Acorralados y peligrosos
Marzo está comenzando con un nuevo impulso inflacionario, ya preanunciado con el alza de varios precios que se registró en febrero; y otros índices de la economía argentina siguen siendo negativos.
No extraña entonces que se esté desgastando y volviéndose inservible e insoportable el ya demasiado monótono cuentito de Javier Milei sobre el control de la inflación en niveles bajos y sobre una mentida recuperación económica y productiva (que tiene algo de real en solo algunos sectores que poco o nada benefician a los argentinos).
En tanto, la situación internacional va tomando caminos muy distintos a los que hubiese querido el actual presidente argentino, quien a la vez que va dejando de ser un sujeto de interés para los líderes mundiales va pasando a ser un sujeto de interés, de mucho interés, para la Justicia de algunos países. Especialmente para la Justicia de los Estados Unidos de América.
Milei, está acorralado. Acorralado por sus propios errores, por su incapacidad de gestión económica real, por su mala junta (empezando por juntarse con sí mismo), y sobre todo acorralado por denuncias sobre presuntas graves estafas financieras que lo tendrían como protagonista y que están siendo investigadas por jueces del Norte continental; del país de Donald Trump, por empezar (ya empezó) y quizá pronto por la Justicia de Canadá y de México, los otros países de aquel Norte, donde también hay inversores a los que no les gusta ser estafados.
Por lo pronto, el famoso y temido FBI (poderosa agencia estadounidense de investigaciones), hizo saber que está indagando sobre las ramificaciones de la estafa con criptomonedas en la que Milei aparece muy comprometido. No es la primera vez que en los últimos tiempos la agencia estadounidense investiga a personajes de la casta “libertaria” que está gobernando en la Argentina.
Hace poco se involucró, con resultados que por ahora no se conocen públicamente, en la investigación del caso de un adherente al mileinismo, presunto (o más que presunto) traficante argentino detenido en Paraguay, apresado con las manos en la masa cuando intentaba ingresar a aquel país vecino con gran cantidad de dólares no declarados.
También, por las características del delito, dicha agencia puso su mira sobre un diputado puertista (y consecuentemente mileinista, “libertario”) acusado de pedofilia. Casos estos que podrían también ser parte de la trama que acorrala a Milei, que lo acorrala en Argentina y lo acorrala en el mundo. Y se nota que él y los suyos se sienten acorralados.
Recientemente, en pasillos del Congreso de la Nación, el principal colaborador (sino mandante) del presidente Milei y reconocido “hombre fuerte” del Gobierno nacional, habría pronunciado una frase espantosa durante una discusión que mantuvo con un Diputado Nacional opositor que tuvo la osadía de mostrarle la Constitución Argentina a Milei (que es como si se le mostrara una cruz cristiana a Drácula).
El supuesto “hombre fuerte” habría amenazado al Diputado Nacional diciéndole algo así como “te vamos a caer con todo el peso del Estado”. Recordemos: caer irregularmente, fuera de las leyes y de los poderes otorgados, con el peso del Estado sobre un ciudadano, es lisa y llanamente un delito de lesa humanidad, como quedó bien aclarado con motivo de los crímenes cometidos por los represores que durante la última dictadura usaron ilegalmente el poder del Estado para matar, violar, robar, secuestrar, acallar, tomar venganzas, etcétera.
Por ahí andaría Santiago Caputo, si es que realmente pronunció tal amenaza de usar a su capricho las fuerzas del Estado. Un Caputo que, como muchos recordarán, se exhibió hace unos pocos meses mientras realizaba ejercicio de tiro con una potente arma de fuego, de esas que pueden ser portadas sin que se note en un bolsillo o en la cintura.
¿Por qué esa preparación armada, acaso ese Caputo se siente acorralado, como su coequiper Milei? Y, a propósito de la amenazante presencia de Caputo en el Congreso, un ámbito donde se ve repetidamente y con aires de contralor a la funcionaria del Poder Ejecutivo, Karina Milei, y donde el presidente Milei genera condiciones para pronunciar discursos institucionales ante una asamblea reducida a mucho menos que la mitad, cabe recordar otro de los aspectos de la última y sangrienta dictadura que usó al Estado a su antojo.
Suele señalarse que las dictadura de facto lo primero que hacen es suprimir las legislaturas; pero no siempre es así, alguna vez en lugar de suprimirla la cambiaron ridículamente. En la última dictadura, apenas se instaló la junta militar, tras derrocar al gobierno constitucional, los sediciosos echaron a todos los diputados y senadores pero dejaron “funcionando” al Congreso, en cuyo palacio instalaron a tres encargados de una nueva legislatura; tres jefes militares, uno representando al Ejército, otro a la Marina y otro a las Fuerza Aérea.
Tenían el objetivo, simbólico, de controlar al Poder Ejecutivo y de revisar leyes y decretos. Fueron tres. Hoy, aunque una situación casi no tiene nada que ver con la otra, los tres que mandan en el libertarismo, Santiago Caputo, Karina Milei, y Javier Milei, parece que pretenden ser los dueños del Poder Legislativo Nacional, además de lo que de hecho ya son: dueños del Poder Ejecutivo. Otro signo de que se sienten acorralados.
Como si los tres pretendiesen atrincherarse en las instituciones, armados con motosierras y con la pistola de Caputo, para rechazar los avances legales de la Justicia Internacional que investiga ciertas estafas de gran magnitud; y que, por otra parte, investiga tráficos ilegales de divisas y tramas de pedofilia.