2025-05-04

Autora: Nelly Dolores Amaro

LA LEYENDA DEL “CERRO MONJE”

Maestra Normal, perita en Administración de Empresas, Profesora en Dibujo Artístico, Licenciada en Artes Plásticas, Especialista en Cultura Guaraní Jesuítica, Magister en Cultura Guaraní Jesuítica, Docente Investigadora (Categoria IX) Por Resolución. Directora Interina en la Escuela Superior de Mecánica (1978-1980), Regente Titular en la Escuela Normal Superior N° 4, Docente Titular en el Instituto Superior de Administración de Empresas de la Ciudad de Posadas, Secretaria Ejecutiva de la Comisión: COPROFA que gestiono y obtuvo la creación de la Facultad de Ingeniería dependiente de la UNaM para la Ciudad de Oberá. Secretaria Académica en la Facultad de Arte y Diseño UNaM (1994-1998), Consejera Directiva en dicha Facultad, Consejera Superior en la UNaM, Secretaria del Consejo Directivo en la Facultad de Arte y Diseño, carácter Ad honorem (1998-2002), Secretaria del Consejo Directivo ídem Facultad (2007-2010), Presidente en varios periodos de la Comisión Municipal de Fiestas Cívicas de Oberá, Presidente del ROTARY CLUB Crisol de Oberá, Secretaria Adjunta y Tesorera del Gremio Docente Universitario de Misiones, Miembro Titular de la Junta Electoral de la Universidad Nacional de Misiones (2002-2006). Disertante Invitada en la Universidad Católica de San Pablo (Brasil), Disertante en diversos Congresos realizados en Buenos Aires y Córdoba. Etc.

PRESENTACIÓN
La provincia de Misiones es un rincón maravilloso, su clima, sus riquezas naturales y artificiales le dan una situación privilegiada, pero los misioneros conocemos poco nuestro terruño. Los turistas de los más diversos lugares del mundo vienen lo recorren de sur a norte y de levante a poniente y nos dicen: "vuestra provincia es hermosa, cuan-tas maravillas encierra y cuantos recuerdos de vuestro linaje y estirpe se encuentran sepultados en sus polvorientos caminos...", y es verdad, Misiones es maravilloso, selvas inmensas, ríos como mares, costas, montes, ciudades nuevas, prodigios insospechados, forman el vasto y magnifico cuadro de nuestra fisiografía.

Hay elemento para el hombre de empresa, para el traficante, el geólogo, para el pintor, el poeta... y lo único que falta es plena decisión para adentrarse en la propia tierra y hacerla espiritual y materialmente nuestra. Y en esta tierra prodigiosa se encuentra situado sobre las márgenes del rio Uruguay, un pueblo, un pueblo pintoresco y de hondo arraigo cristiano, que encierra para nosotros un valor espiritual y tradicional de extraordinaria importancia, y que su fundador el Reverendo padre José Ordoñez, llamó, "San Javier" en homenaje al gran misionero, y es allí hasta donde quiero transportarlos a través de mi relato para hacerles conocer algo auténticamente nuestro, y ese algo es el "Cerro Monje", ese cerro sobre el que se levanta una humilde capilla, y a donde concurren año tras año miles de fieles, en busca de alivio a sus males.


CAPÍTULO I
Contaba mi madre que muchas veces siendo niña oyó a su padre narrar la odisea vivida por unos diez hombres que fueron quienes colaboraron para construir la primera capiIla que se levantó en dicho lugar, y ello ocurrió así:
Corría el año mil ochocientos ochenta, ochenta y uno quizás, cuando un sacerdote que se cree pertenecía a la congregación de los Franciscanos, llegó al paraje que hoy se conoce con los nombres de "Porto Xavier" o "Cerro Pelado" en la vecina república del Brasil, casi frente al puerto de Itacaruaré de nuestra provincia, llevando consigo una imagen tallada en madera dura, a quien "el monje" llamaba "Nuestro Señor de los Desiertos".

Muchos vecinos, al ver a este sacerdote que recorría la región, llevando consigo esa talla lo indagaron, a lo que el mismo respondió;
-Estimados hermanos, solo deseo que Uds. me acompañen, escalaremos ese cerro, si, ese, el más alto que tenéis aquí y construiremos en su cima una capillita donde quedará para protegeros." Nuestro Señor de los Desiertos"
-No, nosotros no podemos, dijo uno
-Imposible padre, agregó otro
-Tenemos mucho trabajo con limpiar la tierra, hacer desmontes, quemar y plantar...etc. Fueron las contestaciones.
-¡Ayúdenme... por favor!, ¿no veis que solo no lo puedo hacer? Insistió el sacerdote
-Pero fue inútil, rogó e insistió pero todo en vano, alli los hombres estaban más ocupado en labrar y plantar sus tierras que ayudar a un religioso que había llegado sin saberse de que lugar, con la imagen de un santo también desconocido, a cuestas.
-Bien ya que ustedes no quieren ayudarme y colaborar conmigo, partiré en busca de un lugar más hospitalario, donde encuentre hombres que quieran ayudarme a construir la capilla que me he propuesto, pero... vais a arrepentiros enormemente, pues en este cerro no germinara semilla alguna, la tierra será por siempre árida y sobre ella nada crecerá.
-Y así ocurrió, pues desde entonces ese lugar se conoce como "Cerro Pelado", porque en el mismo no se ven más que piedras y pastos duros.
-Luego de estas palabras, el religioso continuó su marcha hasta perderse en la lejanía, llevando consigo la tan preciada escultura.


CAPÍTULO II
- Un dia aparece en el pueblito de San Javier en ese San Javier de antaño, que solo contaba con pocas casas, y una capillita de madera, donde de vez en cuando solía llegar un sacerdote que venía de algún pueblo vecino, a caballo o en carretas, para impartir algunos sacramentos y en especial celebrar alguna Misa y realizar bautismos y casamientos.

- Pero una mañana...se escucha que un niño presuroso llama a su madre: Mamá, mamáaa, mamitaaa
-La madre acude presurosa y pregunta al niño -¿Qué pasa, hijo?, ¿Por qué me llamas así?
-Porque en la capillita ha llegado "un cura" y ahora sí, podré bautizarme
-Bueno hijo, andá y avísale a tu madrina para saber en qué momento se podrá realizar el mismo
-La madre, separa unos leños del fuego y sale presurosa hacia la capilla, donde ya se encontraban otras personas, que platicaban con el religioso acerca de la necesidad que el mismo tenía de que lo ayudaran para colocar la imagen que lo acompañaba en el cerro que se encontraba cerca del pueblo de San Javier sobre la margen del rio Uruguay.
Le avisaré a mi marido para que venga a hablar con Ud. Dijo una de las presentes,
-Lo mismo yo, padre, mandaré a mi marido y a mis hijos que vengan a charlar con Ud. Sobre el tema que lo trae por acá.
-Y así unas y otras fueron retirándose a sus hogares, no sin antes invitar al sacerdote a almorzar en la casa de una de ellas.
Cuando las primeras sombras de la noche comenzaron a caer sobre el poblado, y los hombres volvían sudorosos y cansados del largo día pasado en "el rozado" o en la costa del río donde habían estado haciendo sus "jangadas" para llevarlas río abajo en cuanto fuera época de crecientes, se encontraron con la novedad de que en la capilla del pueblo estaba un "cura" que vestía distinto a los demás, pues llevaba hábitos marrones, calzaba sandalias hechas de tiras de cuero y llevaba barba y cabellos largos y ondulados. -

Este extraño sacerdote les manifestaba al grupo reunido:
- En mi estadía acá realizaré bautismos y casamientos, pero antes quiero decirles que no saben ustedes la alegría que tengo de verlos aquí, ya oficiaremos la Santa Misa, y luego cuando vuestros maridos y hermanos regresen del "rozado" quiero hablar con ellos, porque solo ellos podrán ayudarme en la obra que me he propuesto realizar Sí padre, mi marido vendrá, el mío y mis hijos también, fueron las respuestas de todo el grupo.
- Cuando llegó la noche y concurrieron a la convocatoria del sacerdote muchos hombres, éste les manifestÅ‘:
- Si ustedes están de acuerdo y me ayudan en la tarea. acá cerca del pueblo, o sea, allá en la cúspide de aquel cerro que se levanta sobre la costa del rio, allá casi al frente del lugar que vosotros denomináis "corredera del cumandaí", allá si estáis de acuerdo nos dirigiremos mañana al amanecer, para levantar una capillita donde quedara esta preciada imagen.
- Sí padre, creo que todos estamos de acuerdo en colaborar con Ud.. pero no podemos ir y venir todos los días, así que será necesario llevar alimentos para unos cuantos días, dijo don MANUEL, uno de los allí reunidos.
-También debemos llevar herramientas de trabajo, agrego otro
-Sí, herramientas sí, pero en cuanto a alimentos no debéis preocuparos mucho, llevaremos algo para hacer allá y cuando las provisiones se terminen uno de ustedes regresara al pueblo para llevar más, de acuerdo?
-Estimados hermanos, necesito vuestra colaboración, pues me agrada mucho este lugar y quiero dejar en él una imagen de "Nuestro Señor de los Desiertos", pero he de colocar la misma en el lugar más alto que circunda el pueblo.
-Sí padre.
-De acuerdo, agregó otro.
-Venga a cenar y a dormir a casa, padre, así dejamos todo preparado para salir mañana bien temprano.
-Gracias, muchas gracias a todos, pero podéis retiraros tranquilos que yo cumpliré con mis oraciones e implorar a Dios su bendición para vosotros, vuestros hogares y familia, luego comeré algo que me trajeron unos niños y dormiré acá mismo, puedo arreglarme bien, así que no os preocupéis por mí- Y agregó: no os olvidéis, cuando el sol despunte sobre el río nos pondremos en marcha...

Todos se retiraron a sus hogares y esa noche fueron diez las familias que durmieron tarde porque sus jefes hubieron de prepararse ropas, herramientas de trabajo y algunos víveres para una jornada que sabían de antemano sería larga y dificultosa.
Y al día siguiente cuando los primeros rayos del sol comenzaron a aparecer al otro lado del río, estuvieron listos para partir, eran diez hombres sanos y fuertes embuídos de una gran fe religiosa que junto al sacerdote formaban la caravana que en varios "caicos", fueron remontando el río, hasta casi perder de vista al pueblo iban todos alegres y contentos a pesar de haber dejado sus hogares, familia y trabajo pues acompañaban a un religioso que los necesitaba para construir una capilla.
Y mientras el franciscano y sus acompañantes navegaban rio arriba, las mujeres se habían reunido en casa de una de ellas y así comentaban:

-Vio que raro, "el cura" apareció acá de improviso, nadie lo vio llegar...
-No vino en carro ni a caballo, agregó otra.
-Seguro cruzo el rio en alguna "canoa" o "caico"
-No, comadre, no, mi marido dijo que no hay amarrada sobre la costa ninguna embarcación.
-Pero nadando no lo habrá hecho, alegó la que había hablado primero.
-Parece que es el mismo que anduvo por el Brasil, buscando donde dejar "su santo"...
Y las mujeres continuaron sus comentarios, mientras allá bajo el pálido cielo que se iluminaba gradualmente con las primeras claridades del dia, la caravana envuelta en una brisa fresca y olorosa llegaba al pie del lugar elegido.
-Padre ya hemos desembarcado todos, dijo Juan, a lo que el religioso respondió:
-Bien, ahora hagamos primero nuestro pequeño campamento, coloquemos esta preciada imagen sobre unos maderos y pongámonos a trabajar, que Dios nos ayudara.

Los hombres desenfundaron sus machetes y comenzaron a cortar ramas y cañas de las denominadas "tacuaras" con las cuales improvisaron un altar donde colocaron la imagen, se encendió el fuego y todos tomaron su acostumbrado "mate cocido", para luego continuar en la tarea que recién comenzaban.

La selva ribereña con sus espesos matorrales de plantas rastreras, que enredándose a los troncos de los grandes árboles con los tentáculos de las lianas, desarrollaban por todas partes la majestad de las fuerzas libres de la naturale-za, fue cediendo al avance de estos bravos que iban trazando sobre ella una pequeña "picada" que los conduciría a la cima del cerro.

Al mediodía hicieron un alto en sus tareas y regresaron al campamento donde ardían unos leños bajo un improvisado techo de pajas, allí se preparo agua para el mate, y mientras la sana bebida circulaba de mano en mano, el religioso tomó- una ollita de hierro, de esas de tres patas, muy común entre las personas que cumplen tareas rurales y en ella preparó comida para todos.


Continuará el próximo domingo en la misma página

 

 

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