PIANCHO

Aumentos extremos, de precios y de sufrimientos

martes 25 de marzo de 2025

Algunos productos experimentaron en estos días “aumentos extremos”, afirma una consultora especializada en relevamientos de precios. Y varios de los aumentos registrados en lo que va de este mes de marzo, según esa misma consultora y muchas otras, fueron en los productos “más sensibles para los consumidores”.
O sea que la inflación actual en la Argentina es realmente brutal, por sus números, que son graves, pero sobre todo por sus consecuencias directas e inmediatas en el malestar y en la salud de la gente.

El informe que una consultora distribuyó hace unos días, basándose en mediciones de distintas agencias privadas, señala que en la segunda semana de este mes de marzo en curso “el precio de los alimentos pega el mayor salto semanal en un año (2,4%)”, Grave aumento, y más grave porque detrás de esa cifra hay otros números mucho más elevados que se refieren a varios productos específicos de primera necesidad.

Pero, en un gobierno como el de Javier Milei a los hechos malos casi siempre se le suman agravantes, datos que empeoran la realidad; y es así que otro informe, más reciente, indica que en la tercera semana de este mes, semana que recién concluyó y que dio por terminado al verano abriendo paso al otoño que ya empezamos a transitar, los precios de los alimentos experimentaron un aumento de otros 2,4% “en comparación con la semana anterior”.

Nótese bien esto: “en comparación de la semana anterior”, o sea un aumento del 2,4% en relación a los precios ya aumentados de también un 2,4% en la semana inmediatamente anterior. Este último dato lo difundió la sección argentina de la internacional “Consultora LCG”, que agrega en su informe que “la suba de los precios se concentró principalmente en algunos de los sectores más sensibles para los consumidores”. Y se indica además que “algunos productos están experimentando aumentos extremos”.

Podrá haber divergencias respecto a cada número específico, pero se trata de informes técnicos que traducen (más o menos) a términos financieros una realidad que la gente vive duramente en sus propias espaldas, porque: ¿cuántas “consultoras” hay en la Argentina, especializadas en monitorear y registrar los sucesivos índices de inflación? Son algo así como bastante más de cuarenta millones.

Aparte del Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (INDEC), que da los números oficiales de inflación en cada mes, hay varias decenas de entidades particulares, o que pertenecen a universidades, bancos, fundaciones; además de las distintas agencias provinciales dedicadas a detectar los aumentos de precios en específicas zonas geográficas. Todas ellas tienen sus respectivos políticas, o normas de difusión de los datos que registran. Muchas veces, esos datos se mantienen en reserva, por distintos motivos que en general la opinión pública suele adivinar fácilmente.

Pero además de esas agencias, el panorama de las más de cuarenta millones de “consultoras” especializadas en ir registrando los aumentos de precios se completa con los habitantes de este país que, a diario o casi a diario, realizan compras en mercados, farmacias, tiendas, kioscos y todo punto de ventas; y que periódicamente pagan servicios y facturas de todo tipo y color. Esos argentinos no solo registran los aumentos si no que, en su gran mayoría, sufren por los aumentos, y a veces lo sufren hasta la muerte, como algunos jubilados que no pueden pagar los aumentos de precios en remedios que para ellos, si los consiguen, significan la vida y si no los consiguen, como parece querer y determinar el gobierno del presidente Milei, significa la muerte.

Desenlace fatal que también acecha a quienes no pueden alimentarse al menos mínimamente dentro de los parámetros nutricionales básicos; y en esto los más afectados son los niños y los ancianos, los que para algunos gobernantes y financistas son “material de descarte”, como advirtió reiteradamente y con gran dolor el Papa Francisco. Y en la Argentina de Milei (él cree místicamente que es suya y todos sufrimos las consecuencias de esa delirante creencia) conviene reiterar y volver a reiterar la advertencia del Papa.