Paredones de cemento, calor y altura: la durísima prueba que le espera a Colapinto

El Gran Premio de México representa uno de los exámenes más singulares y exigentes de toda la temporada de la Fórmula 1. Ubicado a más de 2200 metros de altura sobre el nivel del mar, el Autódromo Hermanos Rodríguez le plantea a los pilotos desafíos importantes a los pilotos, que deberán adaptarse a la falta de aire y administrar el sobrecalentamiento de los motores.

Para Franco Colapinto, la pista mexicana es un terreno de pura adrenalina y aprendizaje. La larguísima recta principal, de más de 1.2 kilómetros, permite alcanzar velocidades máximas que superan los 350 km/h antes de clavar los frenos para la primera curva.

El lugar más complicado de la pista y un verdadero laberinto técnico aparece en la zona de las eses entrelazadas y en el histórico sector del Foro Sol, una antigua cancha de béisbol convertida en estadio donde miles de fanáticos rugen pegados al asfalto generando una atmósfera ensordecedora.

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