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Vaca Muerta y el “efecto Venezuela”: del shock de precios a la amenaza de perder la zona de paz

miércoles 07 de enero de 2026

La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de parte de Estados Unidos, no solo reconfiguró el tablero geopolítico regional en el arranque de 2026; también agitó las aguas para el futuro de Vaca Muerta, que espera un año de transición hacia la exportación masiva, ahora, con un escenario más exigente. Para la industria energética local, el desenlace en Caracas es un arma de doble filo.

Ofrece una ventana de liquidez inmediata si el crudo mantiene una alta volatilidad, pero amenaza con desmantelar el principal argumento de venta del GNL argentino: la estabilidad de una región sin conflictos. A corto plazo, la incertidumbre geopolítica y el retiro momentáneo de los barriles venezolanos podrían sostener o elevar el precio del Brent.

Para las petroleras es una variable clave en el escenario de un break even financiero que ya roza los USD 60 por barril, en un contexto de fuerte endeudamiento para obras de infraestructura y ante la necesidad de un precio internacional alto para repagar los USD 2.000 millones en Obligaciones Negociables (ON) que el sector colocó pos elecciones.

La luz amarilla se enciende en el mediano plazo. Si la estrategia de seguridad nacional de Donald Trump cumple su objetivo de inundar el mercado con crudo pesado venezolano para bajar los precios, la competitividad de los proyectos argentinos entraría en zona de riesgo justo cuando el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) esté listo para despachar, a fines del 2026.

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