MEDIDORES INTELIGENTES: ROBO O ERROR DAÑOSO

Una mujer sobrevivió a un intento de femicidio en Tucumán: su expareja sigue prófugo

Valeria del Valle Lazo, de 46 años, fue atacada a golpes y con un machete por su exnovio el 22 de octubre. El hombre fue imputado, pero permanece prófugo y continúa amenazándola. Por miedo a un nuevo ataque, ella y sus dos hijos viven encerrados.

Valeria del Valle Lazo tiene 46 años y aseguró que sigue con vida de milagro. El 22 de octubre, su expareja la atacó en su propia casa, en la zona de El Colmenar, Tucumán. La golpeó, la arrastró por distintos sectores de la vivienda y la hirió con un machete. Desde entonces, el acusado permanece prófugo y, según denunció la mujer, continúa enviándole amenazas.

La víctima contó que la relación había terminado formalmente en abril, luego de un primer episodio de violencia. Sin embargo, el hostigamiento continuó y el hombre insistía en presentarse en su domicilio, pese a que ella intentaba cortar todo contacto.

El día del ataque, el acusado llegó a la vivienda y, después de que Valeria rechazara sus acercamientos, comenzó a agredirla. La golpeó con los puños y un termo, la tiró sobre una cama y la arrastró por la casa. Luego tomó un machete y la amenazó de muerte.

Para evitar que la hoja alcanzara su abdomen, Valeria sujetó el machete con las manos. Esa reacción le provocó cortes y heridas que requirieron suturas. También sufrió lesiones en el rostro y la cabeza, y actualmente presenta problemas neurológicos.

La causa fue caratulada como homicidio en grado de tentativa en contexto de violencia de género, mientras el acusado continúa prófugo. Según relató la víctima, el hombre sigue enviándole mensajes con amenazas contra ella y sus hijos: “Vos me demandás y yo mato a tus dos hijos y te termino a vos. Termino lo que empecé”, contó que le escribió.

Por temor a que regrese, Valeria permanece encerrada en su casa junto a sus hijos, de 13 y 9 años. Los chicos dejaron de asistir a la escuela y reciben las tareas en su domicilio. Ella también tuvo que cerrar su pequeña regalería, de la que obtenía el sustento familiar.

“Mientras el prófugo anda libre, yo tengo que estar adentro, mis hijos tienen que vivir adentro”, expresó. Y resumió el miedo que atraviesa desde el ataque: “Hoy estoy con vida, no sé mañana”.