REALIDAD NOS LLEVA AL BORDE DEL DESASTRE

Combate de Puerto Argentino

No se la llevaron de arriba

La guerra de Malvinas estuvo plagada de errores, la inició una dictadura impopular que sospechaba más de su propio pueblo que del enemigo.
jueves 13 de junio de 2024

Con esta guerra, los militares tenían la intención de popularizarse y ocupar el lugar del peronismo como movimiento nacional.
No obstante el pueblo y nuestros soldados conscriptos, que eran parte de él, se pusieron al hombro el enfrentamiento, dando muestras de coraje en la vuelta de Obligado y en las invasiones inglesas.
El 14 de junio de 1982, sólo se firmó un armisticio. Recién en la década del noventa, Menem firmaría la rendición y, actualmente, este Gobierno les ha otorgado áreas de explotación petrolera en nuestro mar territorial, y está dispuesto a entregar nuestra soberanía sobre las islas.

La última batalla
Entre el 11 y 13 de junio ocurren las batallas de: monte Harriet, monte Longdon, Dos Hermanas, monte Tumbledown y Wireless Ridge, donde las tropas británicas se acercan a Puerto Argentino. Ya en la noche del 13 de junio, los británicos lanzan un ataque simultáneo al monte William, donde los argentinos reciben la orden de replegarse. Antes de la medianoche, el Equipo de Combate Conjunto “Bouchard” rechazó una incursión británica realizada en botes de goma.

A la medianoche del 14 de junio, la primera sección de la Compañía de Ingenieros Anfibios se replegó desde el noroeste del monte Tumbledown hacia el puesto de comando del Batallón de Infantería de Marina Nº 5. A las 3:00, en medio de una tormenta de nieve, el comandante del BIM Nº 5 con la primera sección de la Compañía de Ingenieros Anfibios y una sección de tiradores de la Compañía B del Regimiento de Infantería 6, decidieron contraatacar en el oeste del monte Tumbledown. Una hora más tarde el BIM Nº 5 intentó recuperar el control del monte.


Antes del amanecer del 14 de junio, unos 200 británicos sobrevivientes de la batalla de Wireless Ridge habían sido reunidos para formar una línea defensiva de último recurso frente a las piezas del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 en cercanías del arroyo Felton. Cerca de la iglesia de la capital malvinense, el mayor Carlos Eduardo del Valle Carrizo Salvadores —segundo al mando del Regimiento de Infantería 7—, con la ayuda del padre José Fernández, reunieron a unos 50 sobrevivientes del Regimiento 7 y varios soldados cantando la Marcha de las Malvinas, lanzando un contraataque cerca de los destruidos cuarteles de Moody Brook, pero fueron detenidos a último momento por intenso fuego de la artillería británica.

Los británicos fueron momentáneamente alarmados y miraban sorprendidos, con el mayor Philip Neame describiendo el contraataque argentino como “un gran esfuerzo para realmente admirar, pero en realidad sin ninguna verdadera chance”. Fue nuestro último contraataque.
Previo a ello, la Fuerza Aérea Argentina lanzó su última misión utilizando dos bombarderos BMK 62 Camberra y dos interceptores Mirage III EA, atacando por la noche varias posiciones británicas con buenos resultados, pero perdiendo un Canberra.


Desarrollo
A las 6:00, la 1ra sección, Batería B del Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601, abrió fuego con sus cañones Oerlikon GDF-002 de 35 mm contra las partes altas del cerro Wireless, para contener el avance de los paracaidistas británicos. El Grupo de Artillería Aerotransportado 4 realizó fuegos para cubrir el repliegue del Regimiento de Infantería 7 en Longdon y Wireless.

En esta hora se canceló el envío de camiones para mover las piezas OTO Melara Modelo 56 de los Grupos de Artillería 3 y 4, y a partir de entonces, la artillería de campaña argentina actuaría inmóvil. A las 6:20, el Grupo de Artillería 3 cubrió la retirada del BIM 5 desde Tumbledown.

La Batería B del Batallón de Artillería de Campaña Nº 1 atacó los gurkhas que avanzaban en el monte William, causándoles 13 heridos. Poco después, la Batería quedó inoperativa al ser abandonados los asentamientos artilleros. Durante los combates falleció un jefe de pieza, el dragoneante Mansilla, por fuego de contrabatería efectuado sobre la pieza número 3.

Para las 7:00, los británicos habían tomado el control de todo el monte Tumbledown y el Regimiento de Infantería 7 y el Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10 habían recibido las órdenes del Comando de Puerto Argentino de replegarse hacia la capital malvinense, mientras que el Regimiento de Infantería 3 recibió una orden de ocupar una posición de bloqueo al oeste de Puerto Argentino, siendo apoyado por el Regimiento de Infantería 6.

El segundo escuadrón intentó sin éxito un contraataque en Moody Brook. Previo a ello, un regimiento de escoceses habían atacado por la retaguardia a la cuarta sección de la Compañía Nácar que sufrió numerosas bajas: ocho infantes de marina y un grupo de soldados conscriptos del Regimiento de Infantería 4, al agotarse sus municiones, se rinden.


A las 8:00, tres helicópteros Westland Scout británicos, al mando del capitán Greenhalgh, dispararon diez misiles antitanque SS.11 contra la artillería argentina en Moody Brook, a petición del 2.º Batallón Paracaidista, que las tenía fuera del alcance de sus MILAN. Nueve misiles acertaron en su blanco desde 3.000 metros. Los helicópteros fueron repelidos con fuego de morteros.


A la misma hora, el GAA 4, teniendo a los británicos a 700 metros de su posición, retira todos sus hombres excepto el subteniente Suárez y 21 artilleros que se quedaron voluntariamente para utilizar la última pieza, la número 3 de la Batería C. Dispararon de forma directa contra los ingleses hasta que el cañón de 105 mm quedó inutilizado al atascarse un proyectil en su interior. Los artilleros se retiraron sin bajas. Al mismo tiempo el Grupo 3 efectuó disparos hacia puntos distanciados a sólo 100 metros de la Infantería propia (la distancia mínima son 600 metros con tropa propia cerca), po

r solicitud del capitán de navío Moreman, para apoyar el repliegue del BIM 5.
A las 8:30, los aviones FMA IA-58 Pucará A-515, A-522, A-533, A-536 y A-549 fueron preparados para una misión de ataque y posterior retirada hacia el continente. Se configuró a cada uno con dos tanques de combustible subalares de 318 litros y tres coheteras LAU-61 en el punto de anclaje central pero se canceló la misión.


El BIM 5 había recibido la orden de replegarse hacia cerro Zapador (en inglés, Sapper Hill) hacia las 9:00, al igual que la Compañía de Ingenieros Anfibios. El primer batallón ya había notificado al Comando de Puerto Argentino sobre el agotamiento de sus municiones y el capitán Carlos Robacio, comandante del BIM 5 había desobedecido otras dos órdenes de repliegue.

A las 9:15, se informó oficialmente que todos los montes circundantes de Puerto Argentino estaban bajo control británico. Se intentó construir una defensa con los Regimientos de Infantería 3 y 25, pero se admitió que los combates no durarían más de un día.


La Batería B del BIAC se constituyó en dos secciones de fusileros, al mando del teniente de corbeta González y del guardiamarina Mascolo al quedarse con dos piezas operativas y 150 proyectiles, pero sin posibilidad de uso táctico. Se dirigieron al cerro Zapador, donde combatieron junto al BIM 5 contra una sección heli-transportada del 40.º Comando.

En esa acción murieron tres infantes de marina argentinos y cuatro marines ingleses quedaron heridos.
Pasado el mediodía, el BIM 5 y la Compañía B recibieron las órdenes de replegarse a Puerto Argentino hacia las 14:30. Posteriormente, sucedió el avance británico hacia la ciudad, en la tarde del mismo día. Pese a ello el BIM 5 se reorganizó para continuar los combates.


En la última acción de la guerra, la tercera sección de la Compañía Mar del BIM 5, pese a recibir la orden de alto al fuego y repliegue, puso fuera de acción al menos dos helicópteros Sea King británicos que desembarcaban a una Compañía de Marines Reales al pie del cerro Zapador, hiriendo a varios Marines Reales según el corresponsal de guerra británico John Witheroe, pero perdiendo a los infantes de marina Roberto Leyes, Eleodoro Monzón y Sergio Ariel. El BIM 5 finalizó su repliegue a las 15:00, marchando a paso redoblado en las calles de Puerto Argentino con las tropas encolumnadas y en poder de sus armas.


Consecuencias
En la noche del 14 de junio, luego de parlamentar los conductores de las fuerzas oponentes, se firmó el cese al fuego y el retiro de las tropas argentinas, tras lo cual las fuerzas británicas retomaron el control de la capital malvinense. Pero cuando el comandante de las brigadas británicas, el general Jeremy Moore, mostró al comandante argentino los documentos de rendición, el general de brigada Mario Benjamín Menéndez tachó de inmediato la palabra “incondicional” y amenazó continuar combatiendo, permitiendo, con su acto, a Argentina seguir reclamando las Malvinas en la posguerra.


En la madrugada del 14 de junio, Moore había instado a Menéndez a rendirse “sin involucrar al Gobierno argentino” y que “la resistencia sólo podía aumentar las bajas”. Pese a ello, desde las islas, no se podía garantizar el accionar de la Fuerza Aérea Argentina. El jefe de la Fuerza Aérea Sur, brigadier Ernesto Crespo, rechazó la rendición y horas más tarde aceptó el cese al fuego.


Tras el cese al fuego, los soldados argentinos fueron tomados como prisioneros y retornaron al continente en los días posteriores.
La noticia del cese al fuego provocó manifestaciones en Buenos Aires, que fueron reprimidas por la Policía. En la mayor parte de la sociedad argentina la noticia fue tomada por sorpresa, ya que nuestros medios de comunicación hablaban del triunfo, causando indignación y malestares.


Bajas
La batalla por Puerto Argentino dejó a más de 200 soldados argentinos y británicos muertos. Además, tres mujeres malvinenses fallecieron cuando la fragata británica HMS Avenger (F185) cañoneó su casa por error. Fueron las únicas víctimas civiles del conflicto.


La Guerra de las Malvinas reveló que en entornos costeros, la guerra aeronaval no había variado gran cosa desde la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de buques hundidos se perdieron a manos de aviones realizando “pasadas” con bombas, cohetes y cañones. Esto condujo a la implementación de poderosos medios de defensa terminal antiaérea en los buques de las siguientes décadas.


El misil ya era un arma apreciada en 1982, pero a partir de ese momento adquirió una relevancia enorme tanto en sus variantes aéreas como de superficie. En particular, la letal eficacia demostrada por los Exocet argentinos (en lucha antibuque), como la demostrada por los Sidewinder británicos (en combate aéreo) influyó decisivamente en la mentalidad militar mundial. Todos los buques de guerra posteriores a 1982 llevan algún tipo de defensa antimisil, aunque ésta nunca se haya demostrado demasiado efectiva.


Se puso en evidencia que el concepto de “proyección de fuerza” era especialmente válido, pues pueden producirse conflictos imprevistos que no se libren en las inmediaciones del propio territorio o países aliados.
Quedó nítidamente demostrada la eficacia de los submarinos modernos a la hora de contener a una flota enemiga. La carencia de submarinos modernos por parte de Argentina y su disponibilidad por parte del Reino Unido fue decisiva para otorgar a este último el dominio del mar.


La vulnerabilidad de los buques británicos frente a los ataques aéreos, por parte de la aviación argentina, resultaron en una dura enseñanza no sólo para el Reino Unido, sino para casi todas las fuerzas navales del mundo, que vieron la necesidad de modernizar los radares y las defensas misilísticas de sus buques, con nuevas protecciones como el sistema de defensa en zona.


Se demostró que aviones de caza modernos subsónicos, pero con electrónica de punta (medidas, contramedidas electrónicas y misiles aire-aire) y pilotos bien preparados (Harrier británicos) eran superiores sobre aviones de caza supersónicos de alta velocidad, pero con una electrónica más antigua y misiles de primera generación Matra 530 y Magic I (Mirage argentinos).


El conflicto dejó a las Fuerzas Armadas argentinas completamente debilitadas tanto en sus equipos, como en el personal y en su moral. Perdió supremacía en la región y, con una desprestigiada cúpula militar, las inversiones y gastos militares fueron anulados hasta el presente, ya que los sucesivos gobiernos fijaron como política de Estado no tener hipótesis de conflictos y resolver todo por vía diplomática.


Quedó establecido que la superioridad de entrenamiento de los recursos humanos es decisiva para la victoria. Fue el principio del fin de los ejércitos de recluta obligatoria, un proceso de desaparición aún en curso, y el auge de los ejércitos profesionales de voluntarios altamente especializados. Dicho en otras palabras: se pudo comprobar que era mucho más efectivo contratar tropas profesionales como hizo Gran Bretaña, que mantener un ejército regular sobre la base de reclutas de un servicio militar obligatorio.


Uso de armamento nuclear
En 2003, el Reino Unido reconoció que su flota durante la Guerra de las Malvinas había contado con cargas de profundidad nucleares, si bien el ministro británico de Defensa confirmó que esos navíos no estuvieron próximos a la zona del conflicto. Independientemente, el entonces presidente argentino, Néstor Kirchner, exigió que el Reino Unido presentara disculpas a Argentina por “el lamentable y monstruoso acto” de desplegar armas nucleares en sus buques de guerra.


La publicación del libro “Rendez-vous: The Psychoanalysis of Francois Mitterrand”, de Ali Magoudi, psicoanalista de Mitterrand, que salió a la luz 10 años después de la muerte del mismo, causó revuelo. En el libro se afirma que Thatcher amenazó con el uso de armas nucleares a menos que Francia cediera al Reino Unido los códigos de los misiles Exocet. Estos misiles los compró Argentina a Francia y fueron utilizados con éxito en el conflicto. Las afirmaciones del libro de Magoudi nunca fueron confirmadas por fuentes oficiales británicas o francesas.


La información clasificada
En el año 2005, en el programa Informe Especial salió a luz el apoyo que Chile le prestó al Reino Unido. Uno de los miembros de la Junta Militar de Chile, el general Fernando Matthei, afirmó que Chile apoyó al Reino Unido. Aviones británicos con insignias chilenas sobrevolaban la Patagonia chilena y usaban bases chilenas como centros de operaciones. Además, un gran número de soldados chilenos se trasladaron a las fronteras, al sur de Chile, alarmando a la plana mayor de la fuerza argentina, obligándola a redireccionar tropas hacia la cordillera andina.

Según autoridades militares de Chile, se tomó la decisión de ayudar al Reino Unido pues aún mantenía su país una hipótesis de conflicto, con el vecino trasandino, a raíz de una disputa limítrofe en los territorios australes, diferendo que ya estaba bajo el auspicio de una mediación papal, que se encontraba en esos momentos en avanzadas negociaciones diplomáticas, en vistas a una solución negociada de la disputa. Ellos especulaban que una victoria argentina en Malvinas daría nuevos aires a los partidarios de una “solución bélica” también para el caso del Beagle, por el cual ambos países estuvieron a pocas horas de una guerra en 1978.


Perú, gobernado en esos años por Fernando Belaúnde Terry, fue uno de los pocos aliados de Argentina que la apoyó abiertamente durante el conflicto, no sólo diplomáticamente, también movilizó su flota naval a la frontera con Chile, con el propósito de neutralizar el movimiento militar chileno a la Patagonia. Las fuerzas armadas peruanas estaban listas para entrar en acción si Chile tomaba parte en el conflicto.


En el año 2009, el comandante de la Fuerza Aérea Argentina de entonces, brigadier Basilio Lami Dozo, reconoció que las intenciones de la plana mayor del Ejército argentino eran invadir Chile una vez acabada la invasión sobre las islas Malvinas/Falklands.

Lami Dozo aseguró que nunca dio el respaldo de la Fuerza Aérea a la posición belicista sostenida por un grupo de “halcones” en el Ejército y toda la Marina, y que su posición era solicitar la mediación papal. “Yo no tenía la certeza de ganar. Les dije a los del Ejército que (las fuerzas armadas chilenas) nos iban a dar una cachetada de entrada y llegarían a Río Gallegos (2.800 km al sur). Ahí, Argentina, que era mucho más potente, los volvería despaciosamente hasta la cordillera. Eso iba a costar mucho dinero y vidas”, declaró.

 

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