2025-02-25

Las muertes de jubilados

En los días 19 y 20 de diciembre del 2001, cerca de cuarenta argentinos murieron y otros quinientos fueron heridos por el fuego de la represión contra manifestantes que repudiaban la mala gestión del presidente Fernando de la Rúa. Horas después de esa masacre, el entonces jefe de Estado renunció a su cargo.

Treinta muertos es algo terrible y ningún gobierno tiene derecho de quedar eximido de dar explicaciones si esos desenlaces fatales pudieron ser causados por decisiones estatales. De la Rúa nunca, ni aquellos terribles momentos ni en los años siguientes, supo dar explicaciones suficientes sobre tantas muertes por represión. Pero sí reaccionó rápidamente con su renuncia al conocer la tragedia.

En lo que va del gobierno encabezado por Javier Milei, ya más de un año, no hay datos públicos sobre cuántos muertos por represión, por hambre o por falta de medicamentes pesan sobre la conciencia del actual equipo que gobierna a la Argentina. Muertes, por ejemplo, entre los argentinos de más edad y de menores recursos.

Las violentas represiones a los jubilados siguen, pero los fallecimientos no se cuentan, porque suceden fuera de los focos de atención; aunque es muy posible que ya sean muchos los jubilados que murieron, después de asistir a sus manifestaciones, por efectos directos de esas represiones, o murieron por los más silenciosos efectos de la política anti viejos que viene implementando Javier Milei.

El programa homicida comenzó apenas el candidato de Karina Milei y de Mauricio Macri ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en noviembre del 2023. Entre diciembre de aquel año y enero y febrero del 2024, ya con Javier Milei instalado en la presidencia de la Nación, casi todos los argentinos, pero especialmente los jubilados fueron destrozados por un brutal aumento de la inflación que en ese lapso acumuló más, en varios rubros muchísimo más, del cincuenta por ciento y que fue generada artificialmente por las declaraciones, las actuaciones y las primeras acciones cometidas por el nuevo Gobierno.

A partir de ese brutal ataque que les quitó recursos, muchos jubilados se fueron muriendo por hambre, por enfermedades que pasaron a tener desenlaces fatales por la falta de medicación, y por angustia. Aquel plan homicida funcionaba, y además Milei y sus secuaces lo fueron perfeccionando con medidas como la quita de varios de los beneficios que tenían los jubilados para poder comprar remedios y recibir atención médica sin costos o con costos reducidos.

Así, los ancianos fueron condenados al desamparo y a recibir las balas y los golpes que fuerzas policiales y de seguridad son obligadas a repartir por orden de la ministra preferida de Milei, Patricia Bullrich; muy tristemente eficiente ella en hacer golpear a los jubilados como a la vez muy ineficiente para combatir en serio al narcotráfico y a la delincuencia común (que también se ensañan contra los viejos, como si orquestadamente actuaran en sintonía con los designios del dúo Milei-Bullrich).

Y ante cada jubilado muerto, Milei, con sus tenebrosas muecas que parecen expresar sadismo, puede exclamar: “un abuelo menos”, Como los nazis cada vez que mataban a un judío: “uno menos”.

Ahora, siguiendo con el plan homicida, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció que el suplemento de setenta mil pesos que desde el Gobierno anterior se le venía dando a los jubilados que cobran la mínima, seguirá siendo, pese a la inflación, de solo setenta mil pesos, como desde hace ya mucho más de un año. “No tenemos recursos para mejorar los haberes jubilatorios”, dijo este insensible Caputo, y lo mismo dijo Milei.

O sea que ambos declararon que la política económica del actual Gobierno nacional está resultando un gran fracaso, dado que, pese a brutales recortes presupuestarios, después de un año y pico de gestión no se tiene recursos para lo más básico. Y mientras ese fracaso se hace cada vez más evidente, Milei ríe a las carcajadas agitando la mortal motosierra, como festejando cortes de cabezas, ya ocurridos o prontos a ocurrir. Sadismo, desenfrenado sadismo.

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