2025-05-18

Cultura

LA LEYENDA DEL “CERRO MONJE”

Y todos se pusieron en camino, para llegar al cabo de más de dos horas en marcha y todos por el trazo que habían abierto en medio de la espesura de la selva, hasta donde se encontraba "el claro" del primer campamento.


Allí se dejaron caer en el suelo, para descansar un rato, antes de abandonar el lugar, momentos que aprovecho el franciscano para hablarles así:
-Estamos vecinos, dentro de unos instantes vamos a separarnos, Dios dirá si volveremos a encontrarnos en esta vida o no. Uds.

Continuaran con sus tareas y yo con la mía, nuestros caminos ya están trazados de antemano, pero quiero solicitarles que ocurra lo que ocurriere, año tras año, vosotros, luego vuestros hijos y los hijos de estos y así de generación en generación, no deben dejar de concurrir en "semana santa" a este lugar, pues así como Jesús fue llevado al Monte de los Olivos y paseado con una enorme cruz a cuestas, para salvarnos de los pecados, así vosotros subiréis con la cruz de vuestros pecados hasta la cúspide de este cerro y allí rezaréis el "santo vía crucis" ante las cruces que vosotros mismo habéis construido y no olvidaos que "Nuestro Señor de los Desiertos", estará siempre implorando a Dios por el bien y la felicidad de todos vosotros.

Cabizbajos, y meditando sobre las palabras del religioso, uno a uno fue llegando a su embarcación y soltando amarras, y mientras las diez familias partían en sus rústicas "canoas" que eran impulsadas en forma más rápida por la corriente del río, quedaba allí, entre el verde los árboles y el murmullo de los pájaros, un hombre extraño, que vestía hábitos color marrón y que a último momento tomando el crucifijo que colgaba sobre su pecho, lo elevó con su mano derecha para impartirles su bendición a la vez que les decía:
-Feliz regreso a vuestros hogares... ¡adiós! ¡Adiós...
-Adiós... ¡Adiós, padre, adiós...!


Y ese saludo tuvo para todos visos de despedida y así fue.
Hombres y mujeres volvieron a sus tareas habituales y los días comenzaron a sucederse y tras ellos las semanas y los meses, llegó el invierno y si bien muchas veces se recordó "al monje", largas e interminables lluvias impidieron que se pudieran intentar llegar hasta la capillita "del cerro" y aunque nadie había vuelto a ver al "monje", todos sabían que el mismo no podía continuar allí, pues era imposible que siguiera en tal lugar.

Al llegar la primavera, un domingo, se reunieron varias familias de San Javier y decidieron ir hasta "el cerro del Monje".
-Al despuntar el día se pusieron en marcha y después de sortear varios obstáculos, y tras muchas peripecias, pues el caminito abierto con anterioridad se encontraba cubierto de malezas, pudieron llegar hasta la capillita y comprobaron que debajo del altar, sobre el que se encontraba la imagen del santo, se encontraba la enorme serpiente y allá abajo, en la enorme gruta seguía morando el yaguareté.

Pero del sacerdote o "monje" nada quedaba y por la forma en que había crecido la maleza, se notaba que hacía mucho tiempo no había persona humana en el lugar, por lo que se "rozó", carpió un poco y se dejó todo en condiciones, diciendo que volverían con más asiduidad a dicho lugar.

Y así se hizo, durante varios años los fieles de San Javier y zona de influencia concurrieron en grandes peregrinaciones durante los días de Semana Santa, y en especial, los viernes santos, para rezar el "Vía crucis" y solicitar favores del santo, o darles las gracias por los favores ya recibidos, a cuyo fin dejaban sobre el altar, joyas, dinero, alhajas, "promesas" de todo tipo y especie, con lo que se iba acumulando un verdadero "tesoro", mientras la fama y el renombre de "Nuestro Señor de los Desiertos" continuaba en aumento, traspasando las fronteras de la provincia y del país, y todos los años enormes caravanas venían de Paraguay, Brasil y provincias vecinas a hacer peregrinación hasta "el Cerro del Monje". Pero... un día cunde la alarma en San Javier. Eran aproximadamente las 18 horas, cuando una negra columna de humo se elevó desde el lugar donde estaba emplazada la capillita.

Mire... ¡miren! Parece que se quema la capillita del "Cerro Monje".
Se está incendiando el "cerro del monje”.
Se quema la capillita del cerro... ¡miren!
Y así como un reguero fue corriendo la voz de alarma, y esa noche varios vecinos reunidos decidieron salir al amanecer rumbo al lugar indicado, para ver lo que había ocurrido.

Pero cuando ellos llegaron tras larga caminata, solo encontraron brasas y cenizas, algunos trozos de metales retorcidos por el fuego, y nada más.
¿Será posible que se haya quemado todo? Indagó don Manuel.
No, yo creo que Dios no lo pudo permitir, agregó otro.
¿Cómo pudo haberse producido un incendio?
¿Serían algunos "devotos" que dejaron velas encendidas?
Así fueron sucediéndose las conjeturas, cuando aparece uno de los pobladores más cercanos del lugar, y dirigiéndose al grupo, dice:
-¿Vieron como incendiaron la capilla y se llevaron a "Nuestro señor de los Desiertos?
¿Cómo?
¿Qué dice Ud? ¿Qué se llevaron el santo?
¡Repita... por favor... repita!
Y entre todos trataban de obtener con más rapidez una repuesta a sus interrogaciones.

Sí, ayer a la tarde estaba siguiendo los rastros de un venado, allá sobre la costa del río, cuando escuché ruidos que provenían de este lugar, y creyendo que se trataba de mi "presa" traté de llegarme hasta acá en la forma más discreta posible, pero... cual fue mi sorpresa al ver que un grupo de cuatro o cinco hombres, abandonaban presurosos el lugar llevando con ellos un enorme "bulto", les llamé, pero ellos continuaron su marcha con mucha prisa, y al instante sentí un fuerte olor a quemado, que provenía de estos lados, tuve un momento de incertidumbre y cuando volví a recuperarme, corrí hacia acá, pero ya enormes y negras columnas de humo se levantaban de la capilla que ardía, sólo alcance a divisar que dentro de ella quedaban muy pocas cosas, que la serpiente tenía la cabeza destrozada con dos tiros y que nuestra preciada imagen había sido sacada del lugar.

Lloré y grité con inutilidad de mis esfuerzos, todo fue en vano, las llamas consumían todo.
-Pero ¿Cómo sabe Ud que se llevaron el santo?
-Porque, ya les dije, primero divisé a los hombres llevándose un enorme bulto, luego vi que en la capilla no estaba, la serpiente muerta a tiros, y más tarde fui recogiendo algunos objetos que con el apuro dejaron en el trayecto "los ladrones".
-Y ahora... ¿Qué hacemos?
¡Nada! Acá nada queda por hacer, solo tratar de organizarnos y levantar nuevamente la capilla.
-Pero.. ¿Quiénes fueron los que se llevaron la imagen?
-¿Qué intenciones tendrían para hacerlo?

Varias fueron las preguntas y ninguna la contestación, y así cabizbajos y agobiados por un intenso dolor, emprendieron el regreso al pueblo, previo juramento hecho sobre las cenizas de lo que fuera la capillita, que no cejarían en su afán de conseguir en devolución o rescatar a "Nuestro Señor de los Desiertos".

Otra capilla construida en maderas y pajas fue levantada en el lugar y algún "devoto" dejó en ella un crucifijo, otro, imágenes pequeñas de varios santos y fieles a la tradición siguieron llegando hasta "el cerro Monje", todos los años, en largas peregrinaciones, y así fueron pasando los años, hasta que un día, llega a San Javier un contingente de brasileños que emigraban de su país por cuestiones políticas y uno de ellos manifestó:
-Nosotros tenemos en "Cerro Largo" (hoy Cerro Azul), un santo tallado en madera dura, que según dice es muy milagroso.
-Nosotros le llamamos "Nuestro Señor de los desiertos" y allá van enormes caravanas de fieles en busca de alivio para sus malos... -agregó otro-
-¿Desde cuándo lo tienen? Aventuro a preguntar don Manuel.
-¿Quién o quiénes le llevaron allí? -Dijo José-
-No lo sabemos, nosotros hace poco tiempo estuvimos allí y nos llamó la atención la devoción por ese Santo, parece ser fue donado por un grupo de personas que lo halló abandonado en medio de la selva...
-¡Ahí esta! ¡Ahí esta! Fue la exclamación del grupo de personas que rodeaban a los forasteros.
-Iremos a recatar la imagen, la traeremos de nuevo al "Cerro"...
-¡Calma! ¡Calma! No podemos ir a buscarlo así, dijo el mayor del grupo, agregando.
-Nosotros no podemos proceder de igual manera que aquellos que destruyeron nuestra capilla, que con tanto esfuerzo habíamos levantado, y nos llevaron a "Nuestro Señor de los Desiertos", no podemos reclamarlo, porque tampoco accederán a ellos, así que como ven, en estos momentos serán estériles nuestros esfuerzos y todos los intentos que para recuperarlo hagamos.
-Pero no podemos permitir que la capilla del "Cerro Monje", quede sin nada adentro...
-Claro que no, eso no ocurrirá jamás, porque a mas de las imágenes de otros santos que se encuentran allí, espiritualmente "Nuestro Señor de los Desiertos" estará siempre en ella, y seguirán bendiciendo este lugar y brindando su protección a todos los que la soliciten, porque para nosotros siempre será "El cerro Monje" y la capilla de Nuestro Señor de los Desiertos.

Y así ocurrió. Años tras año, se renuevan las manifestaciones de fe y todos los viernes santos, se dan cita en la cúspide de aquel cerro caravanas de fieles de los más recónditos lugares, que vienen al mismo a ofrecer el sacrificio de su peregrinación a fin de obtener de "Nuestro Señor de los Desiertos", la concesión de alguna gracia.

Verdaderamente, es conmovedor el espectáculo, personas de distintas clases sociales, razas y religiones mancomunadas en un mismo ideal y unidas en la misma fe, siguiendo paso a paso al capellán que concurre a oficiar los sacrificios religiosos del día.

Hombres y mujeres de rodillas, inclinados en sus oraciones, niños pequeños elevando sus voces de cánticos sagrados, ancianos sostenidos por hijos o nietos, que llegan hasta alli invocando la protección del "Señor"... Y es que, sin contarse con la imagen de "Nuestro Señor de los Desiertos" en dicho lugar, los milagros siguen sucediéndose y por ello, año tras año, son más y más lo que encaminan sus pasos hasta la cúspide de aquel cerro, que un dia, un franciscano eligió para depositar en ella la imagen de un santo, un santo que ha demostrado a través del tiempo la fuerza de su poder.

Llegamos así al final de nuestra historia, historia, cuento o leyenda, aunque para mi madre ello era una hermosa realidad y fueron más de ochenta años los que llevó visitando anualmente "El Cerro Monje", -Y si usted, amigo lector, quiere saciar la curiosidad que pudo despertarle este relato, lléguese hasta San Javier, que allí lo guiarán hasta la capilla del Cerro Monje, y le narrarán una y mil veces esta pequeña historia.

Fin.

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