Monseñor Martínez llamó a construir una sociedad más justa y sin divisiones: “La justicia, para que haya justicia, tiene que ser necesariamente social”

Mons. Juan Martínez
Mons. Juan Martínez
viernes 11 de septiembre de 2026

El Obispo de la Diócesis de Posadas, Monseñor Juan Rubén Martínez, abordó con profunda preocupación la desigualdad, el endeudamiento de las familias y la pérdida del sentido comunitario en el país.

En este sentido, llamó a vivir en una fe verdaderamente centrada en Jesucristo, “el otro no puede estar ausente. Si los otros, y sobre todo los más pobres, estuviesen ausentes, no estaríamos siendo fieles a Jesucristo”.

En este contexto, el Obispo, se refirió a las divisiones y desigualdades por las que atraviesan la sociedad actual “estamos viviendo en un mundo y en una Argentina donde la peor grieta, más que la política, es la grieta entre ricos y pobres, esa es la grieta”.

En cuanto a la realidad social del país, Monseñor Martínez puso el foco en la necesidad de construir una sociedad más justa, solidaria y equitativa, e instó a dejar de lado las divisiones, los prejuicios y las etiquetas que muchas veces profundizan las diferencias entre las personas,  “la justicia, para que haya justicia, tiene que ser necesariamente social”.

A su vez, destacó la importancia del bien común, ya que “no es una abstracción teórica, sino la forma social de la dignidad humana”, sostuvo, subrayando que el bienestar colectivo debe traducirse en condiciones concretas que permitan a cada persona vivir con dignidad”.

Martínez, también manifestó su preocupación respecto de la situación actual de la Argentina, en un contexto marcado por enfrentamientos y divisiones, “las grietas, cuando se profundizan, hacen más difícil construir puentes para disminuirlas. Hoy, el camino que vamos siguiendo en la Argentina es el de grietas más profundas”,  y llamó a reflexionar sobre las consecuencias que tienen las divisiones sociales y políticas cuando dejan de existir espacios de diálogo y encuentro.

Finalmente, el Obispo puso en el centro de su mensaje la dignidad inherente a toda persona, independientemente de su condición, origen o situación social. “Por ser persona, sea quien sea, tiene una infinita dignidad humana porque es imagen y semejanza de Dios, siempre tendremos que ver caminos para reivindicar esa dignidad y no partir de dañarla. En el fondo, es reivindicar al otro, ayudar al otro y no eliminar al otro”, concluyó