Las palabras importan: el impacto de lo que decimos en el bienestar emocional
La salud, explica la Organización Mundial de la Salud (OMS), es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y constituye un derecho humano fundamental. Dentro de esa definición se encuentra la salud mental, entendida como la capacidad de enfrentar los momentos difíciles de la vida, desarrollar habilidades, aprender, trabajar y aportar al bienestar colectivo (OMS, 2022). Cuidar nuestra salud mental es esencial: nos permite manejar el estrés, preservar nuestra salud física, mantener relaciones sanas, trabajar de forma productiva y alcanzar nuestro potencial. Sin embargo, tras la pandemia los problemas emocionales se intensificaron. Hoy se estima que entre el 5% y el 20% de la población mundial vive con algún problema de salud mental. Además, una de cada cuatro personas lo experimentará en algún momento de su vida. La mitad de estos casos comienza antes de los 15 años y tres de cada cuatro antes de los 18 (OMS, 2022). El panorama también es alarmante en términos de mortalidad: cada 40 segundos una persona se suicida en el mundo. A ello se suma que las personas con condiciones de salud mental, sin acceso a tratamiento oportuno, suelen vivir entre 10 y 25 años menos, ser menos productivas y enfrentar mayores costos sociales y económicos. La mala salud emocional incrementa hábitos poco saludables —como dietas inadecuadas, sedentarismo y consumo de sustancias— y podría costarle al mundo 16 billones de dólares para 2030. En América Latina, la depresión y la ansiedad están entre las principales causas de discapacidad (OPS, 2018).
Señales de alarma: lo que debemos vigilar
Es fundamental reconocer cambios que podrían indicar un problema de salud mental:Variaciones importantes en el sueño o el apetito. Aislamiento social. Falta de energía. Sensación persistente de vacío o apatía. Dolores inexplicables. Sentimientos de desesperanza o impotencia. Incremento en el uso de alcohol o drogas. Confusión, irritabilidad o miedo inusual. Cambios bruscos de humor. Pensamientos intrusivos. Alucinaciones o ideas falsas. Deseos de autolesionarse o lastimar a otros. Dificultad para realizar actividades cotidianas. Ante la identificación de cualquiera de estas señales, la recomendación es buscar apoyo profesional.
El peso del estigma
A pesar de la evidencia, la salud mental sigue siendo la gran olvidada. Solo 2.8% del gasto global en salud se destina a este rubro. Como consecuencia, muchas personas nunca reciben diagnóstico y, de quienes sí lo tienen, solo entre el 15% y 25% accede a tratamiento. La falta de servicios, los costos y, sobre todo, el estigma, son las principales barreras. “Las palabras importan” es una herramienta creada para reducir ese estigma y guiar a periodistas y comunicadores hacia un lenguaje respetuoso y preciso. Porque el estigma no solo es una etiqueta: es una marca que excluye, discrimina y genera miedo o rechazo hacia quienes viven con estas condiciones. Persisten ideas falsas: que las personas con problemas de salud mental son violentas, incapaces de trabajar, estudiar o formar una familia. Nada de esto es cierto. La evidencia demuestra que no son más violentas que la población general, y con tratamiento adecuado pueden estudiar, trabajar, criar hijos, tener amistades y construir una vida plena.
Un llamado a la empatía
Quienes viven con una condición de salud mental tienen los mismos derechos que cualquier otra persona. Eliminar el estigma comienza por reconocer su dignidad y referirnos a ellas con el lenguaje adecuado. Las palabras pueden acercar o alejar, pueden herir o sanar. En salud mental, las palabras importan. Usemos aquellas que construyen bienestar, inclusión y esperanza.