2026-02-03

“Nunca compré ropa en la Argentina”: la frase de Caputo que expone la desconexión del Gobierno con la realidad cotidiana

El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a quedar en el centro de la polémica tras admitir públicamente que jamás compró ropa en la Argentina, mientras millones de familias enfrentan una fuerte caída del poder adquisitivo y precios que siguen golpeando el consumo básico.

La declaración, realizada durante una entrevista radial, no pasó inadvertida. Lejos de mostrarse empático con la situación social, el funcionario del gobierno de Javier Milei justificó su postura con duras críticas a la industria textil local y una frase que generó malestar:
“Los conozco a la mayoría, excelente gente, los quiero mucho, y el que no viaja en primera no es porque viaja en económica, es porque tiene avión privado”.

El comentario dejó al descubierto una mirada elitista y distante de la realidad que atraviesan los argentinos, muchos de los cuales deben elegir entre vestirse o cubrir necesidades básicas. Mientras el Gobierno impulsa un ajuste profundo y pide “sacrificios”, uno de sus principales ministros reconoce que siempre pudo comprar ropa en el exterior, algo completamente ajeno al día a día de la mayoría de la población.

Caputo sostuvo que durante décadas los argentinos “subsidiaron” a la industria textil pagando precios hasta diez veces más altos que en otros países. Sin embargo, evitó referirse al impacto que la apertura económica y la caída del consumo pueden tener sobre miles de puestos de trabajo, especialmente en un contexto de recesión y pérdida de empleo.

El ministro también relativizó la protección histórica del sector, pese a que reconoció que unas 150 mil familias dependen de la actividad, y defendió un modelo que traslada el costo del ajuste a los trabajadores y consumidores.

Las declaraciones reavivan el debate sobre quiénes pagan el precio del modelo económico actual y profundizan la percepción de un Gobierno desconectado de la vida cotidiana, que analiza el consumo desde la lógica del privilegio y no desde el bolsillo del ciudadano común.

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