Cultura
Presentaron resultados de los primeros análisis de las tomografías y radiografías realizadas sobre tres esculturas de madera del siglo XVII
Se presentaron los resultados de los primeros análisis de las tomografías y radiografías realizadas sobre tres esculturas de madera del siglo XVII, en el marco del Simposio Legado Guaraní Jesuítico, realizado en Posadas.
Las piezas forman parte de la colección de imaginería religiosa del Museo Histórico y Arqueológico Andrés Guacurarí. Representan a un Cristo Crucificado, a San Isidro Labrador y a San Agustín y fueron talladas a fines del siglo XVII en reducciones del actual territorio de la provincia de Misiones.
La presentación se realizó en la ponencia Tomografía y Patrimonio: Estudios científicos de diagnóstico para la restauración de esculturas del período Jesuítico en la provincia de Misiones.
La mesa estuvo integrada por la Magister Estela Garma; el especialista en diagnóstico por imágenes, Leandro M. Esperanza, y la subsecretaria de Coordinación de Fomento, Regiones Culturales y Museos, Laura Lagable.
En este contexto, del Cristo Crucificado se tomaron 1.232 imágenes, del San Agustín 1.500 y del San Isidro Labrador 700. En el caso del Cristo Crucificado, es la pieza con mayor daño estructural, con un deterioro interno masivo.
Presenta estado más crítico, motivo por el que se encuentra a resguardo, fuera de exhibición, en el Museo Guacurarí. La tomografía reveló que perdió entre el 60% y el 70% del material interno debido a un severo ataque de insectos xilófagos. La infestación generó cavernas no visibles desde el exterior.
En el caso de la pieza del San Isidro Labrador se determinó que se encuentra en un estado de extrema deshidratación. En el análisis previo se documentó que la escultura presentaba una marcada disociación entre tamaño y peso, era excesivamente liviana.
Las 700 imágenes tomográficas confirmaron que la madera base tiene una extrema deshidratación. Se estableció que la pieza tuvo una intervención no técnica en la parte superior.
En tanto que, en la pieza alegórica de San Agustín se había documentado una fisura visible en la base de la talla. La tomografía reveló una grieta interna profunda que se extiende desde la cabeza hasta la parte media de la figura, llegando casi hasta el núcleo de la madera.
Gracias a las 1500 imágenes tomográficas procesadas, se determinó que la obra es inestable. Con esta nueva información, el personal del Museo estableció que la imagen no debe sujetarse por debajo de los brazos, sino sobre la base y la espalda.
El San Agustín presenta una capa pictórica particular, que presenta fisuras en la pintura sin desprendimiento o colapso del sustrato. Las imágenes revelaron un comportamiento poco habitual del material de la cubierta, ya que ocurren de forma habitual desprendimientos con el yeso o sulfato de calcio.
Los rayos X revelaron la presencia de pigmentos densos y metales. La imagen obtenida reveló un brillo característico producido por hidroxicarbonato de plomo (blanco de plomo o albayalde) en toda la superficie.