Descubrieron en Australia la abeja Lucifer, una nueva especie con “cuernos de diablo”
Una nueva especie de abeja, perteneciente a la familia de las abejas cortadoras de hojas, ha sido descubierta recientemente en Goldfields, en Australia Occidental. Se llama Megachile lucifer y es una especie muy poco común, ya que sólo la hembra tiene un pequeño saliente en forma de cuerno en la cabeza.
“La descubrimos mientras estudiábamos plantas raras en Goldfields. La abeja visitaba flores silvestres en peligro de extinción y un árbol Mallee cercano (un eucalipto que cuelga a poca altura)”, explica Kit Prendergast, investigador visitante de la Universidad de Curtin y especialista en ciencias moleculares de la vida. “Acababa de ver la serie de Netflix LUCIFER, así que el nombre me pareció apropiado”. Megachile Lucifer se descubrió accidentalmente durante un estudio de la flor silvestre Marianthus aquilonaris, en peligro de extinción, que solo crece en los alrededores de las montañas Braemar, entre Norseman y Hyden. Nunca se había llevado a cabo un estudio sistemático de los insectos de la zona y no se sabía nada de los insectos que visitan la rara planta. El descubrimiento de la nueva especie sugiere que aún puede haber muchas criaturas desconocidas al acecho en una zona en peligro por el desarrollo minero.
Cuernos que recuerdan a demonios
La hembra de Megachile Lucifer mide unos 9.8 mm de largo y su rasgo más distintivo es un par de salientes triangulares a cada lado de la cabeza. Estos cuernos miden unos 0.9 mm de largo y se proyectan hacia fuera y hacia arriba desde un órgano de la cara llamado ‘clípeo’. Estas estructuras en forma de cuerno son únicas y no se encuentran en otras abejas de la familia Hachiribidae. Por otra parte, el macho mide unos 8.9 mm de largo, ligeramente más pequeño que la hembra porque carece de cuernos. Además, los terminalia abdominales del macho tienen una coloración anaranjada, que difiere de la de la hembra, pero el código de barras del ADN confirmó que ambas son de la misma especie. Prendergast y su equipo llegaron a la conclusión de que la abeja era una nueva especie, ya que no coincidía con ninguna conocida en la base de datos de ADN y no había ejemplares correspondientes en las colecciones de los museos.