2026-04-02

León XIV pidió “servir a los oprimidos” en su primer Jueves Santo

El Pontífice lavó los pies a 12 sacerdotes en San Juan de Letrán y marcó un giro respecto al estilo pastoral de su antecesor.

En su primera Semana Santa como Papa, León XIV encabezó el tradicional rito del lavado de pies durante la misa de Jueves Santo y dejó una fuerte definición sobre el rol de la Iglesia en el mundo actual.

La ceremonia se realizó en la Basílica de San Juan de Letrán, donde el Pontífice lavó y besó los pies de doce sacerdotes, en un gesto que remite a la Última Cena de Jesús con sus apóstoles.

El acto significó un retorno a la tradición litúrgica, en contraste con el estilo de Francisco, quien solía realizar este rito en cárceles, hospitales o con personas marginadas.

Un mensaje directo: servicio y humildad

Durante su homilía, León XIV retomó el sentido espiritual del gesto y dejó una reflexión contundente:
“Al lavar nuestra carne, Jesús purifica nuestra alma. En Él, Dios ha dado ejemplo no de cómo se domina, sino de cómo se libera; de cómo se da la vida, no de cómo se destruye”.

En esa línea, lanzó un llamado claro a los fieles:
“Entonces, ante una humanidad abatida por tantos ejemplos de brutalidad, postrémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos”.

El Papa también cuestionó las lógicas de poder basadas en la violencia:
“Jesús no sólo purifica […] nuestra imagen del hombre, que se percibe poderoso cuando domina, que quiere vencer matando”.

Continuidad y diferencias con Francisco

Si bien retomó una práctica más tradicional, León XIV también citó a su antecesor:
“Este es un deber que me nace del corazón: me encanta hacerlo porque es lo que el Señor me ha enseñado”, recordó, evocando palabras de Francisco.

Durante su pontificado, el Papa argentino había resignificado este rito al incluir a presos, migrantes y personas excluidas, generando tanto reconocimiento como críticas dentro de sectores más conservadores.

Advertencia sobre el contexto global

En otro tramo de su mensaje, León XIV se refirió al escenario internacional y advirtió sobre “un mundo en conflicto entre potencias que lo devastan”.

Además, subrayó que “el bien no puede provenir de la prepotencia” y llamó a construir una Iglesia basada en el servicio, el respeto y la paz.

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