo Núñez González, Dionisio Balbuena, Sergio Nardi, Hermes Saguier, Alfredo Amarilla, Mayores de Ing. César A. Aguirre, Alcibiades Varela, mayor de Cab. Eliodoro Estigarribia, Mayor MAM Basilio Acosta, Mayores de Inf. Pascual J. Fernández, César Bueno de los Ríos, Capitanes de Inf. Bartolomé Araújo, Modesto Amarilla, Alvar Núñez Acevedo, Anselmo Torres Pérez, Luis Franco Goiburú, Dionisio Bareiro, Juan G. Vargas, Anastacio Villasboa, Ramón L. Pedrozo, Ovidio Delmás, Pedro Román, Julio W. Smith, Adolfo Escobar, Patricio Chamorro, César Berino, Albino Samudio, Juan Moreno Sartorio, Francisco Miranda, Eliseo Duarte Britos, Carlos Z. Torres, Cap. de Cab. Alejandrino Irala, Nicasio Torres, Capitanes de Ing. César R. Vera, Samuel Fernández, Cap. de Art. Wenceslado Denis Roa, Capitanes de MAM Ignacio Bauzá, Olimpio Ortiz, capitanes Armeros Luis Napoleón Ortíz, E. Rosso, Isidro González, Cap. Maq. A. Muñoz, Capitanes de Inf. Elías Ruiz, Alfredo Vargas, Rogelio Silvero Vega, Ángel Armas, Rogelio Silvero C., Domingo Rodríguez Bordas, Cap. de Adm. José M. Acevedo, Cap. Vet. Arsenio González, Cap. Vet. Gutiérrez Brower, Cap. Farm. César Ismael Servín, Cap. Músico Darío Gómez Serrato, Capitanes de San. Dr. Luis Ortega, Dr. Eduardo Sapena Pastor, Dr. Aníbal Mojoli, Cap. de San. (SR) Dr. Joaquín Miranda, Cap. Dr. Marcial Roig Bernal, Tenientes 1ro. de Inf. José A. Núñez Acevedo, José M. Cabriza, José Ávalos Sánchez, Ubaldo Martínez, Tomás A. Galeano, Arsenio Acosta, Julio C. Cuevas, Juan Ma. Arce, Victoriano Gamarra, Oscar Escurra, Manuel Frutos, Silvio Arévalos Peralta, Juan F. González, Dr. Agustín Loncharich, Juan Vicente Páez, Andrés Avelino Coronel, Silvano Alegre, Carlos Ferreira, Julián González Ocáriz, Juan Marciano Báez, Emeterio Cuenca, José D. Fleitas Araújo, Florencio Gómez, Mario Arce, Néstor Raúl Caballero, Rafael Martínez Fretes, Julio César Ayala, Angel Irigoyen, José Jacquet Galeano, Basilio Peralta, Alejandro J. Riquelme, Cecilio Ocáriz, Julio Atalivia Miranda, Merardo Estigarribia, Rufino Cantero, Miguel Angel Herrera, Tte. 1ro. Cab. Alejandrino Larrosa Ruiz, Ttes. 1ro. PAM Pedro Cataldo, Luis Azzarini, José G. González.
Tte. González Raina (armero), Ramón I. Cardozo, Mec. A.M. Carlos E. Schulz, Ttes. 1ro. Adm. Alipio Arriola, Napoleón Morínigo, Aníbal Ayala, Flavio Galeano, Eusebio R. Caballero, Emilio Gutman, Ttes. 1ro. San. Isidro López, Virgilio Céspedes, Taracio Almada, Juan P. Amarilla, Antonio Rolón, Lorenzo Meza, Milciades Ayala, E. Domínguez (músico), Ramón Ratti, Tenientes de Inf. José A. Vázquez, Bartolomé Doldán, José G. Sanabria, Leopoldo Ortíz, Fortunato Ramírez, Julio Fernández, Arsenio Molinas, Alejandro González, Ramón Alvarenga, José Angel Ramírez, Avelino Borges, Eusebio Jara, Cleto Prieto, José Luis Chilavert, Desiderio Báez Ferreira, Zenón Candia, Ramón Pérez, Raúl P. Escauriza, Guillermo Quintana F. José Romañach Ocáriz, Fabián Solano González, Ramón González, Bonifacio Núñez Torres, Desiderio Velázquez, Eusebio Monges, Quintín Esperanza Ibáñez, Rolando Martínez, Ramón Torres, Artemio Diarte, Reinerio Mazacote, Ttes. PAM Miguel Ángel Casco Miranda, Carlos Gracia, Nicolás Aparicio Gómez, Atilio Campos, Angel Doldán, Ttes. De Adm. Albino Von Lucken, J. Álvarez, Fernando A. Duarte, Manuel Candia Andreu, Ttes. de San. Dr. Mario Lévera, Dr. Domingo Basualdo, Dr. Ramón Gorostiaga, Dr. Arístides Raúl Laterza, Silvio Arce, Raúl Martínez Larriera, José Caniza, Gilberto Spineda, Dr. Milciades Martínez, Sub Ttes. de Inf. Germán T. Fretes, Aníbal Mendoza, Benito Menoret, Angel Couchonal, Leopoldo Velázquez, Pastor Mieres, Constantino Colombo, Julio César Espínola, Juan Carlos Gómez, Simón Vargas Fernández, Marcos G. Gamarra, José Ramón Moreno, Miguel González Vierci, Blas Zavala Cazal, Raúl Orlando Cáceres, Adnrés Silva Britos, Guillermo Alonso Rodríguez, Apolonio Giménez, José B. Ibarrola, Jorge Napoleón Cazal, Arturo Ibáñez, Wilfrido Parra, Julián Benítez, Sigfrido Maluf Rosa, Sub Ttes. Ing. Luis A. Cino, Miguel Angel Corvalán, Sub Ttes. PAM Alcibiades Olmedo, Percio Amarilla Bécker, MAM Heriberto Rosso Meza, Justo Cabrera Mendoza, Roque Escobar, Joel Bogado, idóneo 1ro. de Farm. Arnulfo Rojas, Idón. Veter. Angel Crosa, Radio Oper. Ciro Martínez Fretes, Sub Tte. Agrón. Virgilio Olmedo y Sub. Of. 1ro. Arm. Zacarías Meza.
También conocida como “Guerra Civil del `47”, fue la más violenta de todas las revueltas internas que recuerda la historia paraguaya y fue decisiva para pergeñar el futuro del país