EL PODER Y EL DINERO
Hace escasas horas el Mundo ha visto resquebrajarse una estructura de poder social, político y militar que fue capaz de durar más de 62 años de vida, en uno de los sitios donde se tienen vestigios de comunidades sociales muy antiguas, tanto que se afirma que hasta es posible que sean más antiguas que los sumerios, que se sostiene insistentemente que es la primera comunidad humana organizada como tal.
Sin reparar que muy cerca de aquel espacio ocupado por los sumerios, se encuentra el enclave de Göbekli Tepe, que es un antiguo santuario que se levanta en el punto más alto de una extensa cadena montañosa situada a unos 15 kilómetros al nordeste de la ciudad de Sanliurfa, en el sudeste de Turquía, muy cerca de la frontera con Siria. Una Siria que será motivo de estas reflexiones.
Las construcciones de Göbekli Tepe, se calculan que tienen 12 mil años y fueron realizadas por una sociedad, con elementos técnicos que aún hoy no existen: todas sus columnas, que promedian 20 toneladas, y estructuras están orientadas con un cuadrante específico de estrellas, de manera perfecta.
Desde el primer instante en que el hombre comenzó a vivir en comunidad y que ella empezó a acumular los primeros alimentos, posteriormente bienes, a los cuales le adjudicó valores, arrancó uno de los problemas que aún no pudo resolver, como es que esa comunidad organizada que se perfeccionaba y evolucionaba con una consigna central, mantener felices a los humanos, aún no lo logró.
Las comunidades evolucionaron a través de los mecanismos más básicos de la prueba y el error, hasta que se fueron sofisticando, adoptaron entonces de envoltorios a sus relaciones humanas las doctrinas sociales, materializadas en leyes. Leyes que se fueron adaptando a los sistemas sociales, que se fueron instalando a medida que el humano fue produciendo más bienes y que los acaparó ya no comunitariamente sino individualmente.
Allí comenzó la presencia de una nueva comunidad y un nuevo estado imperial por primera vez, más sofisticado que los egipcios y aún griegos, de los que tomó muchas de sus condiciones, hace unos 2.000 años aproximadamente. Testimoniado todo en un libro que se llama Biblia. En los sucesos ocurridos con posterioridad, nada se iguala al desarrollo científico y productivo de los humanos de los últimos 120 años. Muy novedoso en un aspecto que son las relaciones del poder, matizado con la aparición de un nuevo elemento en él, como es el teléfono celular, la radio, los diarios, la televisión y los satélites, que conjugados o independientes tienen posibilidades de interrelacionar a los hombres de manera inmediata, menos profunda.
Hoy, el poder y los hombres es un tema de compleja resolución, en sociedades aún más complejas, con la particularidad externa que el poder económico-productivo, está bajo el dominio de algo que se llama propiedad, en manos de escasos hombres, que algunos estudiosos sostienen que no son más de 40 en la mitad del Mundo donde vivimos nosotros, que es Occidente. Penetrados profundamente por los países del Oriente, principalmente por China, a la cual le debe Occidente enormes cantidades de algo que se llama dinero. Es fácil determinar así entonces, e interpretar, que el dinero y el poder están íntimamente relacionados. Tanto que en rarísimas oportunidades se ha dado que existen líderes con poder sin dinero en Occidente.
El dinero y los líderes comparten prácticamente las mismas virtudes que la mayoría de las personas económicamente exitosas. Es más, cuando se habla de personas con dinero se establece una asociación natural con los líderes, y viceversa; en la opinión pública de Occidente, líder y solvencia económica son términos semejantes.
Con mayor criterio este concepto se corresponde a Bashar al-Assad, el dirigente máximo de Siria, hasta el domingo 8 de diciembre, en que renunció a sus funciones cercado por una guerrilla que en solo 10 días se hizo con el poder consolidado que estaba en cabeza de Bashar al-Assad, desde su misma cuna.
Bashar al Assad fue el hijo elegido por su padre Hafez al-Assad para sucederlo en el poder. Poder al cual comenzó a tomarlo en el año 1963 cuando con el Partido Baazista, un brazo de la misma organización también tomó el control de Irak. Hafez al-Assad en esos días era un oficial de la fuerza aérea que se convirtió en ministro de Defensa en el año 1966 y asumió la presidencia de Siria en el año 1971.
Un hombre que supo conservar el poder para su hijo, siendo el testimonio más expresivo la actitud que adoptó cuando los Hermanos Musulmanes se levantaron para desafiar a su régimen en 1982, Hafez al-Assad liquidó la revuelta en la ciudad de Hama, matando a 20.000 personas. En el año 2000 fallece el líder fundador de la dinastía, sucediéndolo su hijo Bashar, un oftalmólogo con título obtenido en Londres, Inglaterra, lugar donde conoció la noticia de su inmediata presidencia, dirigiéndose a Damasco para asumir el cargo. Con una esposa occidental, iniciaron un breve período de reformas hasta que estalló la Primavera Árabe de 2011, la cual superó con la ayuda de Irán.
Posteriormente en 2015 otra arremetida de la guerrilla la enfrentó con la ayuda de Rusia. Irán proporcionó las fuerzas terrestres a Al-Assad, provenientes de Hezbollah en el Líbano, mientras que Rusia puso su poder aéreo.
Desde el año 2011 estuvo latente la presencia de la guerrilla, a la cual Bashar Al-Assad combatió con las armas y la mano “dura”, de un régimen que nunca atinó a penetrar en la mente y los corazones de la población siria, pues está allí el sitio determinante del triunfo, no en el campo de batalla, contra una guerrilla.
Al-Assad no hizo nada para ganarse el apoyo popular, pese a que desde el año 2019 existió un espacio de “pax armada”. Por el contrario, el hoy líder que toma el poder, Al-Golani, superando sus raíces islamistas radicales de su pasado en Al-Qaeda, que lo achicaban políticamente, constituyó una coordinadora de diversas estructuras combatientes obteniendo este éxito sorprendente.
Es que cuando comenzó la ofensiva del HTS, el régimen de Al-Assad era una cáscara vacía de apoyo popular, lista para colapsar ante el primer viento. El poder estaba al alcance de la mano del que lo quisiera en serio. La caída final de Al-Assad se produjo porque no aprovechó el respiro que le brindaron las intervenciones rusa e iraní para ampliar su base de sustentación popular, reforzar su legitimidad o acercarse a los rebeldes.
Continuó gobernando mediante la impronta de la imagen de una familia que en el pasado utilizó la “mano dura” para permanecer en el poder. Bashar Al-Assad nunca estuvo cerca de la sombra del fundador de la dinastía. La base de su régimen nunca se extendió más allá de la minoría alauita, una secta musulmana entre cuyos miembros se encontraba Al-Assad. La mayoría sunita quedó ardiendo de descontento, pero celebró su caída con la cual contribuyó fuertemente.
El poder al igual que el dinero requiere de un cuidado y atención extremo, más allá que es imprescindible tener un método preciso en su ejercicio. Cuando estas actitudes comienzan a faltar en aquellos que ejercen el poder todo se comienza a deteriorar con el efecto principal en aquello que es fundante de él, como lo es el apoyo popular.
Misiones en este año que nos deja tuvo una prueba de una situación extrema, que puso en la balanza el apoyo que tiene el partido gobernante, el Frente Renovador de la Concordia Social. Cuando los reclamos sociales producidos a mediados de año en la Provincia por parte de algunos sectores sociales muy radicales, que atacaron a las Instituciones de manera violenta, arreciando cuando atropellaron de forma injusta los domicilios privados del Gobernador y de algunos dirigentes, destruyendo bienes públicos inclusive.
La única manera de poner fin a las tropelías lo fue con la gente en la calle, con la cita casi en solitario desde estas mismas columnas, para el día 30 de Mayo, “30M”, acudió una verdadera multitud de misioneros a defender las conquistas logradas, su bienestar, en la Legislatura Provincial, en medio de un País que equivocadamente depositó su voto al dirigente Javier Gerardo Milei, que virtualmente está volviendo a la Nación al tiempo de la barbarie más atroz, caracterizada por el signo más violento aún: una sociedad donde el hombre es lobo del hombre. El punto culmine del liberalismo, que dice encarnar el presidente de la Nación, Javier Gerardo Milei, del partido político LLA.
Más allá de esto, el poder en una sociedad también requiere de valores primordiales para su existencia que se referencian directamente a cómo se reparten los bienes que produce esa comunidad. Este es uno de los aspectos más delicados en la administración del poder, pues está sujeto permanentemente a disputas sea cual fuere el signo político en el poder.
Aún si la solidaridad es la base fundante de la sociedad siempre existen disparidades de la manera en que se reparte o invierten los recursos dinerarios, sea que el billete tenga la denominación dólar, yuan, euro, real, peso, etc. El poder, en definitiva, cuando no tiene como sustento y destino al hombre, la historia humana demuestra hasta ahora que se diluye irremediablemente con el accionar de los humanos.