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Irán ataca infraestructura clave para la IA en el Golfo y expone un nuevo frente de guerra tecnológica

Centros de datos en Emiratos Árabes Unidos y Baréin fueron alcanzados por drones durante la escalada con Estados Unidos e Israel, afectando servicios digitales y evidenciando la vulnerabilidad de la economía basada en inteligencia artificial.
viernes 13 de marzo de 2026

En el marco de la ofensiva militar iniciada a fines de febrero entre Irán, Estados Unidos e Israel, una serie de ataques con drones contra centros de datos en el Golfo Pérsico encendió alarmas sobre un nuevo tipo de objetivo estratégico: la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial y la economía digital.

Durante la madrugada del 1 de marzo, un dron impactó contra un centro de datos de Amazon en Emiratos Árabes Unidos, según confirmó la propia compañía. Poco después, otra instalación del mismo gigante tecnológico sufrió daños y, más tarde, un tercer complejo ubicado en Baréin también fue alcanzado.

Las consecuencias se reflejaron de inmediato en distintos servicios. Clientes del Abu Dhabi Commercial Bank registraron dificultades para acceder a sus cuentas online, usuarios de la aplicación de movilidad Careem no pudieron solicitar viajes ni entregas, y el portal económico Enterprise experimentó interrupciones en su funcionamiento.

Aunque en un primer momento el episodio fue interpretado como daño colateral dentro del conflicto regional, analistas advierten que se trata de un cambio profundo en la lógica bélica. Los centros de datos son enormes instalaciones diseñadas para almacenar, procesar y distribuir grandes volúmenes de información, base indispensable para la computación en la nube y los sistemas de inteligencia artificial.

Su paralización puede afectar simultáneamente a bancos, transporte, comercio electrónico, medios de comunicación y servicios públicos, lo que los convierte en infraestructuras críticas.

El ataque también pone en foco la transformación económica del Golfo. Países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar están invirtiendo miles de millones de dólares para posicionarse como centros globales de inteligencia artificial, aprovechando su ubicación estratégica entre Asia, Europa y África, la abundancia energética y el respaldo financiero de sus fondos soberanos.

En Emiratos, esta estrategia está liderada por el conglomerado tecnológico G42, mientras que Arabia Saudí impulsa el proyecto Humain con apoyo de su Fondo de Inversión Pública. Ambas iniciativas cuentan con la participación de grandes empresas tecnológicas estadounidenses que desarrollan infraestructuras de gran escala en la región.

La cooperación entre Washington y los países del Golfo también se ha intensificado en torno a este sector, con acuerdos firmados en 2025 centrados en energía y tecnología, además del pacto internacional Pax Silica orientado a la seguridad económica del ecosistema global de la inteligencia artificial.

En este contexto, especialistas consideran que los blancos elegidos no fueron aleatorios. Mohammed Soliman, investigador sénior del Middle East Institute, señaló que “los centros de datos son la columna vertebral de la estrategia económica pospetrolera del Golfo”.

El experto explicó que ataques relativamente económicos pueden provocar efectos sistémicos sobre múltiples sectores dependientes de la nube, además de enviar una señal estratégica sobre la vulnerabilidad de la infraestructura digital.

Si bien estimó que el impacto a largo plazo podría ser limitado debido a que los proyectos tecnológicos de la región se planifican con horizontes de inversión de décadas, el episodio confirma que la inteligencia artificial ya forma parte del tablero militar global.

Durante décadas, los conflictos en Oriente Medio se centraron en el control del petróleo, las refinerías y las rutas energéticas. Ahora, junto a esos objetivos tradicionales, comienzan a emerger nuevos blancos estratégicos: centros de datos, redes de fibra óptica y granjas de computación que sostienen la economía digital del siglo XXI.

El ataque del 1 de marzo, advierten analistas, podría ser una señal temprana de cómo se desarrollarán muchos de los conflictos futuros, donde la supremacía tecnológica y el control de la información serán tan decisivos como los recursos energéticos.