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CUANDO NO SE LEE NI ESCUCHA

miércoles 26 de marzo de 2025

Enorme responsabilidad tienen los gobernantes en sus funciones públicas pues de sus aciertos o errores, que lógicamente tienen efectos en el mundo de la realidad de lo gobernado, será su éxito su derrota, y eventualmente la alegría y felicidad de sus gobernados o el dolor y miseria.

En el desarrollo de las tareas o funciones, el escenario y su geografía suelen ser uno de los determinantes del éxito o la derrota en todos los campos de la aplicación concreta de las directivas del gobernante, que tiene que tener innúmeros de capacidades necesarias para realizar su trabajo. Recientemente, uno de los hombres que mejor conoce el escenario de la política mundial, Serguéi Lavrov, expuso su mirada en la materia en la cual se mueve como pez en el agua desde hace más de 21 años al comando de las relaciones exteriores de Rusia.

Rusia, un país con uno de los ejércitos mejor pertrechados y estructurados del Mundo, actualmente en guerra con la OTAN, a la cual la tiene arrinconada sin armas ni municiones ni adelantos tecnológicos, propio de la guerra actual, evaluó Lavrov la similitud de los sucesos en los cuales decurre el conflicto y dos guerras anteriores de Rusia con la Francia de Napoleón Bonaparte y la Alemania de Adolf Hitler, conjuntamente con el papel de Norteamérica conducida por el presidente Joe Biden.

Un Joe Biden al cual Lavrov le pone la responsabilidad de las angustias que transitan los dirigentes de Europa Occidental, por no haber escuchado y leído la realidad histórica de los puntos de vista que Rusia le expuso antes que Occidente impulse a Ucrania en su aventura de ganar territorio ruso para Occidente.

A la par de intentar fraccionarla aún más que tras la caída del Muro de Berlín en 1989, con el empobrecimiento y destrucción de su economía, infraestructura y el poder exultante que tenía y tiene una Rusia en materia de recursos bélicos, en los que se encuentra igual o aún superior que las capacidades de Norteamérica. En este escenario general con un sinnúmero de fronteras casi móviles de acuerdo a los escenarios de conflictos resultantes de los intereses en juego, se abrió a la prensa con sus puntos de vista el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, buceando en el pasado para darle peso y realce a sus criterios.

Señaló que en el momento actual después de 3 años de infructuosos impulsos bélicos para partir territorialmente a Rusia y reducir sus influencias geopolíticas, no solo la OTAN no pudo avanzar un solo metro sobre territorio ruso sino que Ucrania ha perdido más del 25 % de sus límites divisorios no por la conquista sino por la decisión a través del voto de las personas que habitaban esos terrenos, pero hablaban y hablan el idioma ruso, practican sus culturas ancestralmente, en definitiva son rusos hoy por su decisión, por estar integrados jurídicamente al Estado ruso además de estar contenidos todos ellos hoy por el ejército ruso, tornando en inflexible la situación.

Contra esta situación fáctica hoy Europa, encabezada por una Francia con el liderazgo bastante chamuscado de Emmanuel Macrón y de Alemania con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, “empieza a considerar seriamente cuestiones de remilitarización por fabulosos cientos de miles de millones de euros”. Para ello necesariamente no puede capitular Ucrania poniéndose en la postura contraria a ese objetivo, adoptando una abierta actitud de crisis entre lo que dispone Donald Trump, el actual presidente estadounidense, al líder Volodímir Zelenski, indicándole que debe capitular concretamente, “dejar de jugar a la Tercera Guerra nuclear sin tener las condiciones para ello, poniendo en riesgo la vida de millones de personas”.

Un mandato este que encuentra serios reparos objetivos por parte del Primer Ministro Británico, Keir Staimer, y Emmanuel Macron de manera abierta, contundente y pública. Ese ángulo es el que mayor similitud tiene con el pasado según Lavrov, que afirma: “El deseo de contener a Rusia, no solo de contenerla, sino de derrotarla, alguien incluso dijo que era necesario “humillar a [el presidente ruso Vladímir] Putin” , este deseo, como resulta [...] lo hemos vivido todo: tanto Napoleón como Hitler tenían los mismos objetivos, y tanto Napoleón como Hitler conquistaron toda Europa para alcanzarlos. Y, en este caso, [ahora los dirigentes de la UE] movilizaron a toda Europa”.

Con un inconveniente antes, al igual que ahora, que es la grave situación que transita la economía y la situación social que se derivó del encarecimiento del gas que provenía de Rusia sustituido por el de Norteamérica a un costo que puso en crisis a todo el sistema industrial ya con quiebras de industrias centenarias a raíz de los costos en los productos derivados del encarecimiento del gas un 20 por cientos más de forma impensada, antes del lanzamiento a la aventura.

Pues si bien a Joe Biden, el anterior presidente estadounidense, se lo acusa de haber malogrado el dinero de los contribuyentes, para nada regaló el gas y el petróleo de sus reservas que los puso a precio de oro a un conjunto de naciones que pensaban y siguen soñando con un gas barato proveniente de Rusia. Una Rusia que en escasos 7 meses construyó miles de kilómetros de gasoductos y oleoductos que la unieron con el territorio de China, fundando una economía conjuntamente con la India de una potencialidad simplemente enorme. Tanto que supera largamente a los activos del 60% del mundo entero.

En este escenario, Europa se encamina a realizar una maniobra desesperada cuyos resultados pueden ser catastróficos para el Planeta, como es desplazar hombres y pertrechos a Ucrania para sostener el reducido territorio que le va quedando a este País disfrazado de “fuerza de paz” por un Emmanuel Macron que le quita toda autoridad a Rusia descartando que tenga aptitud para oponerse. Una decisión que mereció el peor de los lenguajes en un diplomático profesional como Serguéi Lavrov: “Estos soñadores demuestran su absoluta ineptitud política cada día que pasa”.

Es que en definitiva los que definen las realidades son los políticos, con su menor o mayor condición de estadistas, la cual se construye con cualidades personales en las que abundan el método, la ausencia de vicios debilitantes de la voluntad, la capacidad de leer no solo textos; escuchar, ver, la realidad política y social, con cuyas ausencias sin dudas encaminan al fracaso los emprendimientos que impulsen esas mentes. Un punto crítico que transita la vieja, cansada y debilitada Europa que no lo percibe debido a lo que se advierte por esos mismos motivos.