El Banco Mundial y el perro de Karina
En el año 2016 el Banco Mundial (BM) aprobó, como regla para su funcionamiento, un denominado Marco Ambiental y Social que establece que los países que reciban asistencia financiera o de cualquier tipo de esa entidad deben comprometerse a seguir políticas de protección ambiental. Buena experiencia en este tema tuvo en años anteriores la funcionaria de BM Anna Bjerde, actuando en regiones de África entre el 2011 y el 2013 con el encargo de supervisar programas de desarrollo sostenible, o sea de cuidado del medio ambiente con visión de presente y de futuro.
Posteriormente, esta especialista en finanzas y ambiente fue adquiriendo funciones superiores dentro del vértice del BM y actualmente es allí directora gerente de operaciones. Con ella habló recientemente el ministro de Economía del Gobierno nacional argentino. Ambos acordaron un préstamo de dos mil millones de dólares que el BM otorgará a nuestro país para ser usados en proyectos sociales.
Lo que finalmente el Gobierno de Milei pretenda entender como “proyectos sociales”, no podrá dejar de lado la obligación que tiene el BM de exigir a quienes brinda ayuda financiera que cumplan determinadas obligaciones para cuidar el medio ambiente. Pero el presidente actual de nuestro país considera que no es necesario cuidar el medio ambiente y ya viene refrendando esa creencia con fuertes quitas de presupuestos para los entes encargados del cuidado del medio ambiente.
Quizá el ministro Caputo le mintió a la funcionaria del Banco Mundial con la que acordó este préstamo (ya vimos otros delirios de ese ministro); pero obviamente es imposible que la señora Bjerde, experta en estas cuestiones, se deje engañar fácilmente. Vaya a saber qué despliegue de cuentos hizo Caputo durante las tratativas para que el BM acceda a darle dos mil millones de dólares a un gobierno que seguramente no va a cumplir con las exigencias ambientalistas.
Quizá el ministro Caputo haya acordado que la Argentina, todos los argentinos incluyendo los más pobres, terminemos pagando una multa astronómica por no cumplir (no cumplir Milei y los suyos) con las exigencias puestas por el BM para entregar esos millones.
Y para que los argentinos vayan sabiendo (entre otras cosas) que en algún momento van a tener que pagar sin chistar el costo de este “préstamo”, el presidente va dejando en claro algunas cosas: luego de decir que encontrará placer poniendo un último clavo a un ataúd, ahora, como buscando que los argentinos se vayan acostumbrando a semejante salvajada, presentó oficialmente a un perro de su hermana Karina, que se llama Thor.
Thor, recordemos, es una divinidad de antiguas mitologías del norte de Europa, al que se lo representa con un gran martillo en mano. En eso anda Milei: de anunciar que quiere clavar ataúdes, con opositores dentro, a mostrarse oficialmente con un perro cuyo nombre evoca una divinidad mitológica que esgrime un martillo. Una herramienta que, según la leyenda, le servía a Thor para golpear a sus enemigos. “Para golpearlos con gran violencia”, aclara el mito.
Doble utilidad le querrá dar este presidente a ese martillo de un mito tenebroso; clavar el clavo con el que dijo querer exterminar a alguien y, además, lanzarlo con violencia contra la cabeza de sus opositores. ¿Qué pensará de todo esto la puntillosa señora Anna Bjerde, la que acordó darle al enviado del amigo de Thor un préstamo que parece estar fuera de las exigencias ambientalistas del Banco Mundial?