Baja el consumo en los almacenes de barrio: crecen las compras pequeñas y las segundas marcas ganan terreno

La caída del consumo continúa afectando a los almacenes de barrio, donde los comerciantes observan un cambio en los hábitos de compra de las familias argentinas.

Los clientes llevan menos productos, priorizan los alimentos indispensables y reemplazan las primeras marcas por opciones más económicas para intentar llegar a fin de mes.

El vicepresidente de la Federación de Almaceneros, Fernando Savore, explicó que la desaceleración de la inflación no se tradujo necesariamente en una recuperación sostenida de las ventas.

Según señaló, una parte importante de los salarios se destina al pago de servicios, transporte, salud y otras obligaciones, lo que reduce el dinero disponible para el consumo cotidiano.  

“La gente compra lo justo y necesario”, afirmó el dirigente, al describir un escenario en el que los consumidores administran cada compra y comparan precios antes de elegir los productos.

A esa situación se suman los aumentos que todavía registran algunos alimentos. Savore indicó que los lácteos tuvieron una suba del 4% durante el último mes, un incremento que se trasladó a los valores que encuentran los clientes en las góndolas.

“La leche hoy hay que venderla por arriba de los $2.000 el litro”, señaló el referente del sector, quien advirtió que las familias deben afrontar estos precios con presupuestos cada vez más ajustados.

Los gastos fijos absorben el 40% de los ingresos y condicionan el consumo
Uno de los principales problemas que identificó Savore es la proporción de los ingresos que los hogares deben destinar a obligaciones mensuales antes de realizar sus compras habituales.

“Todos hablan de un 40%”, sostuvo el dirigente al referirse al peso que tienen los gastos fijos sobre el presupuesto familiar. Dentro de ese porcentaje se encuentran los pagos de servicios, transporte, cobertura médica y otras obligaciones que los consumidores no pueden postergar. Como consecuencia, el dinero disponible para alimentos, vestimenta y otras necesidades resulta más limitado.

“Solo el 60 queda para vivir”, resumió Savore, al explicar cómo se distribuyen los ingresos de numerosos hogares. Esta situación se refleja en los comercios de cercanía, donde los clientes reducen las cantidades que compran y concentran sus gastos en artículos indispensables.

Temas de esta nota