2025-04-16

Santoral

Pascua de Resurrección

La Resurrección es el fundamento de la fe en Jesús, ya que en ella se basa la esperanza de la salvación del mundo. La Iglesia entera festeja el triunfo de Cristo sobre el pecado y es por ello que todas las parroquias se embellecen de flores y reúnen a toda la comunidad cristiana

El Domingo de Resurrección o Vigilia Pascual es el día en que incluso la Iglesia más pobre se reviste de sus mejores ornamentos. Es la cima del año litúrgico, el aniversario del triunfo de Cristo; la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor.

Un dolor y gozo que se funden, pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de la humanidad: la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios.
Nos dijo San Pablo: “aquel que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo, la vida a nuestros cuerpos mortales”.

No se puede comprender ni explicar la grandeza de las pascuas cristianas sin evocar la judía, el Pesaj, que Israel festejaba, y que se celebra todavía, como festejaron los hebreos hace tres mil años: la víspera de su partida de Egipto, por orden de Moisés. El mismo Jesús celebró el Pesaj todos los años durante su vida terrena, según el ritual en vigor entre el pueblo de Dios, hasta el último año de su vida, en cuya pascua tuvo efecto la cena y la institución de la Eucaristía.

Cristo, al celebrar la Pascua en la Cena, dio a la conmemoración tradicional de la liberación del pueblo judío un sentido nuevo y mucho más amplio. No es a un pueblo, una nación aislada a quien Él libera, sino al mundo entero, al que prepara para el Reino de los Cielos.

Las pascuas cristianas llenas de profundas simbologías celebran la protección que Cristo no ha cesado ni cesará de dispensar a la Iglesia hasta que Él abra las puertas de la Jerusalén celestial. La fiesta de Pascua es, ante todo, la representación del acontecimiento clave de la humanidad: la Resurrección de Jesús después de su muerte consentida por Él, para el rescate y la rehabilitación del hombre caído. Este acontecimiento es un hecho histórico innegable.

Además de que todos los evangelistas lo han referido, San Pablo lo confirma como el historiador que se apoya, no solamente en pruebas, sino en testimonios.
Pascua es victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. ¿Cómo no alegrarse por la victoria de aquél que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz?, ¿Por la victoria de aquél que anteriormente fue flagelado, abofeteado, ensuciado con salivazos, con tanta inhumana crueldad?.


Éste es el día de la esperanza universal, en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad violada, la vida humana no respetada. La Resurrección nos descubre nuestra vocación cristiana y nuestra misión: acercarla a todos los hombres. El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. ¿Creo en la Resurrección?, ¿la proclamo?; ¿creo en mi vocación y misión cristiana?, ¿la vivo?; ¿creo en la resurrección futura?, ¿me alienta en esta vida?. Son cuestionamientos que cabe preguntarse.

El mensaje redentor de la Pascua no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior, sin embargo se realiza de manera positiva con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu, la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz, suma de todos los bienes mesiánicos; en una palabra, la presencia del Señor resucitado. San Pablo lo expresó con incontenible emoción en este texto: “si habéis resucitado con Cristo vuestra vida, entonces os manifestaréis gloriosos con Él” (Col. 3 1-4).

El Domingo de Pascua es el día en el cual Jesús salió de su sepulcro. Este hecho es fundamental para el cristianismo. La Biblia cuenta que, en cuanto se hace de día, tres mujeres van a la cueva donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van corriendo donde está la Virgen con los apóstoles y les dan la gran noticia: ¡ha resucitado! Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. El desconsuelo que tenían el día anterior se transforma en una inmensa alegría. Y, rápidamente, lo transmiten a los demás apóstoles y discípulos. Y todos permanecen con la Virgen esperando el momento de volver a encontrarse con el Señor

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