2026-01-28

Faustino Oro sufrió una derrota ante el azerbaiyano Aydin Suleymanli en el Torneo Challengers en Países Bajos

Una derrota para nada impensada, ante un rival que lo supera en edad, experiencia y fuerza de juego sufrió el prodigio argentino Faustino Oro, de 12 años y 2516 puntos de Elo, ante el gran maestro azerí Aydin Suleymanli, de 20 años, Nº 113 del mundo y 2628 puntos Elo, en la 9ª rueda del Torneo Challengers perteneciente al 88º Festival de Ajedrez Tata Steel, que se lleva a cabo en el Polideportivo De Moriaan Center, en la ciudad costera de Wijk aan Zee, frente al Mar del Norte, en Países Bajos.

Acaso, la caída como tantas veces sucede en el ámbito del ajedrez haya dejado una nueva enseñanza para el niño argentino en su afán de aprendizaje en el dominio de este juego. El planteo de una partida requiere, previamente, un conocimiento profundo de las virtudes o habilidades de tu rival. Y Faustino eligió jugar con fuego; se dispuso llevar el juego a una pelea primero teórica y luego táctica donde su rival se mueve como pez en el agua.

Sólo una vez se habían enfrentado Suleymanli y Fausti en una partida con ritmo clásico; en el campeonato de clubes español, en la división de honor en agosto pasado. Allí, también con piezas negras, el niño se rindió después de descubrir la asombrosa capacidad táctica de su rival.

En la partida de hoy, el “Messi del Ajedrez” optó por jugar, con piezas negras, la sólida defensa Caro Kann, que desde hace más de un siglo pusieron en práctica varios campeones mundiales, tales como Capablanca, Botvinnik, Petrosian, Tal, Karpov, Anand, Topalov e incluso Kasparov.

De las decenas de variantes que surgen tras los primeros cuatro movimientos, Suleymanli -que a los 15 años se adjudicó el fortísimo certamen ruso el Open Aeroflot, y al año siguiente logró el título de gran maestro- optó por la continuación más aguda y ejecutó con la precisión de una máquina las primeras 11 jugadas. Hasta allí, la situación en el tablero era igualada pero ambos jóvenes jugaban sobre el “filo de una navaja”. Una imprecisión podía dar vuelta la partida.

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