“Si no tiene plata no pregunte”
Los periodistas pobres, o con bienes propios de bajo valor, no podrán hacer preguntar al presidente ni a sus ministros y asesores especiales. O, por lo menos, esa podría ser la intención del Gobierno nacional según se deduce de distintas expresiones formuladas desde ámbitos centrales del Poder Ejecutivo Nacional.
El propio presidente Javier Milei lo había sugerido meses atrás, al expresar que las declaraciones juradas de bienes servirían para saber con qué recursos monetarios y patrimoniales propios los periodistas podrían afrontar posibles demandas del presidente o de “uno de los suyos” que se molesten por preguntas que consideren indiscretas o que quieran hacer creer que son indiscretas (hacérselo creer a un juez).
Milei hizo aquella sugerencia, o cuasi anuncio oficial, aunque luego no se supo que avanzase mucho en ese sentido. Pero ahora resurge el peligro, ya que horas atrás el vocero presidencial anunció que se tomarán varias medidas tendientes a regular (cercenar) el desempeño de los periodistas que trabajan en la sala de prensa de la sede del Gobierno argentino, la llamada Casa Rosada porque en sus primeros años era pintada con sangre de bueyes diluida en agua (actualmente no se sabe con qué se la pinta, pero señoreando allí los actuales mandatarios mejor ni tratar de averiguarlo).
La cuestión que se plantea ahora podría expresarse sencillamente con la siguiente escena que podría convertirse en realidad. “Señor presidente, ¿me permite una pregunta?”, dice un periodista; y el presidente responde: “Muéstreme primero su bolsillo a ver cuánta plata le puedo sacar, si es poca no pregunte ni abra más la boca”. Suena ridículo, pero de eso se trata.
También absurdo y además sumamente dramático y triste es que actualmente, bajo el reinado del trío compuesto por Santiago Caputo, Karina Milei y Javier Milei, los pobres, que cada vez son más, están siendo silenciados; son pobres, nada de andar queriendo preguntar por sus derechos que les están siendo negados.
Otra ridiculez es la intención anunciada por el vocero presidencial de que “la gente” decida quiénes son los periodistas que podrán formular preguntas al Gobierno. Esto se haría mediante un sistema de votación mediática, algo que bien podrían controlar y manipular los numerosos especialistas en eso que están al servicio del presidente y de su nunca bien explicado liberalismo que con las libertades tiene poco que ver.
Una medida represiva que además sería un verdadero circo de mala calidad, destinado a cubrir lo que el Gobierno de Milei quiera ocultar, con un triste manto de superficialidad y de distracción. O sea que para preguntar al presidente, a su vocero, a su hermana, el periodista tendrá que ser rico y tendrá además que prestarse, gratis, a ser parte de un espectáculo de diversiones.
Aunque la diversión con semejante circo no sería muy frecuente, porque el vocero Manuel Adorni se presenta cada vez menos ante la prensa y hasta pareciera que hay un intento de ir vaciando las funciones de la sala de prensa de la Casa Rosada, en tanto que el presidente ya directamente huye de todo lugar que no tenga estrictamente controlado.
Y pronto también tendrá que “huir” de su cuentito de que ha logrado controlar la inflación, pues se va haciendo evidente que para nada controla la suba desconsiderada de precios. Otro motivo para evitar preguntas.
Curiosamente, y esto no es un chiste (puede constatarse en publicaciones y grabaciones de varios medios), el presidente Milei, Javier Gerardo, tampoco quiere que se le haga preguntas a sus perros, o que se haga preguntas sobre ellos. Y en esto la orden presidencial es pareja: ni los pobres ni los ricos pueden indagar sobre los costosos caniles que se construyeron en la residencia presidencial de Olivos.