2026-07-07

La informalidad laboral ya alcanza a más de 9 millones de trabajadores y enciende una alarma sobre el empleo

Mientras el Gobierno destaca señales de estabilidad macroeconómica, el mercado laboral argentino muestra otra realidad. La informalidad ya alcanza al 44,4% de los trabajadores, lo que representa más de 9 millones de personas sin aportes jubilatorios, cobertura por accidentes laborales ni los beneficios del empleo registrado.

Los datos corresponden al primer trimestre de 2026 y fueron analizados por la economista Laura Caullo, responsable del Área de Empleo y Política Social del IERAL de la Fundación Mediterránea, quien advirtió que la mejora de algunos indicadores económicos todavía no llega al mercado laboral.

“Haciendo una analogía con el clima futbolístico que estamos viviendo ahora con el Mundial, la macroeconomía comenzó a ordenarse, pero el mercado laboral está jugando otro partido“, afirmó la especialista.

La economista describió una “economía bifurcada”: por un lado aparecen el equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación y el reordenamiento monetario; por el otro, el empleo continúa rezagado, especialmente en los sectores que más mano de obra demandan.

Crece la presión laboral
Otro fenómeno que preocupa es el aumento de la llamada presión laboral, integrada por personas que ya tienen empleo, pero buscan otro trabajo, desean sumar horas o necesitan una segunda ocupación porque sus ingresos no alcanzan.

Actualmente ese universo supera los 5,5 millones de personas, entre desocupados, subocupados y trabajadores que intentan mejorar su situación laboral. De ese total, 2,5 millones ya tienen empleo, pero buscan uno mejor remunerado o más estable. “Los ingresos no alcanzan, por eso presionan para cambiar de trabajo, incrementar el número de horas y, de alguna manera, llegar a fin de mes”, explicó Caullo.

El impacto es especialmente intenso entre mujeres jóvenes. Un informe de IDESA registra que entre 2015 y 2025 se incorporaron al mercado laboral unas 220.000 mujeres de 20 a 29 años, pero la mayor parte lo hizo en empleos precarios: 140.000 pasaron a ser asalariadas privadas no registradas y 130.000 se volcaron al trabajo por cuenta propia; mientras tanto, el número de asalariadas formales cayó en 50.000. Así, la mayor participación femenina corre el riesgo de diluirse si no se generan empleos registrados y productivos.

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