Informe de la UCA: uno de cada cuatro trabajadores no come durante su jornada laboral

Privación o salteo de comidas por restricción económica
Privación o salteo de comidas por restricción económica

La alimentación durante la jornada laboral en Argentina dejó de ser una práctica garantizada para convertirse en un reflejo directo de la desigualdad social y económica.

Así lo evidencia el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), que muestra que casi uno de cada cuatro trabajadores no come durante su jornada laboral, mientras que un abrumador 83,5% reduce la cantidad o calidad de alimentos por motivos económicos.

Lejos de tratarse de una excepción, el fenómeno se consolida como un rasgo estructural del mercado laboral. El estudio, basado en una encuesta nacional a 1.171 asalariados, advierte que los hábitos alimentarios están profundamente condicionados por variables como el nivel de ingresos, el tamaño de la empresa y el sector de actividad.

En ese contexto, la comida durante el trabajo no solo depende de la voluntad individual, sino de las condiciones materiales disponibles: infraestructura, tiempo, ingresos y organización laboral. Así, la posibilidad de alimentarse adecuadamente se vuelve desigual y segmentada.

Entre ingresos y condiciones laborales
Los datos muestran que, si bien el 77,4% de los trabajadores declara comer durante su jornada, el 22,6% no lo hace, lo que implica que millones de personas quedan excluidas de una práctica básica para el bienestar.

Esta situación se agrava entre los trabajadores de menores ingresos, en empresas pequeñas y en sectores con menor calificación, donde la vulnerabilidad alimentaria es más intensa. La restricción económica aparece como el factor más determinante: más de la mitad de los trabajadores admite haber salteado comidas o haber optado por alimentos menos nutritivos por falta de dinero.

Solo un 16,5% está exento de estas privaciones, lo que confirma que la calidad alimentaria está fuertemente atravesada por el poder adquisitivo. A su vez, el entorno laboral profundiza estas diferencias.

La presencia de comedores, heladeras o microondas, así como los aportes del empleador, se asocian con mejores hábitos alimentarios y menor privación. En cambio, la ausencia de estas condiciones obliga a muchos trabajadores a comer en sus puestos o incluso a no comer.