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Monstruos que se ríen

viernes 20 de septiembre de 2024

“¿Quiénes son estos hombres que abusan de mujeres inconscientes e inanimadas?”, se pregunta, y lo pregunta a toda la sociedad, un periodista que está analizando el caso, ocurrido en Francia, de una mujer que fue violada por 51 hombres estando ella en condiciones de “sumisión química”, o sea drogada al punto de perder la conciencia y no saber qué le están haciendo.

Una primera respuesta es simple y amplia, y además seguramente acertada por millones: son monstruos. Pero son monstruos que muchas veces, quizá casi siempre, aparentan una normalidad de la que solo sobresale, si no se los conoce más a fondo, algunas características machistas, delictual, algo que suele ser demasiado tolerado y peligrosamente banalizado.

El caso del empresario yerbatero Pedro Puerta, quien se difundió a él mismo en un video resaltando la facilidad que da un “yuyo” para hacer que una mujer pierda su conciencia y pueda ser “conquistada”, puso en evidencia que, en un contexto de supremacismo de género, hasta la exaltación de un hecho delictivo puede pasar como una cuestión de machismo, sin que se considere necesaria una acción judicial inmediata.

Félix Lemaître, el francés que estudia el mencionado caso de las 51 violaciones, se plantea el interrogante de si el abuso de sumisión química es “¿obra de monstruos o el resultado de un sistema patriarcal demasiado arraigado?”. No es público si Pedro Puerta, que propaló lo que se puede lograr con un yuyo (droga de violación se le debe llamar si puede ser usado como lo explicó este yerbatero) tuvo una formación patriarcal, pero la monstruosidad del caso está a la vista. Y hasta tanto no se aclare el caso Puerta, queda el interrogante de si realmente algunas mujeres fueron “conquistadas”, tanto por él como por otros en el mismo ámbito puertista, mediante el suministro de ese producto con el cual se puede violar sin que la víctima se dé cuenta.

En su video, el yerbatero -que también está ocupando una banca en la Legislatura provincial- da a entender claramente, muy claramente, que usó ese método. El panorama, entonces, está abierto para que la Justicia investigue, sin que sucedan “escapes de información” o “charlas” o directamente “connivencia” de los monstruos con funcionarios de la Justicia “tolerantes”, “cómplices” o “amigos”, como denunció la prensa en el Caso Kiczka recientemente.

Aunque en este tipo de casos las investigaciones suelen chocar también contra el desconocimiento por parte de las víctimas de las violaciones, o por la vergüenza de ellas para contar los ultrajes a los que fueron sometidas. Pero puede haber pistas para investigar. El informe de Félix Lemaître concuerda con lo que varias veces han descubierto policías, fiscales y jueces: se indica que “muchas veces las víctimas son drogadas por personas que conocen, un amigo, un cónyuge, un amigo de un amigo, etc., y que estas agresiones se producen en el hogar o en lugares familiares”.

Otro aspecto que no hay que dejar de lado en todo esto es el del silencio que protege a los abusadores. Los informes señalan que muchos hombres que se encuentran en el ámbito donde se produce, o donde se nota que se está comenzando con la trama de la sumisión química, no admiten participar en esa aberración, pero tampoco denuncian lo que están viendo o lo que vieron.

En la investigación que citamos sobre el caso de la mujer violada por 51 hombres mientras estaba drogada, se descubrió que además de esos violadores ahora procesados, muchos otros hombres fueron “invitados” a aprovecharse la mujer inanimada. De cada diez de ellos, solo tres se negaron; y ninguno de esos tres denunció lo que estaba pasando, ninguno alertó sobre ese espanto, ninguno defendió a la mujer violada reiteradamente luego de que se le hubiese suministrado una droga para quitarle la conciencia.

Irónicamente, si se puede hablar de ironía respecto a estos hechos criminales tan horribles, la contracara de esos silencios que protegen a los abusadores suele ser la jactancia de los autores de tales violaciones, quienes muchas veces y quizá queriendo humillar aún más a las mujeres, cuentan detalles de sus delitos riéndose a las carcajadas.

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