2025-04-02

La infamia de la pedofilia no debe disimularse

Los delitos por los cuales están acusados Germán Kiczka y Sebastián Kiczka son notoriamente enormes y aberrantes. Chocante entonces, muy chocante, resulta que al juicio que se empieza a desarrollar por esos crímenes se lo pretenda presentar como una especie de fría e intrascendente formalidad judicial, con anodinos “partes informativos” que nada informan sobre las dimensiones monstruosas de las responsabilidades que se deben establecer.

El lunes y el martes de esta semana se desarrollaron las dos primeras jornadas de este juicio por presuntos (técnicamente hay que decir “presuntos” hasta que no se llegue formalmente a un fallo condenatorio) casos de pedofilia y otros crímenes contra la integridad sexual, física y mental de niños.

De esas jornadas, desde el ámbito judicial solo se brindó un muy parcial panorama, en el que no aparece la trascendencia que tienen los delitos en cuestión ni aparecen señalaciones sobre la por lo menos presunta tremenda criminalidad de los acusados; ni aparece lo que más debería estar presente en torno a ese caso: el drama de las víctimas y el peligro a que está expuesta toda la sociedad ante la existencia de sujetos que cometen estos tipos de delitos, peligro que se hace mayor cuando esos criminales  o resultan impunes o aparecen en una sala de justicia invadida de un frío que no proviene de los aires acondicionados sino de algo que puede ser, o al menos parecer, indiferencia respecto a la gravedad de los crímenes que allí se están considerando.

Es cierto, falta mucho, el juicio recién comienza; pero las investigaciones que llevaron a la realización de este juicio presentaron, con claros ribetes de fundadas evidencias, cosas que espantan extremamente a la sociedad, espanto que no puede estar ausente ni tratar de silenciarse o dejarse aparte en lo que se deja ver y escuchar en el aula del proceso.

No hay que olvidar que en esta causa no está en juego solo el destino de los acusados y de sus cómplices, no se trata solo de llegar a un fallo que les imponga una determinada condena; se trata también de salvaguardar a la sociedad, y más precisamente a otros niños, de estos tipos de crímenes; y esa salvaguardia, más que con una condena judicial que puede llegar dentro de años, se puede obtener antes con la función ejemplificadora que debe tener siempre la Justicia no solo con sus fallos finales sino con la exposición de la gravedad de las conductas criminales que se analizan en los estrados de la Justicia, en sus audiencias y en los mensajes informativos que se vayan dando oficialmente.

Germán Kiczka, uno de estos dos acusados de practicar y difundir el infame crimen de pedofilia, fue diputado provincial, electo como parte de una agrupación partidaria que tiene como impulsores y jefes a Ramón Puerta, un muy cuestionado político que adhiere al actual presidente Javier Milei, y al actual diputado provincial Pedro Puerta, jefe y compañero del bloque legislativo de dicho Kiczka. Compañero de bloque, mientras Germán Kiczka ocupaba una banca, antes de su expulsión; jefe político desde hace mucho y probablemente todavía. Y ambos, Germán y Pedro, seguidores de las orientaciones políticas del denominado Ramón.

Respecto a estas relaciones, en las que muchos, aún siendo bien pensantes, no pueden dejar de entrever cosas que podrían relacionarse con al menos partes de lo que podría determinarse en el juicio que tuvo al principio de esta semana sus dos primeras audiencias. Lo cual hace aún más importante y necesario que todo el juicio, y ya desde su inicio, se desarrolle con una abierta exposición de lo tremendo de los casos que se deben juzgar.

Por lo que son las tramas internacionales de la pedofilia y por lo que generan en sus ámbitos locales los que trafican con ese crimen, se puede suponer que hay muchos afectados por lo que se acusa a los hermanos Kiczka, muchos niños y sus familias. Esas víctimas deben ser por lo menos respetadas, y poco respeto pueden encontrar en quienes quieran presentar como un escenario meramente burocrático la sala de audiencias donde se sientan los posibles monstruos y donde aletean las posibles complicidades de estas infamias.

 

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