2024-10-17

PARTIDA DE NACIMIENTO DEL PERONISMO

Raúl Scalabrini Ortiz calificó a esta pueblada como “ el subsuelo de la patria sublevada” y no le faltaban razones, porque con esa manifestación espontánea entró en la política el movimiento obrero organizado que hasta entonces había sido perseguido, invisibilizado y ajeno a la política en un país colonizado y oligárquico.

Actualmente, la concentración económica, la globalización y el salto tecnológico han generado una nueva clase, que el Papa Francisco califica como “descartados”.
Los descartados en nuestro país se refugian en los comedores, la economía social, y están invisibilizados. La preocupación del presidente es sacarlos de la 9 de Julio condenándolos al hambre, quitándoles el presente y el futuro. Tal vez, al igual que los descamisados del 17, están esperando un conductor para entrar en la historia.


LOS VIENTOS DE LA GUERRA
Después de haber conquistado el mundo entero durante tres ciclos, las potencias europeas y los Estados Unidos se repartieron el mercado global. A veces por las buenas, pero en ocasiones con guerras de resultados impredecibles como fueron las dos conflagraciones del siglo pasado. Estas guerras imperiales favorecieron a las colonias.


Durante la primera guerra, en nuestro país aparecií el Irigoyenismo junto con la revolución mexicana y otros procesos autonomistas y populares a lo largo de América. La segunda guerra mundial facilitó la independencia de la India, de las colonias Africanas, Indonesia y en América el ascenso del Peronismo al Gobierno junto con procesos similares en casi todo nuestro continente.

En la actualidad, Nortamérica y Europa se enfrentan a la aparición de un nuevo poderoso bloque económico liderado por China con el que está desarrollando una guerra económica, que en algunos casos se ha convertido en guerra convencionales. El Papa Francisco califica esta situación como la tercera guerra mundial en etapa. Lo que hace casi impredecible un futuro que igual que en posguerras anteriores podría permitir el ascenso de los actuales países dependientes.


LA REVOLUCIÓN DEL ‘43
El 4 de junio de 1943, militares nacionalistas que temían que un nuevo presidente cambiara la posición neutralista del país y apoyara a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial que se estaba desarrollando, dirigidos por el general Arturo Rawson desplazan por medio de un golpe de Estado al presidente Ramón S. Castillo, último presidente de la llamada “Década Infame”, una línea de gobiernos acusados de corruptos y que habían impuesto el llamado fraude patriótico desde el golpe militar que en 1930 encabezara el general José Félix Uriburu.

El movimiento obrero se mostró inicialmente perplejo frente al golpe e indeciso sobre la posición que se debía adoptar. Estaba dividido en cuatro centrales (CGT N.º 1, CGT N.º 2, USA y FORA). Una de las primeras medidas del Gobierno fue disolver la CGT N.º 2 (dirigida por el socialista Francisco Pérez Leirós), los empleados de comercio de Ángel Borlenghi y los sindicatos comunistas (construcción, carne, etc.), acusándola de extremista. Ello llevó a varios de los sindicatos que la integraban a volver a la CGT N.º 1 (secretario general José Domenech).

Poco después, el Gobierno sancionó una legislación sobre sindicatos, que si bien cumplía algunas expectativas sindicales, al mismo tiempo permitía la intervención de los mismos por parte del Estado. Enseguida, el Gobierno militar hace uso de esa ley para intervenir los poderosos sindicatos ferroviarios y corazón de la CGT, la Unión Ferroviaria y La Fraternidad. En octubre, una serie de huelgas fueron respondidas con el arresto de decenas de dirigentes obreros. Pronto resultó evidente que en el Gobierno militar había influyentes sectores anti-sindicales.

En esas condiciones, algunos dirigentes sindicales socialistas, sindicalistas revolucionarios y algunos comunistas, encabezados por Ángel Borlenghi (socialista y secretario general de la poderosa Confederación General de Empleados de Comercio en la disuelta CGT N.º 2 socialista), Francisco Pablo Capozzi (La Fraternidad), Juan Atilio Bramuglia (Unión Ferroviaria), Alcides Montiel (Cerveceros) entre otros, decidieron, aunque con reservas y desconfianza, emprender una estrategia de alianzas con algunos sectores del Gobierno de Pedro Pablo Ramírez que compartían los reclamos sindicales. Entre los militares estaban los jóvenes coroneles Juan D. Perón y Domingo A. Mercante.


Los sindicalistas proponen a los militares crear una Secretaría de Trabajo, fortalecer la CGT y sancionar una serie de leyes laborales que aceptaran los reclamos históricos del movimiento obrero argentino. Poco después, la alianza entre sindicalistas y militares obtuvo que el Gobierno militar designara a Perón como Director del Departamento de Trabajo, un cargo aparentemente sin valor alguno. Un mes después, consiguen elevar la jerarquía del organismo a Secretaría de Estado (2 de diciembre de 1943).

Desde la Secretaría de Trabajo y con el apoyo de los sindicatos, Perón empezó a desarrollar gran parte del programa sindical histórico: se crearon los tribunales de trabajo; se sancionó el Decreto 33.302/43 extendiendo la indemnización por despido de los empleados de comercio a todos los trabajadores; más de dos millones de personas fueron beneficiados con la jubilación; se sancionó el Estatuto del Peón de Campo y el Estatuto del Periodista; se crea el Hospital Policlínico para trabajadores ferroviarios; se prohíben las agencias privadas de colocaciones; se crean las escuelas técnicas dirigidas a obreros; en 1944 se firmaron 123 convenios colectivos que alcanzaban a más de 400.000 obreros y empleados y en 1945 otros 347 para 2.186.868 trabajadores. Adicionalmente, Perón logra derogar el decreto-ley que reglamentaba los sindicatos sancionado en los primeros días del Gobierno militar.


En ese marco, los sindicatos comenzaron un período de gran crecimiento, y lo que fue aún más decisivo, comenzaron a afiliar masivamente a los “nuevos” trabajadores, los que estaban migrando masivamente a la ciudad desde el interior del país, los llamados “morochos”, “grasas” y “cabecitas negras” por las clases medias y altas, y los propios trabajadores “viejos” descendientes de la inmigración europea.


Poco después, algunos sindicatos que se habían mantenido alejados, la CGT Nº1, la USA y los gremios autónomos, comienzan a unificarse en torno de la Secretaría de Trabajo. Pero en sentido contrario, en septiembre de 1945, importantes sindicatos se separan de la CGT: La Fraternidad, la Unión Obrera Textil, la Confederación de Empleados de Comercio y el Sindicato del Calzado.


La alianza entre sindicatos y el grupo de jóvenes militares encabezados por Perón generó inmediatamente una fuerte oposición de los sectores conservadores políticos, económicos y militares, con apoyo de la Embajada de Estados Unidos (embajador Braden) que genera una alta polarización electoral para 1945.
El 12 de julio de 1945, los sindicatos dirigidos por Borlenghi realizan un acto masivo el centro de la ciudad de Buenos Aires (en Diagonal Norte y Florida). Al finalizar, la multitud de trabajadores comienzan a corear el nombre de Perón y lo proclaman como candidato a presidente.


La manifestación obrera es respondida el 19 de septiembre por los sectores medios y altos con la Marcha de la Constitución y la Libertad, que reunió la extraordinaria cantidad de 200.000 personas, marchando del Congreso a los barrios de clase alta (Recoleta), donde apoyan al expresidente Rawson que sale al balcón de su casa.


LOS DÍAS DE OCTUBRE
Días después, Rawson encabeza un planteo militar, que fracasa. Pero poco después, el 8 de octubre de 1945, un enfrentamiento entre Perón y el general Eduardo Ávalos, jefe de la poderosa guarnición de Campo de Mayo es dirimido mediante una votación de los oficiales superiores que decide exigir la renuncia de Perón, que en esos momentos ejercía simultáneamente los cargos de vicepresidente de la Nación, secretario de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión, por lo cual al día siguiente Perón renunció a todos sus cargos en el Gobierno dictatorial.


El día 9 de octubre, en el campo de deportes del Sindicato de Cerveceros de Quilmes se realiza una reunión clandestina de dirigentes obreros para analizar la situación. Luego de deliberar, se nombra a Luis Gay (telefónicos), Alcides Montiel (cerveceros) Ramón Tejada (Federación Sanjuanina) y Juan Pérez (ladrilleros) y otros para visitar al Coronel y trazar una táctica adecuada.


Perón obtiene autorización para dar un discurso -que además se transmitió por radiofonía- el 10 de octubre desde el balcón de la Secretaría de Trabajo en la esquina de las calles Perú y Alsina. Ante el público allí reunido pronuncia un discurso que tuvo gran repercusión, en el que detalló un avanzado programa de reivindicaciones laborales.

El 11 de octubre, Ávalos asumió el cargo de ministro de Guerra y esa noche se realizó en el Círculo Militar (Palacio Paz) una reunión de casi 300 oficiales, entre los que se contaban unos 20 de la Marina, en la que se debatió el rumbo que se debía seguir, incluyendo la discusión sobre si mantener o no a Farrell en la presidencia y se recibió también la opinión del dirigente socialista Alfredo Lorenzo Palacios que propició que el Gobierno se entregara a la Corte Suprema de Justicia.

La asamblea decidió enviar una delegación a entrevistarse con Ávalos y, en realidad, los únicos puntos sobre los que habían concordado era pedir la inmediata convocatoria a elecciones, la designación de ministros civiles, el levantamiento del estado de sitio y la detención y procesamiento de Perón. Cuando a la medianoche finalizaba la reunión por las radios se estaba difundiendo el decreto de convocatoria a elecciones.


Ese mismo día 11 hubo un encuentro de dirigentes opositores reunidos en torno a una Junta de Coordinación Democrática que, envalentonada por la marcha de los acontecimientos, decidió exigir al Ejército que el poder fuera entregado a la Corte Suprema de Justicia. Luna señala la falta de realismo y el error táctico que importaba esta posición. Si bien, el Ejército estaba dividido en sectores que tenían serios desacuerdos, ninguno de ellos podría aceptar entregar en ese momento el Gobierno a la Corte, pues implicaba reconocer una humillante derrota. Por otra parte, el presidente de la Corte era el Dr. Roberto Repetto, un jurista respetado pero carente de toda experiencia política.


El 12 de octubre luego de recibir a la delegación militar, Farrell solicitó la renuncia de todos los ministros, salvo Ávalos, y designó a Vernengo Lima como ministro de Marina. Al mismo tiempo, en los alrededores del Círculo Militar se realizó una manifestación espontánea de los sectores más conservadores y los estudiantes, que voceaban consignas antimilitaristas y mantienen virtualmente bloqueado el edificio.

Circulaba además la exigencia de entrega del Gobierno a la Corte, posición a la que si bien muchos no la consideraban la mejor, era la que permitía unificar a los sectores opuestos al Gobierno. Cuando en horas de la tarde una delegación de los civiles llevó esta postura a Ávalos, el ministro de Guerra la consideró inaceptable, trató de tranquilizarlos y les informó que Perón sería detenido.

La delegación regresó para informar a los manifestantes, que todavía estaban en el lugar, provocando visiblemente su irritación. En varias oportunidades se habían producido choques entre elementos aliancistas y estudiantes, pero hacia las nueve de la noche sin que hubiera una explicación clara sobre su origen hubo un violento tiroteo entre la Policía y un grupo de manifestantes que arrojó el saldo de un muerto y más de cincuenta heridos.

Perón y Eva se fueron en automóvil en la madrugada del jueves 11 con “Rudi” Freude, hijo de un amigo suyo, y Juan Duarte hacia San Nicolás primero y a una isla del Delta después, dejándole dicho a Mercante que si era preguntado no ocultara su paradero. El 12 de octubre, el presidente Farrell ordenó la detención de Perón y la Policía fue a buscarlo a su departamento de la calle Posadas, por lo que Mercante le comunicó al jefe de Policía dónde se encontraba y, al día siguiente, guió al subjefe de Policía, mayor D’Andrea hasta la isla, desde donde fue llevado detenido a la cañonera Independencia, la que a su vez lo trasladó a la Isla Martín García.

Una vez detenido Perón, el diario Crítica salió a la calle con el siguiente título en primera plana: PERÓN YA NO CONSTITUYE UN PELIGRO PARA EL PAÍS: El sábado 13 de octubre, Farrell se entrevistó con el procurador general de la Nación, Juan Álvarez, y le propuso que formara un gabinete, como una suerte de primer ministro, siguiendo así una sugerencia del dirigente radical de Córdoba, Amadeo Sabattini, que le había transmitido Ávalos.

Se trataba de una solución de compromiso en la cual sin transferir el poder a la Corte se encomendaba a un civil de prestigio la conducción del proceso que desembocaría en las elecciones. Álvarez se tomó su tiempo: un día para hacer consultas antes de aceptar el cargo y cuatro días más de consultas para elegir los candidatos, con lo cual recién tuvo la lista preparada el 17 de octubre.

El domingo 14, Perón le escribió una carta a su amigo el coronel Mercante en la que le dice entre otras cosas: Con todo, estoy contento de no haber hecho matar un solo hombre por mí y de haber evitado toda violencia. Ahora, he perdido toda posibilidad de seguir evitándolo y tengo mis grandes temores que se produzca allí algo grave...

Le encargo mucho a Evita, porque la pobrecita tiene sus nervios rotos y me preocupa su salud. En cuanto me den el retiro, me caso y me voy al diablo.
El mismo día le envía otra a Eva, en la que dice entre otras cosas:.. Hoy he escrito a Farrell pidiéndole que me acelere el retiro, en cuanto salgo nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos... ¿Qué me decís de Farrell y de Ávalos? Dos sinvergüenzas con el amigo. Así es la vida... Te encargo le digas a Mercante que hable con Farrell para ver si me dejan tranquilo y nos vamos al Chubut los dos...

Trataré de ir a Buenos Aires por cualquier medio, de modo que puedes esperar tranquila y cuidarte mucho la salud. Si sale el retiro, nos casamos al día siguiente y si no sale, yo arreglaré las cosas de otro modo, pero liquidaremos esta situación de desamparo que tú tienes ahora... Con lo que yo he hecho estoy justificado ante la historia y sé que el tiempo me dará la razón. Empezaré a escribir un libro sobre esto y lo publicaré cuanto antes, veremos entonces quien tiene razón...

El 15 de octubre, la FOTIA declaró en Tucumán una huelga general, y esa misma noche hicieron lo mismo varios sindicatos de Rosario, exigiendo la libertad de Perón. En Berisso y Ensenada los obreros realizaron una gran movilización que durante varios días mantuvo la ciudad de La Plata convulsionada. Lo mismo ocurría en Valentín Alsina, Lanús, Avellaneda y otras localidades del sur del Gran Buenos Aires. También al mediodía del 16, los obreros ferroviarios de Tafí Viejo habían abandonado los talleres.


El día miércoles 16 de octubre era día de pago de la quincena. El historiador radical Félix Luna cuenta: Al ir a cobrar la quincena, los obreros se encontraron con que el salario del feriado 12 de octubre no se pagaba, a pesar del decreto firmado días antes por Perón. Panaderos y textiles fueron los más afectados por la reacción patronal. -¡Vayan a reclamarle a Perón!- era la sarcástica respuesta.


En la noche del miércoles 16 se reunió el Comité Confederal de la Confederación General del Trabajo y luego de un largo debate se decidió declarar una huelga para el 18. El motivo del paro se expresó en una serie de puntos que incluía el llamado a elecciones, el mantenimiento de las conquistas obreras, etc., pero significativamente, si bien pedían la libertad de los presos políticos, no mencionaban a Perón. La explicación sería que muchos dirigentes no estaban convencidos de apoyar a Perón, por lo que el sector favorable al paro debió hacer concesiones en el texto para alcanzar la mayoría.


Un sector importante de la CGT, enrolado en los partidos Comunista y Socialista identificaba a Perón con el nazismo y reclamaba su destitución, coincidiendo con la Embajada norteamericana.
Si bien, la CGT no auspició la movilización que tendría lugar al día siguiente, la declaración de huelga sirvió como impulsor para que varios sindicatos y los trabajadores en general, que estaban en alerta desde días antes, se sintieran avalados para las acciones a emprender.
Perón, alegando problemas de salud, consiguió que lo trasladen al Hospital Militar, en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires, adonde llegaría en la madrugada del 17.


MIÉRCOLES 17 DE OCTUBRE DE 1945
En la madrugada del día 17 comenzó una movilización de los trabajadores de La Boca, Barracas, Parque Patricios y de los barrios populares del oeste de Capital Federal así como de las zonas industriales de sus alrededores. Fue muy importante el número de trabajadores que salió de la zona de Berisso, en las afueras de la ciudad de La Plata, donde había importantes frigoríficos, en la que estuvo muy activo a favor de la movilización el dirigente gremial Cipriano Reyes.

También la secretaria de Domingo Mercante, Isabel Ernst, tuvo un rol importante como nexo entre Perón y los dirigentes sindicales. Los obreros no ingresaban a trabajar en las fábricas y talleres e iban recorriendo los establecimientos vecinos incitando a abandonarlos a quienes se encontraban en ellos para luego marchar coreando consignas en favor de Perón por las calles principales hacia el centro de la Capital Federal. La acción estaba apenas coordinada por algunos dirigentes gremiales que habían estado agitando los días anteriores y la principal fuerza de impulso provenía de esas mismas columnas que mientras marchaban retroalimentaban el movimiento.


Inicialmente, la Policía levantó los puentes sobre el Riachuelo que son el paso obligado hacia la Capital para quienes provenían de la zona Sur (Avellaneda, Lanús, Quilmes, La Plata, etc.). Algunos manifestantes cruzaron a nado o en balsas hasta que, más tarde, los puentes fueron bajados. La Policía, claramente favorable a Perón, no obstaculizó la marcha e incluso algunos de sus integrantes intercambiaron expresiones de simpatía con los manifestantes, cuyas consignas nada tenían que ver con el reclamo de la CGT sino que expresaban su apoyo a Perón y la exigencia de su liberación.


El presidente Edelmiro J. Farrell mantuvo una actitud prescindente. El nuevo ministro de Guerra, general Eduardo Ávalos, observaba a los manifestantes y se negó a movilizar las tropas del cuartel de Campo de Mayo que en unas horas podían llegar a la Capital Federal, como se lo pedían algunos jefes del Ejército y el ministro de Marina. Ávalos confiaba en que la manifestación se disolvería por sí sola, pero al comprobar que, por el contrario, era cada vez más numerosa, accedió a entrevistarse con Perón en el Hospital Militar.

Tuvieron una corta reunión en la que pactaron las condiciones: Perón hablaría a los manifestantes para tranquilizarlos, no haría referencia a su detención y obtendría que se retiraran y, por otra parte, el gabinete renunciaría en su totalidad y Ávalos solicitaría su retiro.


A las 23:10, Perón salió a un balcón de la Casa de Gobierno. Agradeció su presencia, recordó su labor en el Gobierno, informó sobre su pedido de retiro, prometió continuar defendiendo los intereses de los trabajadores y, finalmente, pidió a los concurrentes que se desconcentraran en paz añadiendo que, por esta vez, les solicitaba que cumplieran el paro del día siguiente.

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