PIANCHO

El general que quería ser rey

Juan Carlos Onganía
Juan Carlos Onganía
jueves 22 de junio de 2023

Hasta el 28 de junio de 1966, Argentina había sido víctima de tres golpes de Estado que, al momento de asumir, se declaraban provisorios y que: ‘lo más pronto posible’ reinstalarían el orden constitucional. La “Revolución  argentina” encabezada por el general Onganía fue un hecho inédito porque declaró que se quedaría el tiempo que considerara necesario, promulgó un decálogo que regiría por encima de nuestra constitución y prohibió toda actividad política colocándonos a los argentinos como seres incapaces de decidir su destino. Durante este gobierno ridículo, que no obstante duró cuatro años, hubo víctimas civiles, persecuciones y desapariciones que serían el preámbulo del genocidio; que unos años después, llevarían adelante las Fuerzas Armadas a las órdenes de Videla.


Las fronteras ideológicas

A principios de la década del sesenta, la Revolución cubana modificó el panorama político global. Asustados por la presencia rusa (que facilitaba el acceso, en otros países, a gobiernos socialistas) asustó de tal manera al imperio norteamericano que decidió alambrar sus dominios, y prohibir y perseguir al comunismo, como hicieron los romanos, con el cristianismo.

Proponer la teoría de las fronteras ideológicas, en América Latina, significaba que Norteamérica se prepararía para enfrentar a Rusia, mientras los ejércitos de América Latina cumplirían funciones de ´policía, persiguiendo a la ideología comunista, en todas sus formas. 

Los militares fueron los hijos mimados de esta política de penetración económica y cultural. 

Los más obsecuentes participaban en cursos, en la academia de West Point o en la Escuela de las Américas en Panamá, donde recibían preparación sobre inteligencia, detención, torturas y desaparición de ‘sospechosos’: comunistas o cualquier luchador social considerado por los yanquis como “idiotas útiles” al servicio del comunismo.

En ese tiempo, los generales obsecuentes participaban en los directorios de las empresas multinacionales y contraían enlace matrimonial con las hijas de los terratenientes de la Pampa húmeda, estableciendo una intrincada red de poder al servicio de los intereses norteamericanos en esta parte del mundo. 


Uno entre tantos

Hijo de Carlos Luis Onganía y Sara Rosa Carballo, Onganía ingresó al Colegio Militar de la Nación en 1931, del cual egresó en 1934 como subteniente del arma de caballería. 

En 1937, contrajo matrimonio con María Emilia Green Urien (1915-1990), hija de Enrique Zacarías Green y Emilia Micaela Urien. Tuvo una carrera poco destacada, pero eficiente hasta 1959, cuando fue ascendido al rango de general de brigada.


Desde 1962 hasta 1966

Durante el Gobierno de facto de José María Guido, las Fuerzas Armadas argentinas se enfrentaron en dos facciones por la posición a tomar respecto del peronismo, en el marco de las nuevas políticas adoptadas. Los “azules” -autodenominados “legalistas” y apoyados por el desarrollismo- proponían un peronismo sin Perón, y denominaron a sus opositores “colorados”. Estos -integrados por los liberales y exfuncionarios de la “Revolución Libertadora”- consideraban al peronismo un movimiento clasista afín al comunismo y que debía ser erradicado. El teniente general Onganía era uno de los líderes de la facción “azul”.

El triunfo de los azules llevó al nombramiento de Onganía como comandante en jefe del Ejército el día 22 de septiembre de 1962, aunque ya los principios originales de cada una de las facciones se fueron diluyendo. Al asumir la Presidencia Arturo Umberto Illia, Onganía decidió pasar a un segundo plano.

En agosto de 1964, Onganía asistió a la Quinta Conferencia de jefes de Estado Mayor de los Ejércitos Americanos celebrada en la Academia Militar de West Point, Estados Unidos. Allí, anunció que Argentina adoptaba la doctrina de la seguridad nacional.

A raíz de la insatisfacción de los sectores exteriores, la prensa, y grandes empresas con la política nacionalista y socialdemócrata de este, y a la decisión de Illia de revocar la proscripción del peronismo, fue derrocado por un golpe de Estado que se autodenominó Revolución argentina, encabezado por los titulares de las tres Fuerzas Armadas -el teniente general Pascual Ángel Pistarini (Ejército), el brigadier general Adolfo Álvarez (Fuerza Aérea) y el almirante Benigno Varela (Armada)-  quienes designaron a Onganía como presidente.


Dictadura

Luego del golpe, recién asumido como dictador con el título de presidente, comunicaba a la población: “argentinos, he asumido el cargo de Presidente de la Nación que las Fuerzas Armadas han coincidido en conferirme ante la gravedad de la circunstancia nacional que nos impone obligaciones inexcusables. 

Asimismo, acepto esta responsabilidad excepcional persuadido de que es menester producir en la República un cambio fundamental, una verdadera revolución que devuelva a nuestros argentinos su fe, su confianza y su orgullo”.


Política económica

Onganía, inicialmente, nombró como su ministro de Economía al demócrata-cristiano, Jorge Néstor Salimei, aunque dentro de su gobierno coexistían otras corrientes políticas (nacionalistas y liberales), pero el 3 de enero de 1967 lo reemplazó por el economista liberal, Adalbert Krieger Vasena, quien revocó las medidas de nacionalización y control de capitales, y contuvo la inflación congelando los salarios y devaluando un 40 % la moneda nacional. Se alejó, sin embargo, de la ortodoxia liberal afrontando obras públicas, con lo que mantuvo el ritmo de la actividad industrial. La participación de los salarios en la renta nacional estuvo cercana al 43 % durante el período 1967-1969. Las exportaciones se mantuvieron altas, pero el sector industrial se vio perjudicado por la devaluación y por el aumento de los porcentajes de retención a las exportaciones, así como por la supresión de las medidas de protección. Durante su presidencia, se sancionó el Decreto-Ley 18.188/1969 que creó una nueva moneda para el país. En lo laboral, se sancionó una ley de arbitraje obligatorio, que condicionó la posibilidad de hacer huelga.

Durante su gobierno, desarrolló la teoría de la necesidad de atender primero el “tiempo económico” sobre el “tiempo social” y el “tiempo político”. Onganía intentó mantener la participación de los distintos sectores del país en su gobierno, mediante la formación de comités consultivos en áreas específicas de la política agraria, industrial y económica. Esta medida recibió fuertes críticas de los sectores más conservadores del ejército, sumado al disenso entre los generales y al secuestro y ejecución del teniente general Pedro Eugenio Aramburu, en 1970, que terminó con los días de Onganía frente al Poder Ejecutivo.


La Noche de los Bastones Largos

Un mes después del golpe de Estado, las universidades públicas argentinas estaban entonces organizadas de acuerdo a los principios de la Reforma Universitaria, que establecían la autonomía universitaria del poder político y el cogobierno tripartito de estudiantes, docentes y graduados.

El estallido ocurrió el 29 de julio de 1966 cuando estudiantes y docentes manifestaban en la Universidad, en contra de un intento por parte del nuevo gobierno de facto, de revocar la reforma universitaria. La represión fue particularmente violenta en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

La Policía tenía órdenes de reprimir duramente. El nombre proviene de los bastones largos usados por la Policía para golpear con dureza a las autoridades universitarias, a los estudiantes, profesores y graduados, cuando los hicieron pasar por una doble fila al salir de los edificios, luego de ser detenidos.

Fueron detenidas 400 personas y destruidos laboratorios y bibliotecas universitarias. Como resultado de esta política represiva, cientos de científicos e investigadores se exiliaron, lo que constituyó una significativa “fuga de cerebros”.


Censura artística

El gobierno de Onganía prohibió las representaciones del ballet: El mandarín maravilloso de Béla Bartók, de La consagración de la primavera de Ígor Stravinsky y, posteriormente, el estreno argentino en el Teatro Colón de la ópera: Bomarzo de Alberto Ginastera y Manuel Mujica Lainez, que venía de estrenarse en Washington. La censura se extendió al cine con la prohibición de Blow Up de Michelangelo Antonioni y de espectáculos teatrales en el Instituto Di Tella, entre otros.

Se prohibió la venta de libros marxistas y se clausuraron las revistas de humor: Tía Vicenta y la Hipotenusa.


El Cordobazo

El 29 de mayo de 1969 ocurrió en la ciudad industrial de Córdoba uno de los mayores levantamientos populares de masas de toda la historia argentina, denominado “el Cordobazo”.

El estallido tuvo como antecedentes otras grandes movilizaciones estudiantiles, en algunos casos acompañadas por obreros: en Corrientes, Tucumán y Rosario. Todas ellas reprimidas con gran violencia por la dictadura militar, en la que ya habían muerto dos estudiantes. Para el día 30 de mayo, los integrantes de la CGT combativa de Córdoba, encabezada por Agustín Tosco, habían convocado a un paro general en toda la nación. El gobierno militar estableció el toque de queda en Rosario y Córdoba. Los puntos de la convocatoria fueron: “repudio a los asesinatos de la dictadura y en homenaje a las víctimas. Aumento general de salarios del 40 %. Funcionamiento de las comisiones paritarias para renovar los convenios colectivos. Defensa de las fuentes de trabajo. Establecimiento de las libertades democráticas y sindicales”.

Ya desde el 28 de mayo, el clima de efervescencia había motivado un inmenso despliegue policial en toda la capital cordobesa. Pero el 29, por iniciativa de Tosco, secretario general del gremio de Luz y Fuerza, se resolvió un paro activo: los obreros dejaron sus puestos de trabajo y marcharon al centro de la ciudad. A los de Luz y Fuerza se unieron miles de trabajadores que provenían de grandes fábricas metalúrgicas como: Renault, FIAT, Perkins y otras. También, columnas numerosas de estudiantes universitarios. Estas columnas de obreros y estudiantes hicieron retroceder a los destacamentos policiales y tomaron el control del centro de la ciudad, de algunos barrios y de las principales radios y comisarías barriales. A las 17:00, el Ejército se hace cargo de la situación y reprime violentamente a los ciudadanos. Los tanques del Ejército, aviones y diversos batallones de Gendarmería se despliegan por la ciudad, disparando armas de fuego contra los manifestantes y contra techos y viviendas. En respuesta, y a pesar del toque de queda y del despliegue militar, la resistencia popular incendió el casino de suboficiales de la Aeronáutica y se atacaron comisarías y puestos policiales. Finalmente, durante la noche, el Ejército logra controlar la capital de Córdoba.

En las capitales de todas las provincias argentinas se habían efectuado también, manifestaciones y concentraciones. La sucesión de revueltas populares, obreras y estudiantiles son consideradas por algunos historiadores como la verdadera causa de la posterior caída del gobierno de Juan Carlos Onganía.


Últimos años de gobierno

En junio de 1969 renunció el gabinete en pleno. El nuevo ministro de Economía convocó a paritarias para descomprimir la presión laboral, pero las aguas siguieron revueltas. Conflictos gremiales, paros activos, y puebladas similares al Cordobazo se manifestaban en todo el país. También empezaban a surgir las guerrillas urbanas como las Fuerzas Armadas peronistas: FAP, ERP y Montoneros. En una reunión con los altos mandos castrenses, Onganía fue consultado por los plazos estimados para la concreción de su mandato y el general respondió: “es un proceso muy largo. No se puede reestructurar la sociedad en 10 ó 20 años”.

Muchos hicieron cuentas rápidas y pensaron en 1990, pero Onganía fue más lejos diciendo: “si es preciso se debe modificar la Constitución, se debía pensar en un período transcurrido entre la Revolución de Mayo y la sanción de la Constitución Argentina, lo que es equivalente a 43 años para 2013”.

El secuestro y ejecución del teniente general, Pedro Eugenio Aramburu, por parte de la guerrilla Montoneros, que tuvo lugar el 29 de mayo de 1970 terminó de debilitar su gobierno y el 8 de junio, los 3 comandantes depusieron al general.


Últimas apariciones políticas

Un mes después de que Lanusse reemplazara a su sucesor, Roberto Marcelo Levingston, Onganía plasmó en un documento su desacuerdo con tal general, al declarar: “desde sus propias filas no dejaron de combatir a la Revolución argentina. Lanusse tiene la pretensión de transformar a las Fuerzas Armadas en su brazo armado, en una aventura partidista, facciosa y personal. También le niego usar el término Revolución argentina, privativo de otros proyectos que sólo él encarna”.

El presidente de facto y la junta restaron importancia a sus dichos. El general decidió retirarse definitivamente a vivir en una estancia bonaerense. En 1989, el Partido Nacionalista Constitucional le propuso ser candidato, pero no llegó a un acuerdo. Para las elecciones de 1995 fue candidato a presidente por el Frente para la Coincidencia Patriótica. Antes de la elección, Onganía renunció a la fórmula por cuestiones de salud, aunque su nombre siguió apareciendo en la boleta.

Falleció a la edad de 81 años el 8 de junio de 1995, el mismo día en que se cumplían 25 años de su cese de funciones, como presidente de facto.



La “Revolución argentina” encabezada por el general Onganía fue un hecho inédito porque declaró que se quedaría el tiempo que considerara necesario