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Crisis y deuda: la cantidad de familias con mora alcanza su nivel más alto en 20 años

Informe de la Consultora 1816
Informe de la Consultora 1816
domingo 15 de marzo de 2026

La morosidad en los préstamos a hogares volvió a subir en enero y alcanzó el nivel más alto en más de 20 años. Según un informe de la Consultora 1816, el deterioro en la capacidad de pago de las familias se profundizó en medio de la crisis que aprieta con salarios presionados por la inflación y un creciente peso de la deuda en los ingresos.

El estudio señala que la irregularidad en los préstamos del sistema financiero a familias creció por decimoquinto mes consecutivo, lo que refleja una tendencia sostenida de deterioro en la situación financiera de los hogares.

De acuerdo con los cálculos basados en datos de la Central de Deudores del sistema financiero, el porcentaje de créditos a familias en situación irregular —con atrasos de al menos 90 días— subió del 9,3% en diciembre al 10,6% en enero.

Este aumento de 1,3 puntos porcentuales marca el nivel más elevado de morosidad en más de dos décadas, con registros que no se observaban desde los primeros años posteriores al fin de la convertibilidad.

El informe remarca que el fenómeno es generalizado: las 25 entidades financieras más grandes del país registraron un incremento en la mora de los créditos a familias durante enero, lo que sugiere que el problema responde a factores macroeconómicos más que a decisiones individuales de los bancos.

El deterioro no se limita a los bancos. Los préstamos otorgados por entidades no financieras presentan niveles de mora aún más elevados. Según el análisis, la irregularidad en esos créditos supera el 27%, lo que refleja una mayor fragilidad en los segmentos donde suelen concentrarse préstamos con tasas más altas o condiciones más flexibles.

La pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el peso creciente de la deuda y el alto costo del financiamiento generan dificultades para cumplir con los pagos. Además, muchos créditos personales tienen tasas fijas y plazos promedio de alrededor de 2,5 años, lo que implica que los hogares deben afrontar cuotas que fueron definidas en contextos de inflación y tasas muy diferentes.

En ese escenario, incluso cuando la inflación desacelera, las familias pueden enfrentar mayores dificultades para sostener el pago de sus compromisos financieros.

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