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La “baja” de la pobreza que festeja Milei, bajo sospecha: la UCA advierte que la mejora se debe a efectos estadísticos y no a un alivio real

Refutan los datos del INDEC
Refutan los datos del INDEC
viernes 05 de diciembre de 2025

El Gobierno de Javier Milei salió a reivindicar los nuevos datos de pobreza publicados por el INDEC como la prueba irrefutable de que el “plan motosierra” empieza a dar resultados. Sin embargo, el entusiasmo oficial chocó rápidamente con las advertencias de la UCA, que desarmó la épica de la recuperación y señaló que gran parte de la caída reportada no se explica por una mejora social real, sino por cambios técnicos en la medición. Según el INDEC, la pobreza cayó al 31,6% y la indigencia al 6,9% durante el primer semestre de 2025, una reducción drástica respecto del 52,9% y 18,1% de un año atrás. Pero para el Observatorio de la Deuda Social, esa lectura es exagerada. “La pobreza también se habría reducido, pero ‘solo’ en 2,1 puntos porcentuales”, indicó la UCA, que atribuyó tres cuartas partes de la caída oficial a un efecto estadístico producto del cambio en la captación de ingresos de la Encuesta Permanente de Hogares.


Efectos estadísticos y no a un alivio real
El análisis del ODSA-UCA es contundente: la EPH empezó a registrar ingresos más altos no porque la sociedad haya mejorado de manera significativa, sino por razones metodológicas -como cambios en el cuestionario, mejoras en el registro y el impacto de una inflación más baja- que alteran la serie histórica. Esa modificación profundizó la brecha respecto a años previos y generó una imagen distorsionada del alivio social. “Es plausible que por razones técnico-metodológicas la EPH haya mejorado sustantivamente su registro del nivel de ingresos de los hogares”, sostuvo la UCA. Pero advirtió que esa mejora en la captación no implica que los hogares hayan dejado de tener problemas económicos, sino que los ingresos se reportan de forma más precisa. Y los datos lo confirman: la EPH captura hoy ingresos 16% más altos de lo que hubiera registrado con la metodología vigente hasta 2018 y casi 17% más que en 2023. La consecuencia es inmediata: la pobreza cae en los papeles, pero no en los bolsillos. El informe también apunta contra otro problema grave que el Gobierno se niega a corregir: la Canasta Básica Total sigue calculándose con una estructura de gastos de 2004/2005, a pesar de que existen datos actualizados a 2017/2018. En una economía donde el peso de los servicios se disparó, seguir usando una canasta vieja implica subestimar sistemáticamente la pobreza. Según Agustín Salvia, director del ODSA, si se utilizara una canasta actualizada, el valor de la CBT saltaría de $1.276.649 a $1.942.000, lo que elevaría de inmediato la cantidad de hogares pobres y modificaría por completo la serie histórica. Con esa estructura, la pobreza habría caído más lentamente después de la devaluación de 2023, y los últimos datos mostrarían un estancamiento mucho más pronunciado. Otro dato que desmiente al Gobierno es que, descontando los programas sociales, la pobreza llegaría al 42% y la indigencia al 14%. Es decir, lejos del “fin de la asistencia”, el esquema de transferencias públicas sigue siendo el único amortiguador que evita una catástrofe social. Y eso, paradójicamente, ocurre en un gobierno que se jacta de haber “eliminado el Estado”. La UCA tampoco es optimista hacia adelante. Para Salvia, la etapa de transición que abrió Milei -con el desmantelamiento del modelo industrial instaurado a mediados del siglo XX- anticipa la desaparición de sectores completos, un aumento del desempleo y la imposibilidad de perforar el piso estructural de pobreza del 30%. Mientras el Gobierno celebra estadísticas que la propia academia relativiza, la foto social de la Argentina continúa marcada por salarios que no se recuperan, servicios que suben muy por encima de los ingresos y una estructura productiva que se achica.