2023-06-29

Santo Tomás Apóstol

La tradición dice que Tomás, en los últimos años de su vida,  evangelizó en Persia y en India, y que allí sufrió el martirio, dando testimonio de su fe en Jesús resucitado. Desde el siglo VI, cada 3 de julio se celebra el traslado de su cuerpo a Edesa

La tradición antigua dice que al parecer, Santo Tomás Apóstol  en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en India, y que allí sufrió el martirio.

En el Santo Evangelio se hallan tres episodios sobre el apóstol. El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalén, donde según lo anunciado, será atormentado y lo matarán. En ese momento, los discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que pueden suceder y dicen a Jesús: “los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?”. Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (en ese tiempo muchas personas de Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Así, por ejemplo, Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás es nombre hebreo significa: el gemelo.

Cuenta San Juan (Jn. 11,16): “Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: vayamos también nosotros y muramos con Él”. Aquí, el apóstol demuestra su admirable valor. Un escritor llegó a decir que en ésto, Tomás no demostró solamente “una fe esperanzada, sino una desesperación leal”. O sea: él estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús. El valor no significa no tener temor. Si no experimentáramos miedo y temor, resultaría muy fácil hacer cualquier heroísmo. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores, y sin embargo, arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo Tomás aquel día. Nadie tiene por qué sentirse avergonzado de tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente es que a causa del temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer Santo Tomás nos sirve de ejemplo.

La segunda intervención: sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los apóstoles: “a donde yo voy, ya sabéis el camino”. Y Tomás le respondió: “Señor: no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (Jn. 14, 15). Los apóstoles no lograban entender porqué Jesús debía ser crucificado. En ese momento, eran incapaces de comprender algo tan doloroso. Y entre los apóstoles había uno que jamás simularía entender que en realidad no interpretaba. Ese hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en serio como para mentir. De manera que le expresó a Jesús sus dudas y su incapacidad para entender aquello que Él les estaba diciendo.

Admirable respuesta:

Y lo maravilloso es que la pregunta de un hombre que dudaba obtuvo una de las respuestas más formidables del Hijo de Dios. Una de las más importantes afirmaciones que hizo Jesús en toda su vida. Nadie debe avergonzarse de preguntar y buscar respuestas acerca de aquello que no entiende, porque hay una verdad sorprendente y bendita: todo el que busca encuentra. Le dijo Jesús: “yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Ciertos santos, como por ejemplo el padre Alberione, fundador de los Padres Paulinos, eligieron esta frase para meditarla todos los días de su vida. Porque es demasiado importante como para olvidarla. Esta hermosa frase emociona cada vez que es pronunciada, pero mucho más debió impresionar a los que la escucharon por primera vez. En esta respuesta, Jesús habla de tres cosas importantes para todo israelita: el camino, la verdad y la vida. Para ellos, encontrar el  camino para llegar a la santidad, alcanzar  la verdad y conseguir la vida verdadera, eran cuestiones muy relevantes.

Los creyentes recordamos siempre al apóstol Santo Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso. Dice San Juan (Jn. 20, 24): “en la primera aparición de Jesús resucitado a sus apóstoles, no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: “hemos visto al Señor”. Él les contestó: “si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, si no meto mis dedos en los agujeros de sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré”. Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presentó Jesús y le dijo: “acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”. Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío”. Jesús le dijo: “has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver”. Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un  tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta.

Tomás cometió un error al apartarse. Nadie está peor informado que el que está ausente. Separarse de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía lo que en realidad no creía. 

Él no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar ese tema. No, nunca iba a recitar el credo como  un loro. No era de esos que repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro de su fe.

Santo Tomás tenía otra virtud: cuando  se convencía de sus creencias las seguía  hasta el final, con todas sus consecuencias.  Por eso, pronunció esa bellísima frase: “Señor mío y Dios mío”, y por eso, se fue después a propagar  el Evangelio, hasta morir martirizado por  proclamar su fe en Jesucristo resucitado.  Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron  de Jesús aquella bella noticia:  “dichosos serán los que crean sin ver”


Desde el siglo VI, cada 3 de julio se celebra el traslado de su cuerpo a Edesa
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