La carne vacuna, en su nivel de consumo más bajo en más de un siglo

El consumo per cápita cayó a 46 kilos anuales, el registro más bajo desde que existen mediciones, que comenzaron en 1914. El estancamiento de la producción, el encarecimiento frente al pollo y al cerdo y los cambios en los hábitos alimentarios explican una transformación que lleva décadas.

La carne vacuna pierde terreno en la mesa argentina. En los primeros ocho meses de 2026, el consumo interno cayó un 11,3% interanual y el promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en 46 kilos por habitante al año, el nivel más bajo de la serie histórica, según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).

El registro es el más bajo desde 1914, año en que comienza la serie utilizada para medir el consumo. El retroceso no responde únicamente a la situación económica actual: detrás hay una transformación de largo plazo en la producción ganadera, los precios de los alimentos y las preferencias de los consumidores.

De acuerdo con un análisis de Argendata, de la fundación Fundar, a fines de la década de 1960 el consumo de carne vacuna superaba los 80 kilos por persona al año. Para 2023, había descendido a 49 kilos, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La caída se profundizó este año. Durante los primeros nueve meses de 2026, la faena vacuna cayó un 10% interanual, de acuerdo con el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas ABC.

La reducción de animales procesados limita el volumen de carne disponible para abastecer tanto al mercado interno como a las exportaciones. Así, la carne bovina perdió el lugar predominante que ocupó históricamente en la producción nacional. Según Argendata, pasó de representar cerca del 90% de la oferta total de carnes a alrededor de la mitad.

El precio también cambia las decisiones de compra
La diferencia de precios entre las distintas carnes es otro factor central. Cuando la carne vacuna se encarece en relación con el pollo o el cerdo, los hogares pueden reemplazarla por alternativas más accesibles para sostener el consumo de proteínas sin aumentar tanto el gasto. En 2026, la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento relativo de la carne vacuna vuelven a presionar sobre el consumo.

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