La grieta del cristianismo
El cisma religioso del siglo XVI es el emergente de un cambio de época fruto de una crisis social, económica y política. Apoyada en los grandes descubrimientos, Europa terminó con el feudalismo y se lanzó a la conquista del resto del mundo. En estos últimos quinientos años, el individualismo humanista dio pie al crecimiento de la burguesía y al capitalismo, al colonialismo y al retorno a la esclavitud. Esta polémica aparentemente religiosa nos llevaría a una explotación irracional, injusta y egoísta de nuestros recursos naturales que actualmente ponen en riesgo nuestra existencia como género humano. Tal vez sea el momento de revisar nuestra fe, nuestros valores y nuestra identidad aprendiendo de la Historia para fortalecernos a partir de lo mejor de cada religión. El Papa Francisco plantea que no estamos viviendo una época de cambio sino un cambio de época.
Inicios de la Reforma protestante
Las cruzadas y el posterior exterminio de la orden de los templarios enriqueció a la Iglesia romana y la asoció a los imperios europeos creando un campo difuso entre la fe y el poder económico.
En el siglo XVI se produjo una gran crisis en la Iglesia católica, en Europa Occidental, debido a numerosas acusaciones de corrupción eclesiástica y falta de piedad religiosa. Fue la venta de indulgencias para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma lo que dio inicio a la Reforma protestante, la cual provocaría finalmente que la cristiandad occidental se dividiese en dos: una liderada por la Iglesia católica, que tras el Concilio de Trento se reivindicó a sí misma como la verdadera heredera de la cristiandad occidental, expulsando cualquier disidencia y sujetándose a la jurisdicción del Papa, y otra mitad que fundó varias comunidades eclesiales propias, generalmente de carácter nacional para, en su mayoría, rechazar la herencia cristiana medieval y buscar la restauración de un cristianismo primitivo idealizado. Esto dio lugar a que Europa quedara dividida entre una serie de países que reconocían al Papa, como máximo pontífice de la Iglesia católica, y los países que rechazaban la teología católica y la autoridad de Roma y que recibieron el nombre común de protestantes. Dicha división provocó una serie de guerras religiosas en Europa.
La Reforma protestante inició en Alemania y se explica en gran parte por las condiciones económicas y sociales que tenía el Sacro Imperio Romano Germánico. Numerosas ciudades eran muy ricas gracias al comercio, además los burgueses eran partidarios del humanismo y de reformar la corrupción de la Iglesia católica. Pero el grupo más importante en Alemania era la alta nobleza; los grandes nobles eran casi independientes y señores de numerosas tierras y vasallos campesinos, y siempre estaban conspirando contra la autoridad del emperador germánico, que apenas tenía poder sobre ellos. Pero junto a la alta nobleza existía una pequeña nobleza formada por los nobles más pobres y los segundones de las grandes casas nobiliarias. A principios del siglo XV, esta pequeña nobleza estaba completamente arruinada y para recuperar sus ingresos, los pequeños nobles buscaban una oportunidad para apoderarse de los bienes y las improductivas tierras de la Iglesia católica. La pequeña nobleza aprovechó las ideas de los humanistas que criticaban las excesivas riquezas, pompas y boatos de la Iglesia católica para proclamar que ella no tenía necesidad de propiedades para intentar apropiarse de sus cuantiosas riquezas. Por esta razón, la pequeña nobleza será la primera en apoyar y aprovechar las convulsiones reformadoras.
Además, existía la figura del emperador del Sacro Imperio, uno de los poderes universales forjados en mutua competencia, durante la Edad Media, (el otro era el Papa), cuyo poder efectivo dependía de su capacidad de hacerse obedecer en cada uno de los territorios, prácticamente independientes, y antes de eso, de ser elegido por los príncipes electores: unos laicos y otros eclesiásticos. También disponía de funciones de dimensión religiosa indudable, que le permitía incluso convocar Dietas con contenido organizativo e incluso doctrinal, como Carlos I de España que lo hizo de hecho, durante todo el proceso de la Reforma protestante. Para algunos autores, la postura recelosa de los pueblos germánicos desde la Alta Edad Media (Concilio de Frankfurt, 794, frente al Concilio de Nicea II, 787) se había expresado también en esas luchas entre pontificado e imperio, de una forma incluso proto-nacionalista, en la que Roma era vista como “… el último de los imperios paganos de la profecía y la representación del reino terrenal, en tanto que, la monarquía franca (por ejemplo) poseía la superior dignidad de rector y guía del pueblo de Dios”.
El fundador de la Reforma protestante fue el monje católico agustino alemán, Martín Lutero, quien ingresa en 1505 en la orden religiosa de los agustinos.
En el convento católico, Lutero prosiguió sus estudios y se convirtió en un experto en la Biblia y en los autores cristianos medievales; llegó a ser un doctor universitario y se le contrató para dar clases en la nueva Universidad de Wittenberg, que entonces era la capital del ducado de Sajonia. A partir de la revitalización que vivió el Sacro Imperio Romano Germánico desde que Otón I el Grande se convirtiera en emperador germánico, en el 962, los papas y emperadores se vieron involucrados en una continua contienda por la supremacía en los asuntos espirituales y temporales.
Este conflicto concluyó, a grandes rasgos, con la victoria del papado, pero creó profundos antagonismos entre Roma y el Imperio Germánico, que aumentaron durante los siglos XIV y XV. En el reino de Bohemia, Jan Hus (1370-1415) planteó ya una reforma inspirada en los principios del inglés John Wiclef o Wycliffe (1320-1384), quien había traducido además la Biblia al inglés; ambos crearon dos movimientos cristianos pre-protestantes: los husitas y los lolardos, inspirados a su vez en otro anterior, el de los valdenses, que seguía activo desde sus comienzos, en el siglo XII, inspirados en la doctrina de su líder Pedro Valdo o Pierre des Vaux. Se desarrollaron las guerras husitas (1419-1434) en que los católicos lucharon contra las distintas facciones de momento unidas del husismo: utraquistas, taboritas y orebitas. Cuando los husistas ganaron, crearon la Hermandad de Moravia, la iglesia evangélica pre-luterana más antigua de Europa después de la Iglesia evangélica valdense, y se constituyó en el Reino Checo a partir del año 1415.
La animosidad provocada por los impuestos papales y por la sumisión a los delegados pontificios se extendió a otras zonas de Europa, en particular a Inglaterra. El principio del movimiento para lograr una independencia absoluta de la jurisdicción papal empezó con la promulgación de diversos estatutos: los dos Statutes of Mortmain o Estatutos de manos muertas (1279 y 1290), obra de Eduardo I de Inglaterra. Con ellos el monarca intentaba preservar los ingresos del reino evitando que la propiedad de las tierras alodiales pasara a manos de la Iglesia. El Statute of Provisors (1351), establecía procedimientos legales contra la impopular práctica papal de hacer nombramientos a los beneficios de la iglesia, en Inglaterra; y el Statute of Praemunire (1353), dos años después, prohibía las apelaciones a Roma en disputas de patrocinio. La corona en la práctica tenía así suficientes armas jurídicas disponibles contra los intereses materiales del Papa que redujeron, en gran medida, el poder de la Iglesia católica: en el control del gobierno civil sobre las tierras, en el nombramiento de cargos eclesiásticos y en el ejercicio de la autoridad. Es más, ya Eduardo III de Inglaterra repudió formalmente (1366) la supremacía feudal sobre Inglaterra que aún reclamaba el papado.
Las indulgencias
En este tiempo estalló un gran escándalo en Alemania a causa de la cuestión de las bulas de indulgencias, concepto de la teología católica consistente en que ciertas consecuencias del pecado, como la pena temporal del mismo, pueden ser objeto de una remisión o indulgencia concedida, por determinados representantes de la Iglesia y bajo ciertas condiciones, pero pagando por ello. Esta institución se remonta al cristianismo antiguo y tanto su práctica como su formulación han evolucionado a lo largo del tiempo.
Muchos consideraron esta práctica como un abuso escandaloso y la culminación de una serie de prácticas anticristianas fomentadas por el clero católico, pero será Lutero el primero que expondrá públicamente su opinión contraria a la doctrina de las indulgencias.
Para Lutero, las indulgencias eran una estafa y un engaño a los creyentes con respecto a la salvación de sus almas. Según la tradición, el 31 de octubre de 1517, Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus noventa y cinco tesis, en las que atacaba las indulgencias y esbozaba lo que sería su doctrina sobre la salvación sólo por la fe. Este documento es conocido como las noventa y cinco tesis de Wittenberg y se consideró el comienzo de la Reforma protestante.
Las noventa y cinco tesis se difundieron rápidamente por toda Alemania gracias a la recién inventada imprenta de tipos móviles, obra de Gutenberg, y Lutero se convirtió en un héroe para todos los que deseaban una reforma de la Iglesia católica. En algunos lugares hasta se iniciaron asaltos a edificios y propiedades de la misma Iglesia católica. Por sus noventa y cinco tesis, Lutero se había convertido en el símbolo de la rebelión de Alemania contra lo que ellos consideraban prepotencia de la Iglesia católica. Lutero arriesgaba además su vida, ya que podía ser declarado hereje por la jerarquía eclesiástica y ser condenado a la hoguera.
La Reforma Luterana
Al principio, la Iglesia católica no dio demasiada importancia a las ideas de Lutero, ni a sus ataques contra la doctrina de salvación por las obras, pero muy pronto tuvo que reaccionar ante las noticias que llegaban de Alemania, de que gran parte de la gente estaba desafiando la autoridad del Papa.
Lutero continuó atacando las indulgencias y la doctrina que sustentaba tal práctica mediante escritos que la imprenta difundía por toda Alemania. Lutero hacía un llamado a la nobleza alemana para que negase obediencia al Papa y apoyase la formación de una Iglesia alemana; afirmaba también que, de acuerdo a la Biblia, todos los cristianos eran sacerdotes sin necesidad de ninguna ordenación especial y negaba la jurisdicción suprema del Papa sobre la cristiandad universal. Lutero criticaba además los sacramentos de la Iglesia católica, reduciéndolos a sólo dos, que él pensaba que eran bíblicamente fundamentados y afirmaba también que los poderes civiles debían tener plena autoridad política sobre la Iglesia católica. Esto iba más allá de la doctrina de la salvación por la fe y suponía una auténtica amenaza para el catolicismo. Finalmente, el Papa declaró a Lutero un hereje y lo excomulgó, es decir, lo declaró separado de la comunidad de la Iglesia católica.
En 1521, el recién elegido emperador Carlos V de Alemania (Sacro Imperio Romano) convocó una Dieta (asamblea de todas las autoridades del imperio) en la ciudad de Worms e invitó a Lutero a que asistiera a la misma para explicar su postura.
Muchos advirtieron a Lutero que se trataría de una trampa, pero Lutero estaba decidido a acudir pese a todos los peligros. La Dieta se celebró y Lutero expuso su doctrina ante el mismo Carlos V, pero este no quedó convencido por Lutero y, en cambio, hizo una declaración de lealtad y fidelidad a los principios de la Iglesia católica. A partir de entonces, la dinastía de los Habsburgo se convertirá en la primera defensora de la Iglesia católica, contra los protestantes. Como los Habsburgo eran también reyes de España, la defensa del catolicismo se convertiría en una de las bases de la identidad española, durante siglos.
La Dieta terminó y Lutero se dispuso a regresar a Wittenberg, pero en el camino de vuelta, fue secuestrado por agentes de Federico III de Sajonia, que quería protegerle y que lo escondió, con nombre falso, en el castillo de Wartburg.
El duque quería salvar a Lutero de posibles maniobras de la Iglesia católica, por lo que Lutero tuvo que quedarse en el castillo y aprovechó ese tiempo para realizar su primera traducción al alemán de la Biblia. Mientras Lutero estaba escondido, sus partidarios empezaron a interpretar sus doctrinas, en un sentido que Lutero no había previsto; como por ejemplo, la interpretación libre de las Escrituras.
Varios seguidores de Lutero (pronto serían rechazados por el propio Lutero y denominados “reformadores radicales”) comenzaron a decir que se debían destruir todas las pinturas, estatuas e imágenes religiosas; que los sacerdotes tenían el derecho de casarse, y… no sólo afirmaban que la Iglesia cristiana no debía tener propiedades, sino que, según la Biblia, todos los cristianos debían tener las mismas propiedades y que, por lo tanto, se debía abolir la propiedad privada y repartir todos los bienes entre los integrantes de la comunidad cristiana. De esta manera, corrientes radicales que apoyaban todo esto, como el anabaptismo, fueron criticadas por Lutero y, posteriormente, combatidas por católicos y protestantes por igual.
La alta nobleza reunió un gran ejército que derrotó brutalmente a estos protestantes radicales sublevados, en una sola batalla. La represión fue durísima y miles de protestantes fueron ejecutados con extrema crueldad; entre los ejecutados se encontraba el dirigente más importante de esta reforma radical, Thomas Müntzer. De este anabaptismo nacerían divisiones, denominaciones o sectas como la amish, huterita, menonita, la Iglesia de los Hermanos e incluso el socinianismo y el unitarismo, todas ellas perseguidas tanto por los católicos como por los luteranos, los calvinistas y los anglicanos.
Lutero apoyó desde un primer momento a la nobleza, ya que pensaba que su autoridad era legítima y que su apoyo era indispensable para el triunfo de la reforma de la Iglesia cristiana. Durante estos años, Carlos V no pudo intervenir en Alemania, pues debió proseguir sus guerras contra Francia y sus campañas contra los turcos, pero en 1529 consiguió un período de paz con Francia, que le permitió ocuparse de la situación religiosa en Alemania.
En 1529, Carlos V convoca una Dieta en la ciudad de Espira y en ella intenta convencer a los nobles que se han convertido al luteranismo para que se sometan a la jurisdicción del Papa, pero los príncipes y señores luteranos se niegan y protestan en la convocatoria de la Dieta, y a causa de esta protesta los católicos comenzarán a llamarlos con el nombre de protestantes.
En 1530, Carlos V convocó otra Dieta en la ciudad de Augsburgo y en ella intentó conseguir que los luteranos y los católicos se pusieran de acuerdo para aceptar una doctrina cristiana común que superase la división religiosa. Lutero fue invitado de nuevo a asistir, pero se negó y envió en su lugar a su discípulo Philipp Melanchthon. Los esfuerzos de Carlos V en la Dieta fueron inútiles, pues Melanchthon se negó a cualquier acuerdo y en su lugar los protestantes redactaron la llamada Confesión de Augsburgo, en la que exponían sistemáticamente los principios de su doctrina. Los católicos seguirían pronto su ejemplo, redactando también su compendio doctrinal, de modo que la cristiandad occidental se había dividido irremediablemente.
Lutero muere en 1546 mientras Carlos V preparaba en Alemania una campaña contra la Liga de Esmalcalda, defensora del protestantismo. Carlos V presentó su campaña no como una guerra contra los protestantes, sino como un castigo contra los nobles que se habían rebelado contra su emperador; en su ejército había, sobre todo, tropas españolas, pero también nobles protestantes que no se habían unido a la Liga y que permanecían fieles a Carlos V. El ejército de Carlos V derrotó a la Liga de Esmalcalda en 1547 en la gran batalla de Mühlberg. Parecía que el triunfo de Carlos V era total y toda Sajonia fue ocupada por las tropas del emperador germánico.
Carlos V se proponía ahora encontrar una solución a la división religiosa de Alemania, pero su triunfo había asustado a todos los nobles de Alemania, tanto a los católicos como a los protestantes, que temían que el emperador se volviera demasiado poderoso. Todos estos nobles van a formar posteriormente en secreto una alianza contra Carlos V anulando las ventajas conseguidas por la victoria de Mühlberg.
En un momento en que Carlos V se encontraba en Alemania, sin tropas españolas, los nobles alemanes se rebelan contra él y el emperador tuvo que escapar hacia Italia, mientras su poder y autoridad se derrumbaban en Alemania.
Carlos V se vio obligado a aceptar las condiciones de los nobles rebeldes y en 1555 firmó la paz de Augsburgo. Según esa paz, cada príncipe alemán podía profesar la religión que quisiera sin que el emperador lo pudiese impedir (cuius regio eius religio); sin embargo, todos los vasallos de un noble tenían que tener la misma religión. Finalizaba así el anhelo de Carlos V de mantener la unidad religiosa en sus dominios.
La Contrarreforma católica
Durante aproximadamente 20 años, la Iglesia católica había visto cómo gran parte de sus fieles se peleaban entre ellos en Europa, y había obispos que dejaban de reconocer al Papa como Primus inter pares o como máximo pontífice de la Iglesia católica, y se separaban de Roma incluso algunos cardenales. En consecuencia, hubo muchos católicos que requerían una reacción de la Iglesia que mejorase las costumbres, corrigiendo los abusos que habían alimentado la Reforma protestante. A esta reacción de la Iglesia católica, ante el protestantismo, se le conoce generalmente con el nombre de Contrarreforma católica, aunque algunos historiadores consideran más preciso el término “Reforma Católica”.
Aunque muchos creían que era necesario reformarse, no sabían el modo de hacerlo. Pronto, se llegó a la idea de que la mejor solución era convocar a un Concilio donde se pudiesen discutir las posibles reformas. Carlos V presionaba también a los papas para que se convocase a ese Concilio con la esperanza de que la Iglesia católica volviese a existir unificada, pero los papas desconfiaban de las pretensiones políticas de Carlos V, en Italia, y no convocaron al Concilio sino hasta 1545, reunión que sería conocida como Concilio de Trento.
Las sesiones del Concilio de Trento duraron casi 17 años, ya que fueron interrumpidas muchas veces. Varios papas se sucedieron en Roma en ese lapso y cuando dicho concilio finalizó, en 1562, ya había muerto Carlos V.
El Concilio se desarrolló sin la participación de los adherentes al emergente protestantismo (aunque fue Lutero quien primero propuso la necesidad de un concilio, en 1518), debido a que ellos mismos se negaron a participar, pues ya habían creado nuevas iglesias separadas del catolicismo.
En el Concilio de Trento se reformaron los abusos anteriores: se cuidó la formación de los obispos, se establecieron medidas de disciplina para los sacerdotes y se crearon seminarios para que los nuevos sacerdotes tuvieran una preparación religiosa adecuada para poder enseñar la fe católica.
Se reafirmaron todos los puntos de la doctrina milenaria católica frente a las protestantes.
Rechazo a la idea de la Biblia como fuente única de doctrina (son de igual importancia la Sagrada Tradición Apostólica y el Magisterio de la Iglesia católica que junto con la Biblia forman parte del único depósito de la fe).
La salvación es por gracia de Dios mediante la fe y las obras juntas (Decreto de la Justificación).
La Eucaristía se definió dogmáticamente como la consagración del pan en el cuerpo de Cristo y del vino en su sangre, que renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la cruz.
La veneración a las imágenes iconográficas y a las reliquias, muchas de ellas vinculadas al culto cristiano de María (madre de Jesús) como virgen y a los santos fueron confirmadas como práctica cristiana, junto a la existencia del Purgatorio. Esto tendría una enorme importancia en el desarrollo del arte en las iglesias católicas europeas, el llamado arte barroco será la expresión artística de la Contrarreforma católica, con gran abundancia de imágenes para atraer al hombre común a la fe católica.
Se unificaron los ritos de la Iglesia católica occidental en uno solo, la Misa tridentina.
La Contrarreforma alimentó un renacer en el catolicismo, impulso que se manifestó en el reavivamiento de antiguas órdenes religiosas, como la orden de los carmelitas descalzas, reformada en España por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, los dos grandes escritores místicos de la península ibérica.
Pero la orden religiosa que más ayuda prestó a la Contrarreforma católica fue la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola, de la que se distinguieron varios teólogos participantes en el Concilio de Trento.
La Reforma protestante