Ébola sin vacuna ni tratamiento: el brote más mortal del Congo ya se extendió a ocho provincias

La epidemia causada por el virus Bundibugyo sigue avanzando en la República Democrática del Congo, pese a los esfuerzos sanitarios para contenerla. La desconfianza de la población, la violencia y las dificultades para llegar a zonas aisladas complican la respuesta.

El brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo continúa extendiéndose y ya alcanzó ocho provincias, según un reporte de RT basado en información de autoridades sanitarias y de la agencia AP. La epidemia está causada por el virus Bundibugyo, una variante para la que no hay vacunas ni tratamientos específicos aprobados.

El avance más reciente se registró en la provincia de Nord-Ubangi, en el norte del país, donde las autoridades confirmaron dos casos, uno de ellos mortal. Según el Ministerio de Salud, las personas afectadas eran dos hombres de unos 20 años.

La situación preocupa a las autoridades sanitarias porque, aunque algunos focos muestran una disminución de casos, la enfermedad continúa llegando a nuevas zonas. “Vemos focos de ébola que en general están disminuyendo, pero lamentablemente se está extendiendo geográficamente”, advirtió Mohamed Yakub Janabi, director regional para África de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en declaraciones citadas por AP.

Un virus sin vacuna ni tratamiento específico

Ante la falta de una vacuna y de un tratamiento aprobado contra esta variante, la respuesta sanitaria depende de la detección temprana de los casos, el aislamiento de los pacientes, el seguimiento de sus contactos y la colaboración de las comunidades.

Los síntomas iniciales pueden incluir fiebre, cansancio, dolores musculares, dolor de cabeza y de garganta. En algunos casos, la enfermedad puede avanzar y provocar trastornos gastrointestinales, fallos orgánicos y manifestaciones hemorrágicas. El período de incubación puede variar entre dos y 21 días.

Las dificultades para frenar la epidemia

Uno de los principales obstáculos es la desconfianza de parte de la población hacia el sistema sanitario. Según Janabi, convencer a las personas infectadas de que busquen atención médica ha resultado difícil, mientras que algunas muertes ocurren dentro de las comunidades, fuera de los centros de salud.

A esto se suman los desplazamientos de población, la violencia armada, las carreteras en mal estado y las dificultades de comunicación en zonas aisladas. La circulación constante de personas en áreas mineras también complica el seguimiento de los contagios.