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La tragedia de Nepal encendió una alerta: qué riesgo existe en los Andes

El desborde repentino de un lago glaciar puede liberar millones de metros cúbicos de agua, barro y rocas en pocos minutos. Argentina y Chile ya registraron antecedentes y los especialistas advierten sobre la importancia de monitorear las zonas de montaña.
viernes 28 de agosto de 2026

La tragedia ocurrida el 26 de agosto en la frontera entre Nepal y China dejó cientos de muertos y más de 1.400 personas desaparecidas. El episodio se produjo tras un movimiento de grandes masas de hielo, rocas y tierra que bloqueó un río y provocó una violenta crecida de agua, barro y escombros que arrasó sectores poblados.

Este tipo de inundación puede recibir el nombre de GLOF, sigla en inglés de “inundación por desborde de lago glaciar”. Se produce cuando un lago formado por el deshielo de un glaciar queda retenido por hielo, rocas o tierra y, por distintas causas, libera de manera repentina una enorme cantidad de agua.

Aunque estos fenómenos son especialmente frecuentes en regiones como el Himalaya, el riesgo también existe en la Cordillera de los Andes. Argentina y Chile tienen numerosos glaciares y lagos de montaña, donde los cambios en el hielo, las lluvias intensas, los desprendimientos y los movimientos del terreno pueden generar grandes desbordes.

Argentina ya tuvo un antecedente de gran magnitud. En 2005, la Laguna de los Erizos, en San Juan, liberó más de 32 millones de metros cúbicos de agua en apenas 67 minutos. El aluvión recorrió más de 250 kilómetros, afectó cultivos y caminos y dejó poblaciones aisladas, aunque no provocó víctimas fatales.

También existen antecedentes en el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz. Investigaciones de especialistas de la Universidad de Buenos Aires documentaron antiguos desbordes de lagos glaciares. Además, en 2013, un derrumbe en el Canal Upsala, en el lago Argentino, provocó una gran ola que dañó instalaciones y arrancó árboles en la costa de bahía Onelli.

Uno de los sectores que requiere especial atención es El Chaltén. Allí, los especialistas estudian el riesgo de que un gran desprendimiento de material en las laderas pueda empujar el agua de la Laguna Torre y generar una inundación hacia el río Fitz Roy. La zona es monitoreada por organismos como el SEGEMAR y por investigadores de la UBA.

En Chile también existe preocupación por el crecimiento de algunos lagos glaciares y el retroceso de los hielos. Sismos, avalanchas, lluvias intensas y desprendimientos pueden provocar desbordes repentinos, por lo que los especialistas consideran fundamental mantener un monitoreo permanente de las zonas más expuestas.

La tragedia de Nepal volvió a mostrar que estos fenómenos pueden desarrollarse con enorme rapidez y liberar una cantidad de agua capaz de provocar graves daños. Para reducir el riesgo, los especialistas consideran clave conocer las zonas vulnerables, vigilar los glaciares y contar con sistemas de alerta que permitan advertir a las poblaciones con anticipación.