Alzheimer y salud cardiovascular: por qué los hábitos diarios pueden proteger el cerebro
Según explicó Bryan Woodruff, neurólogo cognitivo de Mayo Clinic en Arizona, la salud del cerebro está estrechamente vinculada con la salud general y, en particular, con el sistema cardiovascular.
En diálogo con Mayo Clinic, indicó que los mismos hábitos que ayudan a reducir el riesgo de cardiopatías, diabetes y cáncer también pueden influir en la probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer.
El instituto médico recomienda controlar la glucosa elevada, la hipertensión y el colesterol desfavorable, no usar tabaco, mantener un peso saludable, seguir una dieta cardiosaludable, dormir lo suficiente, conservar vínculos sociales, tratar la pérdida de audición y visión, evitar el uso crónico de medicamentos sedantes y hacer ejercicio físico y mental. Woodruff resumió esa relación con una idea central recogida por Mayo Clinic: “Lo que es bueno para la salud general también es bueno para el cerebro”.
También afirmó que el cerebro depende del sistema cardiovascular igual que cualquier otro órgano del cuerpo. El especialista indicó que el Alzheimer se asocia en parte con la acumulación de placas de beta amiloide y proteínas tau, pero añadió que probablemente intervienen otros cambios cerebrales.
“Cuando los científicos examinan los cerebros de personas con enfermedad de Alzheimer después de su muerte, encuentran más que placas y ovillos”, señaló. Entre esos hallazgos figuran acumulaciones de grasas, colesterol y otras sustancias en los vasos que llevan sangre al cerebro. También aparecen microinfartos, una señal de daño microscópico que puede afectar la función cerebral.
Cómo influye la salud vascular en el riesgo de deterioro cognitivo
A diferencia de un accidente cerebrovascular con síntomas notorios, como caída facial, adormecimiento físico, dolor de cabeza grave o dificultad para hablar, los microinfartos suelen pasar inadvertidos.
Esa ausencia de señales no evita el daño: estos episodios pueden privar al tejido cerebral de oxígeno y nutrientes. Si se acumulan suficientes cambios microvasculares, pueden aparecer lentitud mental y problemas de concentración. Para Woodruff, esa secuencia ayuda a explicar por qué cuidar el corazón y los vasos sanguíneos también importa para la salud cerebral.
Hábitos que pueden proteger la salud del cerebro
La lista de medidas prácticas incluye no usar tabaco y mantener un peso saludable. También aconseja seguir una dieta cardiosaludable, como la dieta mediterránea, centrada en alimentos integrales mínimamente procesados, frutas y verduras.
Este patrón alimentario puede favorecer la salud cerebral al ayudar a mantener bajo control la grasa corporal y la inflamación crónica. Dormir lo suficiente forma parte de las recomendaciones.
La información indica que el insomnio se vinculó con el deterioro cognitivo y que el mal descanso también puede elevar el riesgo de enfermedades como la hipertensión y la diabetes, que afectan la cognición. Woodruff también destacó el valor de las relaciones sociales.
La interacción con otras personas podría favorecer la liberación de sustancias como serotonina y dopamina, mejorar el estado de ánimo y estimular nuevas conexiones entre células nerviosas. El ejercicio también aparece entre las medidas de prevención.
La actividad física y mental puede beneficiar la salud cerebral. Mantener la mente activa, sobre todo al intentar aprender cosas nuevas, puede ayudar al cerebro a crear conexiones entre células nerviosas. Con el tiempo, esas redes pueden formar una reserva cognitiva, descrita como una especie de margen de protección frente al daño neurodegenerativo.
La protección del cerebro no depende solo del momento del diagnóstico. Aun cuando ya exista deterioro cognitivo, preservar la salud general sigue siendo una medida válida para cuidar la función cerebral.