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El estado de guerra ya es un hecho

jueves 30 de mayo de 2024

Los próximos años serán muy peligrosos para los habitantes de las islas británicas; así lo afirmó el primer ministro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Rishi Sunak, quien pidió a los habitantes que preparen equipos de supervivencia tales como reservas de agua, botiquines de primeros auxilios, comida envasada no perecedera, linternas, equipos de comunicación, baterías y abrigos. El jefe de Gobierno británico también recomendó que desde cada casa se tenga previsto un recorrido de huida rápida en busca de zonas más aptas para la supervivencia. Sunak advirtió que “los próximos años serán algunos de los más peligrosos que el país haya conocido”; y afirmó que se está ante el inminente peligro de catástrofes climáticas que producirán casi seguramente inundaciones, olas de calor y sequías, entre otras imparables desgracias.

Se trata, en práctica, de un estado de preguerra ante un enemigo que podrá ser mucho más poderoso que cualquier ejército o alianza de ejércitos. No es, todos lo saben, un peligro inminente que acecha sólo a las islas británicas, sino que acecha a todo el mundo; pero lo notable ahora es que el Gobierno de una nación con tanta experiencia en guerras y batallas, defensivas u ofensivas (más estas últimas, como lo sabemos los argentinos) ya comience a poner en práctica una estrategia bélica ante este enemigo; ya no declamaciones sobre el peligro o sobre la necesidad de “hacer algo” (un “algo” que nunca se define muy bien y un “hacer” que nunca se hace). Este enemigo no es otra nación, no es una poderosa fuerza armada, pero sí es una fuerza con tremendo poder de devastación, convocada por intereses económicos que manejan o influyen sobre grandes potencias gubernamentales.

Más precisamente, son fuerzas convocadas por la inacción de potencias económicas, por el desprecio a las advertencias que mostraron y siguen mostrando los gobernantes de supuestamente poderosas naciones. El enemigo, ante el cual Gran Bretaña inició su estrategia de guerra defensiva, fue claramente definido por el primer ministro británico: “Condiciones climáticas adversas u otros peligros naturales, inundaciones, cortes de energía o una nueva pandemia”, dijo Sunak.

Con eso basta para entender quién es el enemigo y con qué “armas” atacará; pero podría agregarse, como se está viendo en estos días y ya se vio muchas veces últimamente, los deslizamientos de tierras, las fisuras en la superficie terrestre, las sequías, calores extremos, fríos extremos, etcétera. Todo esto es sabido, desde hace rato. La novedad es que ya se dice sin vueltas: “Estamos en guerra”, porque eso es lo que dijo, con otras palabras, el gobernante británico. Otros jefes de gobiernos lo dicen, sí, pero sin anunciar clara y concretamente medidas de guerra como lo hizo el súper millonario empresario que gobierna “sólo” sobre cuatro países de las islas británicas y sobre partes del sur marítimo argentino, quien usó palabras casi idénticas a las que pronunció hace más de ochenta años el entonces primer ministro de ese Reino Unido, Winston Churchill, cuando instó a la población, sobre todo la de Londres, a preparar escondites, vías de huida, reservas de alimentos y de remedios, y otras defensas.

Aunque hay una diferencia entre aquellas recomendaciones de Churchill y las de ahora de Sunak: el primero pidió que la población se prepare para sobrevivir a ataques feroces dando una esperanza de triunfo final ante el enemigo alemán (y hubo triunfo), en tanto que el actual Sunak pide que la población tome medidas de sobrevivencia pero sin dar mayores esperanzas de triunfo ante el cambio climático que ya está tomando vastos territorios, con resonantes y trágicos “triunfos”. Y cabe preguntar: ¿Qué actitud defensiva tomará el actual Gobierno argentino ante este enemigo global? ¿Estará el actual presidente de la parte de los argentinos o estará de la parte del enemigo? Por ahora, lo que viene haciendo este mandatario es negar la existencia del peligro y quitar recursos para medidas de protección, lo cual equivale a darle vía libre al enemigo con el agravante de no darle ninguna posibilidad de defensa a los habitantes de nuestro país.

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