Europa bajo alerta por una ola de ciberataques: crecen las sospechas sobre Rusia

Falsas amenazas de bomba, vuelos desviados, sabotajes informáticos y ataques a infraestructuras críticas afectaron a por lo menos 14 países europeos. Los servicios de inteligencia investigan una posible campaña coordinada de guerra híbrida, mientras Moscú niega cualquier participación.

Una serie de ciberataques y amenazas falsas encendió las alarmas en Europa durante las últimas semanas. Aeropuertos, bancos, supermercados, centros de almacenamiento de sangre y medios de comunicación fueron blanco de distintos incidentes que provocaron evacuaciones, pérdidas económicas y alteraciones en los servicios.

El episodio más reciente se registró durante esta semana, cuando decenas de vuelos debieron modificar sus rutas o realizar aterrizajes preventivos tras recibir falsas amenazas de bomba. Según el balance difundido por autoridades europeas, alrededor de 40 vuelos fueron afectados y al menos 14 países registraron incidentes. Ninguna de las amenazas terminó con el hallazgo de explosivos.

Entre los casos más llamativos estuvo el de un avión de Aer Lingus que viajaba desde Dublín hacia Roma con 151 pasajeros y seis tripulantes. La aeronave fue escoltada por cazas franceses Rafale y Mirage 2000-5 hasta una base aérea en Normandía.

Pero las amenazas no se limitaron al transporte aéreo. También se registraron ataques informáticos contra sistemas de refrigeración de supermercados en Francia y otros países, donde grandes cantidades de alimentos terminaron en riesgo de perderse.

En Francia, además, fueron manipuladas a distancia las cámaras frigoríficas de tres centros de la Agencia Francesa de la Sangre. Los sistemas debían conservar los productos a temperaturas de hasta -30 grados, pero fueron programados para alcanzar niveles extremos. Las alarmas permitieron intervenir a tiempo y las autoridades aseguraron que ninguna muestra sanguínea resultó afectada.

Otro episodio tuvo como blanco al banco francés Crédit Mutuel Arkéa, que reconoció haber sufrido operaciones fraudulentas por más de 100 millones de euros. La investigación apunta a una posible vulnerabilidad en los sistemas de un proveedor externo.

La ofensiva también alcanzó a medios de comunicación. En Irlanda, la televisión pública RTÉ, la radio Newstalk y el diario Irish Independent debieron evacuar sus instalaciones tras recibir amenazas de bomba. Situaciones similares afectaron a cadenas de televisión de Bulgaria, Reino Unido y Francia.

Las sospechas apuntan a Rusia

Los servicios de inteligencia europeos investigan si los distintos episodios forman parte de una campaña coordinada de guerra híbrida, una estrategia que combina ciberataques, sabotajes, desinformación y amenazas para generar inestabilidad sin llegar a un enfrentamiento militar directo.

Dos grupos de hackers prorrusos, NoName057(16) y Z-Pentest, se atribuyeron algunos de los ataques contra sistemas de refrigeración. Sin embargo, hasta el momento no existe una confirmación oficial que vincule al Kremlin con el conjunto de los incidentes.

El gobierno de Irlanda consideró probable que se trate de una campaña coordinada de perturbación. En tanto, autoridades de Italia y otros países europeos advirtieron sobre la posibilidad de que exista una estrategia destinada a afectar infraestructuras civiles y poner a prueba la capacidad de respuesta de los organismos de seguridad.

Rusia rechazó las acusaciones. El vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó de «absolutamente absurdas» las sospechas contra Moscú y sostuvo que no existen pruebas que respalden esas versiones.

Una estrategia para generar miedo y desestabilización

Entre las hipótesis analizadas por los especialistas aparece la posibilidad de una operación destinada a medir los tiempos de reacción de las defensas aéreas de la OTAN, sobrecargar los servicios de emergencia y aumentar la percepción de inseguridad entre la población.

También se considera que estas acciones podrían buscar debilitar el respaldo europeo a Ucrania, generar divisiones políticas y aumentar los costos de seguridad para los gobiernos.

El impacto económico ya es significativo: según Eurocontrol, desviar un vuelo de media distancia puede costar entre 55.000 y 75.000 euros, sin contar los recursos destinados a inspecciones, equipos antiexplosivos y despliegues militares.

Mientras las investigaciones continúan, los organismos de inteligencia mantienen la alerta y preparan reuniones para coordinar una respuesta común. La principal incógnita sigue siendo quién está detrás de esta sucesión de ataques y si Europa enfrenta una operación organizada para desestabilizar sus instituciones e infraestructuras.