Historia
ELLOS SON MUCHOS PERO NOSOTROS SOMOS MEJORES
Las Termópilas se constituyeron en el ejemplo de lo que puede el patriotismo, el valor y el desinterés frente a un enemigo aparentemente insuperable, tal como lo hicieron nuestros gauchos en la Vuelta de Obligado o los que enfrentaron a las dictaduras del siglo pasado con mucha voluntad, pocas armas y una confianza infinita también a nuestros héroes de Malvinas, que combatieron sin una dirección experimentada a combatientes de élite al servicio de la codicia y la explotación.
Esparta
Esta ciudad del Peloponeso griego se oponía a la Atenas comercial e imperialista y vivía bajo estrictas reglas de conducta austera y esforzada dictadas por su reformador unos siete siglos antes de Cristo. Por ejemplo, su capital no tenía murallas porque en su forma de ver servían para defender a los cobardes. La educación era colectivista con una fuerte orientacion militar. Las mujeres tenían muchos más derechos que en el resto de Grecia y la moneda era escasa y pesada para evitar su acumulación.
“La historia universal” reivindica a Atenas y denosta a Esparta, a pesar que la ciudad que Platón describe como ideal se asemeja mucho a las ciudades espartanas.
Antecedentes
La batalla de las Termópilas tuvo lugar durante la segunda guerra médica; en ella una alianza de las polis griegas, lideradas por Esparta (por tierra) y Atenas (por mar), se unieron para detener la invasión del Imperio persa de Jerjes I. El lapso de la batalla se extendió siete días, siendo tres los días de los combates. Se desarrolló en el estrecho paso de las Termópilas (cuyo nombre se traduce por “Puertas Calientes” - de θερμÏς,-ή,-Ïν ‘caliente’ y ΠÏλη,ης ‘puerta’; a causa de los manantiales de aguas termales que existían allí), en agosto o septiembre del 480 a.C.
Enormemente superados en número, los griegos detuvieron el avance persa situándose estratégicamente en la parte más angosta del desfiladero (se estima de 10 a 30 metros), por donde no pasaría la totalidad del Ejército persa. En esas mismas fechas tenía lugar la batalla de Artemisio, donde por mar los atenienses combatían a la flota de provisiones persa.
La invasión persa fue una respuesta tardía a la derrota sufrida en el 490 a.C. en la primera guerra médica, que había finalizado con la victoria de Atenas en la batalla de Maratón.Jerjes reunió un ejército y una armada inmensas para conquistar la totalidad de Grecia que, conforme a las estimaciones modernas, estaría compuesto por unos 250.000 hombres, aunque de más de dos millones según Heródoto. Ante la inminente invasión, el general ateniense Temístocles propuso que los aliados griegos bloquearan el avance del ejército persa en el paso de las Termópilas, a la vez que detenían a la armada persa en el estrecho de Artemisio.
Un ejército aliado formado por unos 7.000 hombres, aproximadamente, marchó hacia el norte para bloquear el paso en el verano del año 480 a.C. El ejército persa llegó al paso de las Termópilas a finales de agosto o comienzos de septiembre. Durante una semana (tres días completos de combate), la pequeña fuerza comandada por el rey Leónidas I de Esparta bloqueó el único camino que el poderoso ejército persa podía utilizar para acceder a Grecia, en un ancho que no superaba los veinte metros (otras fuentes refieren cien metros). Las bajas persas fueron considerables, no así en el ejército espartano.
Al sexto día, un residente local llamado Efialtes traicionó a los griegos mostrando a los invasores un pequeño camino que podían usar para acceder a la retaguardia de las líneas griegas. Sabiendo que sus líneas iban a ser sobrepasadas, Leónidas despidió a la mayor parte del ejército griego, permaneciendo allí para proteger su retirada junto con 300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos y, posiblemente, algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales cayeron en los combates. Tras el enfrentamiento, la armada aliada recibió en Artemisio las noticias de la derrota en las Termópilas.
Dado que su estrategia requería mantener tanto las Termópilas como Artemisio, y ante la pérdida del paso, la armada aliada decidió retirarse a Salamina. Los persas atravesaron Beocia y capturaron la ciudad de Atenas, que previamente había sido evacuada. Con el fin de alcanzar una victoria decisiva sobre la armada persa, la flota aliada atacó y derrotó a los invasores en la batalla de Salamina a finales de año. Temiendo quedar atrapado en Europa, Jerjes se retiró con la mayor parte de su ejército a Asia, dejando al general Mardonio al mando de las tropas restantes para completar la conquista de Grecia. Al año siguiente, sin embargo, los aliados consiguieron la victoria decisiva en la batalla de Platea, que puso fin a la invasión persa.
Tanto los escritores antiguos como los modernos han utilizado la batalla de las Termópilas como un ejemplo del poder que puede ejercer sobre un ejército el patriotismo y la defensa de su propio terreno por parte de un pequeño grupo de combatientes. Igualmente, el comportamiento de los defensores ha servido como ejemplo de las ventajas del entrenamiento, el equipamiento y el uso del terreno como multiplicadores de la fuerza de un ejército, y se ha convertido en un símbolo de la valentía frente a la adversidad insuperable.
Trasfondo histórico
La expansión constante de los griegos por el Mediterráneo, tanto hacia oriente como occidente, les llevó a crear colonias y ciudades importantes (como Mileto, Halicarnaso, Pérgamo) en las costas de Asia Menor (hoy Turquía). Estas ciudades pertenecían a la denominada Jonia helénica, la cual fue tomada totalmente por los persas tras la caída del reino de Lidia.
Tras varias rebeliones de estas ciudades contra los persas, se logró un equilibrio, donde finalmente el Imperio aqueménida les concedió un grado de autonomía a cambio de fuertes tributos, a pesar de lo cual los colonos helenos siguieron aspirando a la libertad absoluta. Se sublevaron contra el poder imperial y obtuvieron algunas victorias iniciales, pero conocían su inferioridad ante el coloso asiático, por lo que pidieron ayuda a los griegos continentales. Los espartanos se negaron en un principio, pero los atenienses sí los apoyaron, dando comienzo a las guerras médicas.
Revuelta de Jonia (499-494 a.C.)
Las ciudades estado de Atenas y Eretria apoyaron la revuelta jónica contra el Imperio persa de Darío I, la cual tuvo lugar entre los años 499 y 494 a.C.
Por aquella época, el Imperio persa era todavía relativamente joven y, por lo tanto, más susceptible de sufrir revueltas entre sus súbditos. Además, Darío no había accedido al trono pacíficamente, sino tras asesinar a Gaumata, su predecesor, lo que había supuesto la necesidad de extinguir una serie de levantamientos en su contra. Por todo ello, la revuelta jónica no era un tema menor, sino una verdadera amenaza a la integridad del Imperio, y por ese motivo, Darío juró castigar no solo a los jonios, sino también a todos aquellos que hubiesen estado involucrados en la rebelión, especialmente a aquellos pueblos que no eran parte del Imperio.
Asimismo, Darío vio la ocasión de expandir su poder hacia el fraccionado mundo de la Antigua Grecia. Por ello, envió una expedición preliminar bajo el mando del general Mardonio en el 492 a. C. para asegurar el acercamiento a la tierra griega reconquistando Tracia y obligando al reino de Macedonia (cuna de Alejandro Magno) a convertirse en vasallo de Persia.
Batalla de Maratón (490 a.C.)
En 491 a.C. Darío envió emisarios a todas las polis de Grecia, solicitando la entrega “del agua y la tierra” como símbolo de sumisión hacia él y tras la demostración de poder persa del año anterior, la mayoría de las ciudades griegas se sometieron. Sin embargo, Atenas juzgó a los embajadores persas y los ejecutó lanzándolos a un foso. En Esparta, simplemente, fueron arrojados a un pozo. Esto provocó que Esparta también estuviera, oficialmente, en guerra con Persia.
Darío comenzó a preparar en 490 a.C. una misión anfibia bajo el mando de Datis y de Artafernes, la cual comenzó con un ataque sobre Naxos y la posterior sumisión de las Cícladas. La fuerza invasora se trasladó luego a Eretria —ciudad de la isla de Eubea—, que asedió y destruyó.
Finalmente, se dirigió hacia Atenas y desembarcó en la bahía de Maratón, en donde se encontró con un ejército ateniense al que superaba en número. Sin embargo, en el enfrentamiento de los dos ejércitos en la batalla de Maratón, los atenienses obtuvieron una victoria decisiva que supuso la retirada del ejército persa de Europa y su retorno a Asia. Para esa ocasión, los persas habrían contado con un ejército que triplicaba al ateniense, pero sufrió un duro revés.
Esparta no participó en la batalla contra los persas. Atenas, con la finalidad de hacer frente a la invasión, solicitó ayuda a los espartanos para luchar, pero como se ha dicho, el origen del problema residía en las colonias griegas en Asia, y Esparta no había fundado ninguna ni tampoco las había ayudado en la rebelión. Por lo tanto, los lacedemonios no se sentían implicados. Tanto es así que no acudieron a la batalla de Maratón por estar celebrando las fiestas de Apolo Carneo (llamadas Carneas).
En cualquier caso, y tras la derrota, Darío reaccionó comenzando a reclutar un nuevo ejército de inmenso tamaño, que doblara o quintuplicara al que fue derrotado en Maratón, para poder invadir Grecia. Sin embargo, sus planes se vieron interrumpidos cuando, en 486 a.C., se produjo una revuelta en Egipto que obligó a posponer la expedición.Darío murió durante los preparativos contra Egipto y el trono de Persia pasó a su hijo, Jerjes I, quien aplastó la rebelión egipcia.
Preludio
Jerjes rápidamente retomó los preparativos para la invasión de Grecia que, al tratarse de una invasión a gran escala, necesitaba una larga planificación que permitiese acumular las provisiones necesarias y reclutar, equipar y entrenar a los soldados.
Alianza Esparta - Atenas
La flota ateniense, al mando del estratega Temístocles, fue decisiva para debilitar los aprovisionamientos persas vía marítima, y crucial en la victoria naval en Salamina. Temístocles había enfrentado a los persas 10 años atrás, en la victoria de la batalla de Maratón. Los atenienses, por su parte, también se habían estado preparando para afrontar una guerra contra Persia desde mediados de la década de los años 480 a.C.
Finalmente, en 482 a.C. se tomó la decisión, bajo la guía del estadista ateniense Temístocles, de construir una enorme flota de trirremes, imprescindible para que los griegos pudiesen enfrentarse a los persas. Sin embargo, los atenienses carecían de la capacidad y la población suficiente para enfrentarse al enemigo a un mismo tiempo en tierra y en el mar, por lo que para combatir a los persas necesitaban llegar a una alianza con otras polis de Grecia.
En 481 a.C. el emperador Jerjes envió embajadores por toda Grecia solicitando de nuevo “la tierra y el agua”, pero omitiendo deliberadamente a Atenas y a Esparta.Sin embargo, algunas ciudades fueron alineándose con estos dos estados líderes, para lo cual se celebró un congreso de polis griegas en Corinto a finales del otoño de 481 a.C., del que surgió una confederación aliada de ciudades estado.
Esta confederación tenía el poder de enviar emisarios solicitando ayuda y de enviar tropas desde los Estados miembros hasta los puntos de defensa tras haberlo consultado conjuntamente. Este hecho en sí mismo era de gran trascendencia en atención a la desunión que había existido históricamente entre las ciudades estado, y en especial si se tiene en cuenta que muchas de ellas estaban todavía técnicamente en guerra unas con otras.
El Oráculo de Delfos
La leyenda de las Termópilas, tal y como la cuenta Heródoto, dice que los espartanos consultaron al Oráculo de Delfos ese mismo año sobre el resultado de la guerra. Se dice que el Oráculo dictaminó que, o bien la ciudad de Esparta sería saqueada por los persas, o bien debían sufrir la pérdida de un rey descendiente de Heracles. Heródoto dice que Leónidas, en línea con la profecía, estaba convencido de que se dirigía a una muerte segura, y que por eso eligió como soldados solo a espartanos que contaran con hijos vivos.
La estrategia griega
La confederación volvió a reunirse en la primavera de 480 a.C. Una delegación tesalia sugirió que los aliados se reunieran en el angosto valle de Tempe, en las fronteras de Tesalia, para bloquear el avance de Jerjes. Se envió una fuerza compuesta por 10.000 hoplitas al valle, considerando que el ejército persa iba a verse obligado a atravesarlo. Sin embargo, una vez ahí fueron avisados por Alejandro I de Macedonia de que el valle podía ser atravesado y rodeado por el paso Sarantoporo, y de que el ejército persa era de un tamaño inmenso, por lo que los griegos se retiraron. Poco después recibieron la noticia de que Jerjes había atravesado el Helesponto.
La estrategia de los griegos fue bloquear la invasión persa en un estrecho margen de 15 a 25 metros, siendo imposible para el ejército invasor desplegar la totalidad de sus tropas (250.000-400.000 hombres, según cálculos actuales). Los persas, luego de sufrir cuantiosas bajas, entre 20 mil y 50 mil soldados, en el séptimo día pasaron por un sendero alternativo (bordeando los montes Anopea y Eta), aniquilando a la guarnición espartana, y continuando hacia Atenas (ya evacuada). Los griegos se agruparon en Corinto (8 km de ancho), impidiendo que Jerjes pasara al Peloponeso y ocupara Esparta.
Temístocles sugirió entonces una segunda estrategia a los aliados. La ruta hacia el sur de Grecia (Beocia, Ática y el Peloponeso) exigía que el ejército de Jerjes atravesase el estrechísimo paso de las Termópilas. Este paso podía bloquearse fácilmente con los hoplitas griegos a pesar del abrumador número de soldados persas. Además, y para evitar que los persas superaran la posición griega por mar, los navíos atenienses y aliados podrían bloquear el estrecho de Artemisio. Esta estrategia dual fue finalmente aceptada por la confederación. Sin embargo, las ciudades del Peloponeso prepararon planes de emergencia para defender el istmo de Corinto en el caso de que fuera necesario, a la vez que las mujeres y niños de Atenas fueron evacuados en masa hacia la ciudad peloponesia de Trecén.
Persia cruza el Helesponto
Jerjes decidió construir puentes sobre el Helesponto para permitir a su ejército atravesar desde Asia hasta Europa, y cavar un canal a través del istmo del monte Athos (canal de Jerjes) para que lo atravesaran sus naves (una flota persa había sido destruida en 492 a.C. mientras rodeaba ese cabo). Estas obras de ingeniería eran operaciones de una gran ambición que estaban fuera del alcance de cualquier otro estado contemporáneo.
Finalmente, a comienzos de 480 a.C., se completaron los preparativos para la invasión, y el ejército que Jerjes había reunido en Sardes marchó en dirección a Europa, cruzando el Helesponto sobre dos puentes flotantes. El ejército persa se desplazó a través de Tracia y Macedonia, llegando en agosto a Grecia las noticias de la inminente invasión de los persas.
Preparativos de Esparta
En aquella época, los espartanos, líderes militares de facto de la alianza, estaban celebrando la festividad religiosa de las Carneas. Durante ese festival, la actividad militar estaba prohibida por la ley espartana y, de hecho, los espartanos no llegaron a tiempo a la batalla de Maratón por estar celebrando el festival.
También se estaban celebrando los Juegos Olímpicos, por lo que debido a la tregua imperante durante su celebración habría sido doblemente sacrílego para los espartanos marchar en su totalidad a la guerra. En esta ocasión, sin embargo, los éforos decidieron que la urgencia era lo suficientemente importante como para justificar el envío de una expedición avanzada para bloquear el paso; expedición que estaría comandada por uno de los dos reyes espartanos, Leónidas I.
Leónidas llevó consigo a 300 hombres de la guardia real, los Hippeis, así como a un número mayor de tropas de apoyo procedentes de otros lugares de Lacedemonia (incluyendo ilotas). La expedición debería intentar agrupar el mayor número posible de aliados sobre la marcha y esperar la llegada del ejército espartano principal.
En el camino hacia las Termópilas, el ejército espartano fue reforzado por contingentes procedentes de diversas ciudades, llegando a alcanzar una cifra superior a los 5.000 soldados en el momento en que llegaron a su destino.
Leónidas eligió acampar y defender la parte más estrecha del paso de las Termópilas, en un lugar en el que los habitantes de Fócida habían levantado una muralla defensiva algún tiempo atrás.También le llegaron noticias a Leónidas, desde la cercana ciudad de Traquinia, de la existencia de un camino montañoso que podía ser utilizado para rodear el paso de las Termópilas. En respuesta, Leónidas envió a 1.000 soldados focidios para que se estacionaran en las alturas y evitasen esta maniobra.
Finalmente, el ejército persa fue avistado atravesando el golfo Maliaco y acercándose a las Termópilas a mediados de agosto y, ante este hecho, los aliados mantuvieron un consejo de guerra en el que algunos peloponesios sugirieron retirarse hasta el istmo de Corinto para bloquear el paso al Peloponeso. Sin embargo, los habitantes de Fócida y Lócrida, regiones cercanas a las Termópilas, se indignaron por la sugerencia y aconsejaron defender el paso, a la vez que enviaban emisarios a pedir más ayuda. Sin embargo, Leónidas se mostró de acuerdo con defender las Termópilas.