PIANCHO

Endeudamientos desenfrenados

viernes 31 de enero de 2025

El año financiero comenzó para la Argentina con la toma de un nuevo préstamo por parte del Estado. Apenas se apagaron los fuegos de artificios con que algunos recibieron este 2025, el Banco Central de la República anunció formalmente la firma de un acuerdo con cinco bancos internacionales “de primera línea” para acceder a mil millones de dólares.

Al informarlo, la entidad habló de “operación de pase pasivo”, de títulos tal o cual, de “monto licitado”, y de otros tecnicismos; en tanto que las autoridades políticas (el presidente de la Nación y su ministro de Economía) hablaron de un logro “para fortalecer las reservas”; de algo, dijeron, que permitirá avanzar hacia el levantamiento del cepo cambiario, de una demostración de las buenas relaciones de la banca internacional con nuestro país y otras frases muy alejadas de la realidad. Pasó este primer mes del año y la mitad o más de aquel préstamo anunciado el 3 de enero ya desaparecieron.

Según algunos medios que citan fuentes oficiales y datos dados a conocer por el mismo Banco Central, en dos semanas de este enero el gobierno de Milei gastó más de seiscientos millones de dólares para sostener el precio de la divisa norteamericana en el mercado local.

También se informó que cuando el Banco Central anunció dicho acuerdo por un préstamo de mil millones de dólares, las reservas alcanzaban los treinta y tres mil millones de dólares, y días después otro informe indicaba que las reservas habían caído a treinta mil millones de dólares, tres mil millones menos; o sea que el uso apresurado y poco justificable de aquellos seiscientos y pico de millones provenientes del préstamo logrado a principios de año tuvieron en  su desaparición la compañía de otros cuantos dólares: más de dos mil millones.

Claro que hay que tener en cuenta que con relación a reservas del Banco Central todos los números son parte de un pantanal de incertidumbres y de figuras contables que solo, y más o menos, se pueden interpretar con códigos que pocos conocen bien; cuánta plata real hay en poder del Central, cuánta que debería haber no hay, cuánta es real y cuánta se refiere a papeles de valores relativos y cambiantes, todo eso solo Mandrake y algunos pocos colegas suyos lo pueden saber con cierta certeza (aclaremos, para los más jóvenes, que Mandrake el Mago fue un personaje de historietas populares de hace algunas décadas y que más de un argentino hubiese querido tener como ministro de Economía).

En estos nuevos endeudamientos, no hay nada que sorprenda a quienes vienen siguiendo las andanzas del financista Luis Caputo, alias “Toto”. Durante el año pasado, este ministro de Economía, súper elogiado por el presidente Milei, aumentó la deuda pública del Estado argentino en casi cien mil millones de dólares, monto que resulta, entre otros “logros” mileinistas, de nuevas tomas de deudas y del extraño rubro caracterizado como “ajustes de valuación” (un tema también para Mandrake).

Con estos continuos nuevos endeudamientos, el actual Gobierno nacional dice que “se facilita el anclaje de las expectativas económicas”. Un ancla, pesadísima y de dudosa efectividad positiva, que pesa sobre la cabeza de todos los argentinos y que en buena parte se pagará, ya se viene pagando así, con más empobrecimiento de los más pobres, con menos posibilidades de supervivencia de los jubilados, con más desarticulación de las pequeñas empresas; y con más miedo en la población.

Y el pago final de estos reiterados endeudamientos muy posiblemente se haga con una nueva hondada inflacionaria que tarde o temprano podría llegar. Y tampoco todo el actual conjunto panorámico de tragedias económicas y financieras debe sorprender. Este Caputo, que ahora maneja las cuentas del presente Gobierno nacional, manejó también las finanzas estatales durante la gestión del presidente Mauricio Macri, y entre ambos dejaron al país con una gran crisis económica, con una tremenda deuda externa y una estremecedora deuda social.

Durante los años 2016 y 2018, en los que fue primero secretario de Finanzas, luego ministro de Finanzas y después presidente del Banco Central, en el gobierno macrista, Caputo logró, según análisis de varios expertos, aumentar la deuda pública argentina en 96 mil millones de dólares (algunos, con fundamentos al parecer, dicen que mucho más). Ahora, como ministro de Milei, viene más rápido: en solo el primer año de gestión de Milei hizo aumentar la deuda pública en una cifra mayor (y algunos, igualmente al parecer con fundamentos, aseguran que mucho más). Y sigue en carrera.

Cuando tomaba deudas durante el gobierno de Macri, Caputo tranquilizaba diciendo que “hay una conciencia total en el mundo de que Argentina está yendo por el camino correcto; y si hay eventualmente algún tropezón todos están para ayudar”. Y bien recordamos todos que “tropezón” hubo, y qué tropezón; pero los líderes de las finanzas mundiales no estaban para ayudar, o por lo menos no ayudaron al país, ni a los argentinos (si ayudaron personalmente a Macri y a Caputo, no se sabe muy bien).

En tanto, ese tan mentado “camino correcto” que también el gobierno de Milei y su reciclado Caputo declaman a cada rato, sigue siendo un gran pretexto para continuar endeudando a los argentinos. Cien mil millones de dólares más de deuda, solo el año pasado.