En plena Navidad, arqueólogos anunciaron el hallazgo de la imagen más antigua de Jesús en una tumba cristiana de hace 1.800 años
En plena víspera navideña, mientras millones celebran en España y en todo el mundo el nacimiento de Jesús, una noticia proveniente de Turquía ha sacudido el ámbito arqueológico e histórico con un hallazgo que podría reescribir lo que sabemos sobre los orígenes del cristianismo visual en Asia Menor. En la ciudad de İznik, antigua Nicea, los arqueólogos han sacado a la luz una tumba del siglo III decorada con un fresco extraordinariamente conservado que muestra a un joven Jesús como el “Buen Pastor”, un símbolo cargado de significado teológico y artístico en los primeros siglos de la fe cristiana. El descubrimiento se produce en un momento particularmente simbólico: justo cuando se celebra la Navidad y se recuerda la figura de Jesús como guía espiritual. Pero lo más impactante no es solo la fecha, sino el contexto y la iconografía. Este fresco no solo es la primera representación de Jesús hallada en una tumba cristiana de Anatolia, sino que lo muestra con un aspecto totalmente alejado del que conocemos: sin barba, vestido con una túnica romana y cargando una cabra sobre los hombros.
Un fresco escondido bajo tierra desde hace 1.800 años
La tumba, localizada en la necrópolis de Hisardere, a las afueras de la ciudadela antigua de İznik, se remonta al Siglo III, cuando el cristianismo aún era una religión perseguida en el Imperio romano. Excavada durante la última campaña arqueológica del año 2025, esta cámara subterránea ha permanecido sellada durante casi dos milenios. Las condiciones de conservación son tan excepcionales que los muros y el techo aún conservan vivos sus pigmentos y detalles. Tres de las paredes siguen en pie: la norte, la este y la oeste. La escena del Buen Pastor ocupa un lugar central en la pared norte, justo detrás de una kline, el lecho funerario romano donde se depositaban los cuerpos. Allí, Jesús aparece representado como un joven imberbe con rasgos serenos, rodeado de cabras que pastan en calma, en una escena que parece una fusión entre arte funerario romano y simbolismo cristiano incipiente.