Al celebrar el Te Deum en La Plata, Monseñor Carrara reclamó por la dignidad de los pobres
En el tradicional Te Deum del 9 de julio, celebrado en La Plata, Monseñor Gustavo Carrara hizo un llamado a la dirigencia política a trabajar contra la desigualdad, la pobreza y por la recuperación de la dignidad de los excluidos, haciendo suyas palabras del papa Francisco en la encíclica “Fratelli Tutti”.
“Veintinueve diputados, dieciocho laicos y once sacerdotes, firmaron la declaración de independencia respecto de España y de toda dominación extranjera. La declaración se tradujo al aymara y quechua, porque la población era mayoritariamente aborigen y mestiza”, abrió su intervención Carrara.
“La identidad era el ser americano, no existían las nacionalidades. El pueblo argentino nace en el espacio fraterno de la solidaridad latinoamericana, que no puede ser borrado de la memoria histórica. Así nace la convicción de formar parte de la Patria Grande”, contextualizó.
Luego, hizo referencia a la parábola del buen sanmaritano, anteriormente leída de las sagradas escrituras, que a su vez es retomada por el Papa Francisco en su encíclica “Fratelli Tutti”: “hay que empezar abrazando y recibiendo a los más frágiles de nuestro pueblo”.
“La procura de la amistad social no es sólo el acercamiento entre grupos sociales antes distanciados por un período conflictivo de la historia sino también la búsqueda de un reencuentro con las más empobrecidos y vulnerables.
La paz no es sólo ausencia de guerra sino el compromiso incansable de aquellos que ocupamos cargos de más alta responsabilidad de reconocer y garantizar la dignidad olvidada o ignorada de hermanos nuestros”, citó Carrara las palabras del primer papa jesuita.
“Es necesario plantearnos preguntas: ¿sostenemos una escucha atenta de los últimos de la fila? ¿Tomamos conciencia que es verdaderamente dramático luchar por lo mínimo vital escapando de la muerte? ¿Asumimos en nuestros espacios políticos y sociales que los pobres tienen la dignidad suficiente para participar de nuestras discusiones y llevar el pan a sus mesas?
¿Pensamos por ellos o con ellos caminos de desarrollo humano integral?”, continuó. También se refirió a “la inaceptable desproporción entre las riquezas acumuladas en manos de unos pocos y los pobres del mundo”. “Los que viven en condiciones extremas claman porque se escuche su voz y a menudo no encuentran quién escuche sus súplicas.
Este desequilibrio genera situaciones de injusticia persistente que conducen a la violencia y, tarde o temprano, a la tragedia de la guerra”, advirtió el arzobispo. “La política sana, en cambio, al promover la distribución equitativa, puede ofrecer un servicio eficaz a la armonía y la paz, tanto en el ámbito nacional como internacional. Es evidente entonces la necesidad del diálogo entre política y economía, al servicio del bien de la comunidad”, afirmó.