Radicales empujando un carro atroz
El diputado nacional Mariano Campero, ya casi expulsado del radicalismo, dejó entender, claramente aunque en voz baja, que él y el radical misionero Martín Arjol, también ya al borde de la expulsión, son garantes de Milei en caso de que se quiera someter a juicio político al presidente. Días atrás, Arjol había dicho que ahora el radicalismo es Milei.
Y ayer, expulsados y expulsadores, sonrieron junto al presidente de la Nación, mientras muchos argentinos se mueren de hambre. Mucha risa, o más bien risotadas, se ven en las fotos de la reunión que, en la sede del Gobierno nacional, tuvieron ayer el presidente Javier Milei y varios diputados nacionales de la UCR. Un grupo para el cual, evidentemente, el país está para reírse.
Uno de los organizadores, con la tarea de juntar a la tropa radical que asistiría al encuentro, fue el presidente del bloque partidario de diputados, Rodrigo De Loredo, que pese a su alta función orgánica dentro de la UCR no tuvo reparos en incluir entre los visitantes a tres diputados sobre los que pesa un pedido de expulsión de su partido.
Poco respeto a la institucionalidad de su partido por parte de De Loredo. Respecto a lo que se habló en la reunión, solo se dieron informaciones muy genéricas y, según declararon los participantes, se habló de cuestiones que interesan al presidente, pero nada de lo que interesa al país y a su gente. Por ejemplo: los diputados radicales, con su presidente de bloque a la cabeza, no le pidieron al Jefe de Estado que tome medidas inmediatas para mejorar al menos un poquito la grave situación de los jubilados.
Quizá De Loredo tuvo miedo de incomodar a tres de sus acompañantes, los diputados radicales que votaron a favor de mantener el veto presidencial a la resolución ampliamente mayoritaria de la Cámara de Diputados que hubiese permitido mejorar algo los ingresos de los argentinos viejos más desprotegidos. Porque, precisamente, allí estaban, llevados por el propio De Loredo, los tres radicales sostenedores de la miseria en que se encuentran los jubilados, miseria que empeora día a día en la gestión de Milei.
Una espantosa muestra de cinismo, o, para decirlo más suavemente, de desorientación política, ya que mientras las autoridades del partido radical pidieron la expulsión de esos tres diputados que apoyaron la negativa de Milei a darle un aumentito a los jubilados, los llevan a esos mismos legisladores a los que quieren expulsar por no ayudar a los jubilados, a una jocosa reunión con el presidente y se olvidan del tema (y de tantos temas se “olvidan”).
Además, el jefe del bloque radical y sus portaestandartes también le habrán tenido miedo al mismo Milei, a quien no le gusta que le hablen de lo que él no quiere hablar. Todos recuerdan que Milei calificó de “ratas”, de “degenerados”, de “basura” y les hizo otras caricias al alma a los diputados que se opusieron a alguno de sus delirios; categoría de “ratas” en la que, según el presidente, se encuentran varios de los presentes en la reunión realizada ayer.
Ratas o no, basuras o no, la cuestión principal respecto a este risueño encuentro es que no se habló de proyectos para mejorar, o intentar mejorar, la crisis social y económica que vive el país. Sí hablaron, y con gran entusiasmo parece, de cuestiones que solo interesan a los políticos, a la casta política; como ser temas electorales, posibles alianzas, candidaturas; o sea el crónico “toma y daca” de la política tradicional, de la casta a la que con gran fervor se sumó Javier Milei tras denostar a esa misma casta para conseguir votos.
Pero un tema de mucho significado institucional es posible que haya estado muy presente en la charla, un tema que posiblemente no se mencionó allí con palabras sino que habrá estado presente como algo que sobrevuela en el aire. Un día antes de la reunión en la Casa Rosada, Mariano Campero, uno de los diputados con pedido de expulsión de la UCR, y que estuvo ayer con el presidente junto a varios colegas, mencionó en una entrevista los aspectos por los cuales él y sus dos colegas que caminan hacia la expulsión decidieron “colaborar” con Milei.
Citó algunas cuestiones clásicas, como permitir que el Gobierno pueda desarrollar sus proyectos, y, casi de paso, en esa lista de motivos expresó: “El juicio político”, secamente, sin articulaciones anteriores ni posteriores en su oratoria; así, sin detalles, dejando entender, aunque muy de paso, que le ofrecen una garantía a Milei para que no esté expuesto a un eventual juicio político.
Esta posibilidad no figura entre lo que se viene discutiendo en estas horas, sin embargo el mencionado diputado sacó a relucir ese peligro, casi susurrando y mezclándolo, disimulándolo con otros temas. Los malpensantes habrán deducido que estos tres radicales, entre los que se encuentra el diputado nacional por Misiones, Martín Arjol, están queriendo extorsionar al presidente, ofreciéndose como garantías para que, si llegase el caso, un pedido de juicio a Milei no consiga en la Cámara los votos suficientes para prosperar.
¿Por qué el diputado radical Campero (todavía radical) le recordó nuevamente a Milei ese presunto peligro de que lo sometan a un juicio político? Arjol, por su parte, fue más claro antes, cuando dijo que el radicalismo ahora es Milei; y entre radicales hay que defenderse, defenderse entre ellos antes que defender a los jubilados y a los cientos y cientos de miles de desocupados que va dejando hora tras hora la gestión de Milei.
Todo un honor para la UCR: Campero, Martín Arjol y otros “dirigentes” radicales, empujando junto a Javier Milei, un carro lleno de cuerpos de jubilados y desocupados, llevándolos hacia una fosa común que tendrá encima una lápida en la que solo se diga “víctimas de…” y se vea ostentosamente la foto de los victimarios, esos que ayer en la Casa Rosada reían satisfechos y alegres tras haber hablado de intereses “mutuos”.