Cambio en las tarjetas de crédito: la mayoría la usa para sobrevivir
Lejos de impulsar el consumo o mejorar la calidad de vida, el dinero plástico pasó a funcionar como un recurso defensivo frente a la crisis económica. Cada vez más personas recurren al crédito no para comprar más, sino para estirar el mes, administrar gastos básicos y evitar atrasos, en un escenario de creciente endeudamiento.
Durante años, la tarjeta de crédito fue sinónimo de financiamiento, cuotas y acceso a bienes durables. Hoy, ese rol quedó desplazado. El informe de la consultora D’Alessio IROL muestra que el “tarjeteo” ya no responde a expectativas de crecimiento personal, sino a la necesidad de cubrir gastos corrientes ante ingresos que no alcanzan.
Este cambio se refleja en un dato clave: el 90,7% de las operaciones con tarjeta se realizan en un solo pago. La tarjeta ya no se utiliza para financiar compras en cuotas, sino para diferir el pago unos días y ganar aire hasta el próximo ingreso. El estudio advirtió que esta situación no implica un abandono del pago de deudas, sino una reducción drástica del margen de error.
Más morosidad y señales de fatiga financiera
El nuevo patrón de uso viene acompañado de señales de alerta. La morosidad en el financiamiento con tarjeta de crédito alcanzó el 8%, un nivel que expone la fragilidad financiera de amplios sectores de la clase media.
En este contexto, la tarjeta deja de ser una herramienta de conveniencia y se convierte en un instrumento para resistir el ajuste, una estrategia que, con el tiempo, comienza a mostrar desgaste. El impacto del endeudamiento es transversal.
En 2025, el 35% de los argentinos enfrenta dificultades para afrontar sus deudas crediticias, especialmente las vinculadas a la tarjeta de crédito. El fenómeno afecta con mayor intensidad al grupo etario de entre 35 y 45 años, una franja que combina gastos familiares en aumento con ingresos presionados por la inflación.