1 de mayo
San José Obrero
Celebramos la fiesta de San José Obrero. Es un día festivo para descansar del trabajo cotidiano, y se celebra la Fiesta del Trabajo. Los empleados y sus sindicatos suelen aprovechar este día para hacer sus reivindicaciones en defensa de sus derechos.
La Iglesia pone el ejemplo de San José, el carpintero de Nazaret, quien fue un modelo de trabajo para sostener a su familia y desarrollar su oficio. Esta es la forma normal de vivir en este mundo, ganándose el pan de cada día con el sudor de nuestro trabajo.
Los derechos humanos sostienen que toda persona tiene derecho a un trabajo digno y bien remunerado. Así, quien cumple con sus deberes debe obtener el salario que le corresponde. San Ambrosio dijo que “es un homicidio negar a un hombre el salario que necesita para vivir”.
Hoy, la Iglesia reza por el mundo del trabajo, para que todo trabajador pueda cumplir sus deberes y vivir con dignidad. Se cristianizó una fiesta que había sido hasta el momento, la ocasión anual del trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su descontento y hasta sus anhelos.
Fácilmente, en las grandes ciudades, se realizaba un paro general y con no menos frecuencia, se podían observar las consecuencias sociales que llevan consigo la envidia, el odio y las bajas pasiones repetidamente exhortadas por los agitadores de turno. En Occidente, se aprovechaba también ese momento para lanzar reiteradas calumnias contra la Iglesia, que era presentada como fuerza aliada con el capitalismo y consecuentemente como el enemigo de los trabajadores.
Fue después de la época de la Revolución Industrial cuando se sustantiva la fiesta del trabajo. Las grandes masas obreras habían salido perjudicadas con el cambio y aparecen extensos grupos de proletarios. También, hay otros elementos que ayudan a echar “leña al fuego” del odio: la propaganda socialista-comunista de la lucha de clases.
Era entonces una fiesta basada en la discordia entre clases con el ingrediente del odio a la religión. Calumnia dicha por los que, en su injusticia, quizá tengan vergüenza de que en otro tiempo fuera la Iglesia la que se ocupó de prestar asistencia a sus antepasados en la cama del hospital en que murieron; o quizá lanzaron esas afirmaciones aquellos que un tanto frágiles de memoria olvidaron que los cuidados de la enseñanza primera los recibieron de unas monjas que no les cobraban a sus padres ni la comida que recibían por caridad; o, posiblemente, repetían lo que oían a otros sin enterarse de que son la Iglesia y aquellos que, sin esperar ningún tipo de aplauso humano, dedican sus vidas ayudando en todos los campos que pueden a los que aún son más desafortunados en el ancho mundo, como Calcuta, en India, territorios africanos padeciendo la pandemia del SIDA, o tierras americanas cuyos pobladores viven en la miseria; allí, estuvieron y están, dando del amor que disfrutan, ayudando con lo que tienen y con lo que otros les dan, consolando lo que pueden y siendo testigos del que enseñó que el amor al hombre era la única regla a observar.
El 1 de mayo de 1955, el papa Pío XII, instituyó la Fiesta de San José Obrero. Una celebración distinta que debe conmemorarse desde el punto de partida del amor a Dios y de ahí, pasar a la vigilancia por la responsabilidad de todos y de cada uno al amplísimo y complejo mundo de la relación con el prójimo basada en el amor: desde el trabajador al empresario y del trabajo al capital, pasando por poner de relieve y bien manifiesta la dignidad del trabajo don de Dios y del empleado imagen de Dios, los derechos a una vivienda digna, a formar una familia, al salario justo para alimentarla y a la asistencia social para atenderla, al ocio y a practicar la religión que su conciencia le dicte.
Además, se recuerda la responsabilidad de los sindicatos para el logro de mejoras sociales de los distintos grupos, habida cuenta de las exigencias del bien de toda la colectividad y se aviva también la responsabilidad política del gobernante. Todo esto incluye la doctrina social de la Iglesia porque se toca al hombre al que ella debe anunciar el Evangelio y llevarle la Salvación; dar doctrina, enseñar donde está la Justicia y señalar los límites de la moral; recordar la prioridad del hombre sobre el trabajo, el derecho a un puesto, animar a la revisión de comportamientos abusivos y atentatorios contra la dignidad humana... es su cometido para el bien de toda la humanidad; y son principios aplicables al campo y a la industria, al comercio y a la universidad, a la labor manual y a la alta investigación científica; es decir, a todo el variadísimo campo donde se desarrolle la actividad humana.
Nada más natural que fuera el titular de la nueva fiesta cristiana José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús, el trabajador que no lo tuvo nada fácil, a pesar de la nobilísima misión recibida de Dios; fue uno más del pueblo, el trabajador nato que entendió de carencias, supo de estrecheces en su familia y las llevó con dignidad. Sufrió emigración forzada, conoció el cansancio del cuerpo por su esfuerzo, sacó adelante su responsabilidad familiar; es decir, vivió como vive cualquier trabajador y, probablemente, tuvo dificultades laborales mayores que muchos de ellos; se le conoce en su tiempo como José “el artesano” y a Jesús se le da el nombre descriptivo de “el hijo del artesano”.
Y, por si fuera poco, los designios de Dios cubrían todo su compromiso. Su fiesta sugiere honra a Dios, descanso y regocijo. Pues, ánimo. Honremos a Dios santificando el trabajo diario con el que nos ganamos el pan, descansemos hoy de la labor y disfrutemos la alegría que conlleva compartir lo nuestro con los demás.