2024-09-06

Natividad de la Santísima Virgen María

La celebración de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María es conocida en Oriente desde el siglo VI. Fue fijada el 8 de septiembre, día con el que se abre el año litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición, en agosto. En Occidente fue introducida hacia el siglo VII y era celebrada con una procesión-letanía, que terminaba en la Basílica de Santa María la Mayor

El Evangelio no proporciona datos del nacimiento de María, pero hay varias tradiciones. Algunas, considerando a María descendiente de David, señalan su nacimiento en Belén. Otra corriente griega y armenia, indica Nazareth como cuna de María. Sin embargo, ya en el siglo V existía en Jerusalén el santuario mariano situado junto a los restos de la piscina Probática, o sea, de las ovejas.

Debajo de la hermosa iglesia románica, levantada por los cruzados, que aún existe, se hallan los restos de una basílica bizantina y unas criptas excavadas en la roca, que parecen haber formado parte de una vivienda considerada como la casa natal de la Virgen. La fiesta tiene la alegría de un anuncio premesiánico.

Es famosa la homilía que pronunció San Juan Damasceno (675-749) un 8 de septiembre en la Basílica de Santa Ana, de la cual resaltan los párrafos: “¡ea, pueblos todos, hombres de cualquier raza y lugar, de cualquier época y condición, celebremos con alegría la fiesta natalicia del gozo de todo el Universo.

Tenemos razones muy válidas para honrar el nacimiento de la Madre de Dios, por medio de la cual todo el género humano ha sido restaurado y la tristeza de la primera madre, Eva, se ha transformado en gozo. Ésta escuchó la sentencia divina: “parirás con dolor”. A María, por el contrario, se le dijo: “Alégrate, llena de gracia!. ¡Oh, feliz pareja, Joaquín y Ana, a ustedes está obligada toda la creación! Por medio de ustedes, en efecto, la creación ofreció al Creador el mejor de todos los dones, o sea, aquella augusta Madre, la única que fue digna del Creador.

¡Oh, felices entrañas de Joaquín, de las que provino una descendencia sin mancha! ¡Oh, seno glorioso de Ana, en el que poco a poco fue creciendo y desarrollándose una niña completamente pura, y, después que estuvo formada, fue dada a luz! Hoy emprende su ruta, que es puerta divina de la virginidad.

De Ella y por medio de Ella, Dios, que está por encima de todo cuanto existe, se presenta en el mundo corporalmente. Sirviéndose de Ella, Dios descendió sin experimentar ninguna mutación, o mejor dicho, por su benévola condescendencia apareció en la Tierra y convivió con los hombres”.


María: hija de padres estériles
Según los textos apócrifos, Joaquín y Ana estaban desesperados porque a pesar del amor y de la felicidad que les unía, no habían tenido hijos durante sus primeros veinte años de matrimonio.

Ante tal situación, hicieron una promesa al Señor que consistía en que si les daba un descendiente, lo consagrarían a su servicio. Para obtener tal gracia, y según cuenta el “Libro sobre la Natividad de María”, todos los años se desplazaban al templo de Jerusalén en las tres fiestas principales.

El día de la Fiesta de la Dedicación, Joaquín se acercó al altar para presentar la ofrenda de sus cosechas, pero el sacerdote, al verlo, lo rechazó con gran indignación diciéndole que no tenía derecho a aproximarse porque un hombre estéril como él, que no había hecho crecer el pueblo de Dios, no podía andar con los que no estaban bajo su misma condición.

Cabe decir que en aquellos tiempos, el pueblo de Israel consideraba como una maldición la esterilidad. Joaquín, ante esa situación injusta, se retiró a las praderas sin volver a su casa para no exponerse a los desprecios de sus vecinos. Después de unos meses de gran soledad, se le presentó un ángel, rodeado de un inmenso resplandor que le comunicó que su mujer engendraría a una niña.

El libro apócrifo menciona que el ángel le habló de esta manera: “siendo virgen, engendrará a su vez de manera incomparable al Hijo del Altísimo. El nombre de éste será Jesús, porque de acuerdo con su significado, ha de ser el salvador de todos los pueblos”. El ángel se apareció después a Ana, notificándole su conversación con Joaquín. Ésta salió al encuentro de su esposo, y ambos se abrazaron ante la gran noticia.


¿Por qué el 8 de septiembre?
Aunque la fiesta de la Natividad de María se celebraba desde el siglo V, el primer documento de su existencia parece ser un himno de un músico griego llamado Romano Melodas, que vivió entre los años 536-566. En Oriente, el festejo adquirió más importancia gracias al obispo de Creta en el año 701, quien le dedicó diferentes sermones.

En Occidente, se empezó a introducir en el siglo VII. Precisamente, fue durante esta centuria, cuando el papa Sergio I ordenó que se efectuara una procesión en honor a la fiesta que ya se conmemoraba por entonces el 8 de septiembre. Fue el papa Gregorio XI, en 1378, quien de forma “oficial” la introdujo en el calendario litúrgico.


El nombre de María
(Extracto de las visiones de María Valtorta)
Ana sonríe ante un pensamiento propio:
- Es la estrella – dice su signo está en el cielo. ¡María, arco de paz! ¡María, estrella mía! ¡María, luna pura! ¡María, perla nuestra!
- ¿María la llamas?
- Sí. María, estrella, perla, luz y paz...
- Pero también quiere decir amargura... ¿No temes acarrearle alguna desventura?
- Dios está con Ella. Es suya desde antes de que existiera. Él la conducirá por sus vías y toda amargura se transformará en paradisíaca miel. Ahora sé de tu mamá. Todavía un poco, antes de ser toda de Dios.
Y la visión termina en el primer sueño de Ana madre, y de María recién nacida.

 

Oración:
Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, quienes hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, consigamos paz en la fiesta de su Nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Te puede interesar