Ataques a los neuro derechos
La falta de respeto de los derechos humanos que exhibe y aplica el actual gobierno argentino podría agravarse con concesiones impulsadas por Milei que podrían permitir que microscópicos monstruos tecnológicos invadan y manejen los cerebros de los ciudadanos. El gran desarrollo de los sistemas que genéricamente se ubican en el marco de lo que se viene llamando “inteligencia artificial” presenta también profundas cuestiones éticas y morales, como lo señaló con fuerza el Papa Francisco cuando habló ante los jefes de gobierno que se reunieron recientemente en Italia, en la cumbre del Grupo de los Siete. Y en torno a esto, surgió el concepto de “neuro derechos”, como parte de los Derechos Humanos que deben ser protegidos.
Hace pocas semanas, las Naciones Unidas, a través de su Alto Comisionado para los Derechos Humanos, instó a todos los gobiernos a legislar rápida y concretamente sobre dicho nuevo derecho, estableciendo leyes que resguarden los neuro derechos de sus ciudadanos, antes de que sea demasiado tarde. Con diferencia de pocos días, en el seno de las Naciones Unidas se criticó muy fuertemente al presidente de Argentina, Javier Milei, por su falta de respeto a los derechos humanos.
Se indicó, desde ese máximo organismo internacional, que varias medidas adoptadas por el gobierno de Milei en lo que va de su gestión generan el “riesgo de socavar la protección de los Derechos Humanos”. Si consideramos ambas advertencias que surgen desde el seno de las Naciones Unidas, aparece como muy inquietante la posibilidad de que los argentinos puedan ser víctimas de brutales atropellos a sus neuro derechos.
Pero, ¿de qué se trata la cuestión de los neuro derechos? Las declaraciones de las Naciones Unidas, en concordancia con lo que vienen señalando muchos científicos, indican que los neuro dispositivos, por ejemplo chips que se injertan en el cerebro de las personas, pueden permitir a las empresas que programan esos microaparatitos tener acceso a informaciones clave sobre la personalidad del individuo, sobre sus maneras de reaccionar, sobre sus estados de ánimo y sobre sus gustos y disgustos; y quién sabe cuántos otros datos más. Informaciones con las cuales se podría manipular a cada individuo así monitoreado.
Pero no se trata solo de la posibilidad de manipular a quienes han accedido a que se les coloque tales microimplantes, la manipulación a través de la inteligencia artificial también se da, y se está dando ya claramente de manera masiva con el auge de la utilización indiscriminada de medios y sistemas manejados por empresas de telefonía y de tecnología de comunicaciones y de conectividad, como las que manejan las redes sociales y sistemas similares.
Esas tecnologías, advierte la ONU, afectan especialmente a niños y adolescentes que son sus principales consumidores. En cuanto a los implantes de chip en los cerebros, algo que genera la mayor preocupación en los expertos que están haciendo sentir sus voces en defensa de los derechos humanos, uno de sus impulsores es alguien a quien el presidente argentino quiere tener como socio y abrirle todas las puertas de nuestro país, el empresario Elon Musk. Un empresario al que también desde las Naciones Unidas se le pidió, formalmente, que garantice que “los derechos humanos sean un elemento central” en la gestión de la red social de la cual es propietario, porque habría estado violando esos derechos.
Lo que se puede obtener de manera benéfica con el avance de la inteligencia artificial parece muchísimo; pero también se presentan cuestiones centrales referidas al respeto de las personas y a la libertad de los procesos cerebrales de cada persona. Alarma entonces que quienes pueden determinar o permitir el modo de uso de esa fantástica ciencia sean personajes como Milei, a quien las Naciones Unidas le señala que su gestión no respeta los derechos humanos; o como Elon Musk a quien las Naciones Unidas le piden que garantice el respeto de los derechos humanos en sus empresas. Y pareciera que ambos actores poco o nada respetuosos de los derechos humanos están extendiendo sus tentáculos sobre los argentinos.